El contractualismo como base de la teoría de la justicia de Rawls
El contractualismo como base de la teoría de la justicia de Rawls
Rawls formula su Teoría de la Justicia en un contexto histórico donde se ha establecido de forma hegemónica que cualquier teoría política debe orientarse según el método empírico-analítico de las ciencias naturales. De cara a rehabilitar el estatus de teoría a las teorías políticas normativas, Rawls modificará el foco de atención de las mismas, centrándose en la forma y el modo en que se han tratado las cuestiones normativas, buscando un método aceptado como científico y que permita tratar las cuestiones normativas. La normatividad debe referirse a la metodología de análisis de cualquier cuestión, sin enfrentarla al método científico de las ciencias naturales.
Junto a esta preocupación por la metodología, también buscará si existen pautas de justicia que tengan validez universal y puedan emplearse para corregir la realidad de una sociedad que claramente no es justa ni social, ni económica ni políticamente.
Para sustentar su teoría de la justicia comienza por preguntarse si cabe la posibilidad de establecer unos principios fundamentales de justicia que tengan validez universal. Establece que hasta entonces la filosofía política solo ha buscado una idea de justicia limitada a un contexto temporal o espacial específico. Si queremos encontrar unas pautas de justicia de validez universal deberemos partir de una posición original, una abstracción previa a cualquier contrato, hipotética y que no es necesario que se dé realmente, donde podremos encontrar estas pautas universales gracias a imaginar la liberación de cualquier condición social dada de hecho. Es este un momento contractualista desde el que poder elaborar nuevas pautas válidas y libres de cualquier tipo de prejuicio. Ya en la base de la propia teoría de Rawls encontramos una construcción que le enmarca dentro del contractualismo, si bien aquí el contrato no se referirá tanto a un pacto de conformación de una sociedad o un estado, sino a un método que facilitará tomar decisiones justas partiendo de la imparcialidad de los actores.
Para lograr esto mismo, Rawls imagina al hombre en la posición original. De cara a conseguir criterios universalistas de justicia utiliza un método que denomina velo de la ignorancia. Gracias a esta ficción, imaginamos “que nadie sabe cuál es su lugar en la sociedad, su posición, clase o status social; nadie conoce tampoco cuál es su suerte con respecto a la distribución de ventajas y capacidades naturales, su inteligencia, su fortaleza, etc.(…) los propios miembros del grupo no conocen sus concepciones acerca del bien, ni sus tendencias psicológicas especiales”[1]. El método que utiliza sitúa a los hombres en la posición original y tras este velo de la ignorancia: solo así tendrán la suficiente imparcialidad para encontrar los principios de justicia que posteriormente deben ser válidos para la sociedad en la que vivan. Solo si esos actores desconocen su estatus, sus capacidades o disposiciones psicológicas, serán capaces de encontrar esas pautas de justicia universal que no privilegien persona o grupo y puedan ser suscritas por todos, ya que si hubieran realizado el mismo ejercicio deberían haber llegado a las mismas conclusiones. Llegarán todos a las mismas conclusiones, ya que se proporcionará a todo el que esté tras el velo de la ignorancia suficiente conocimiento de cómo funciona la sociedad para que encuentren esas pautas.

Más complicado será decidir cómo se establecerán las reglas que decidan las pautas universales de justicia. Para ello utiliza dos métodos científicos, el individualismo metodológico y la teoría de la decisión racional. Los individuos tras el velo son maximizadores individuales y racionales de beneficios. Pero frente al estado de naturaleza de Hobbes, donde el deseo de poseer los beneficios de los demás llevaba al enfrentamiento continuo, establece la falta de envidia de estos actores. Y tampoco serán altruistas, como ocurre en el estado natural de libertad de Rousseau. Por último se basa en el imperativo kantiano, pues todos los hombres tras el velo poseen un “sentido de la justicia”, reflejo de un universalismo moral. Aun así, Rawls se pone en el peor de los escenarios, los individuos solo se interesan por su propio beneficio.
Estos actores tras el velo evitarán el riesgo y actuarán siempre según la regla de maximizar su beneficio. A esto denominará estrategia del maximin, consistente en la maximización del beneficio mínimo, que conseguirá que todos los actores lleguen a la misma conclusión sobre las pautas de justicia.
Otra gran innovación respecto al contractualismo anterior es que Rawls busca fundamentar unas pautas de justicia abstracta y universal, no la legitimación del poder o la instauración de una sociedad o un estado mediante un contrato hipotético como es el caso de Hobbes, Locke, Rousseau o Kant.
Rawls busca soluciones, el contrato solo es un procedimiento de deliberación imparcial donde todos al final tomarían en cuenta las necesidades de los demás, dentro de un contexto donde todos se reconocen como seres libre e iguales. Así su contractualismo se convierte en una teoría de la democracia, basada en el consenso y en términos de cooperación social, más allá del egoísmo utilitarista.
Será precisamente la consecución de ese consenso y esa cooperación la que logrará establecer unas reglas justas para dirigir la sociedad. El contrato de Rawls no es un pacto constitutivo, sino una situación inicial desde la cual y mediante un método científico se pueda alcanzar un acuerdo original sobre los principios de la justicia y la propia sociedad, y desde allí construir una sociedad donde impere la justicia imparcial, todos puedan tener las mismas libertades individuales y a la vez disfrutar de una distribución idéntica del ingreso, tratando de compensar las desigualdades naturales
[1] Rawls, John- (1979): Teoría de la Justicia. Mexico

