Política

La cultura política – Almond / Verba e Inglehart

La cultura política - Almond / Verba e Inglehart

En este artículo confrontaré dos textos sobre cultura política: “Cultura política. Comportamiento político y electoral”. En el primero de ellos, de 1963, G. A. Almond y S. Verba analizan “La cultura política”, en el segundo texto R. Inglehart retoma el concepto en 1990 bajo el epígrafe “El renacimiento de la cultura política: cultura, democracia estable y desarrollo económico”. Para resaltar las diferencias entre ambos me centraré en aquellos pasajes del texto de Inglehart que revisionan el anterior, así como en las novedades que presenta.


Almond y Verba basan su análisis en la búsqueda de las condiciones preexistentes para la aparición y consolidación de un sistema democrático. Establecen que puede haber tres formas de investigación de esas condiciones. La primera sería el análisis histórico basado en impresiones y deducciones, con un análisis también sociológico y de introspecciones psicológicas, una segunda sería derivar criterios desde una teoría de cómo debería ser un ciudadano democrático y la tercera estaría relacionada con los estudios de las condiciones económicas y sociales asociadas a dichos sistemas democráticos. Para ellos la cultura política consiste en “la particular distribución entre los miembros de una nación de las pautas de orientación hacia los objetos políticos”. Así, priman en su análisis esa primera forma de investigación, pues creen que deben separar las relaciones entre actitudes (políticas y no políticas) de los diferentes modelos de desarrollo. La cultura política aparece aquí como orientaciones hacia el sistema político y actitudes dentro del mismo, diferenciada de otras culturas como la económica o la religiosa, y determina por si misma el desarrollo o la gradación de los posteriores sistemas democráticos o incluso su supervivencia. Buscan una explicación cuasi-totalizadora: en los cinco casos prácticos que presentan no hay hueco para explicaciones económicas, religiosas o de cualquier otro tipo. La cultura política con un marcado origen antropológico y psicológico determina un sistema fijado y cerrado en el tiempo.

Inglehart también busca determinar las condiciones preexistentes para la aparición y consolidación de los sistemas democráticos, pero aquí la cultura política solo será un complemento a esos modelos de desarrollo o factores económicos, sin obviar otros como los religiosos. Su tesis de partida es que frente a una confianza general en una explicación economicista de los factores determinantes de los sistemas democráticos, hay otros factores culturales-políticos que pueden tener importancia en la viabilidad de dichos sistemas. Y no solo eso, sino que esos mismos modelos culturales pueden influir en los mismos factores económicos y viceversa. La cultura política es una variable a tener en cuenta que explicaría como el desarrollo económico apoya el surgimiento de la democracia.

Inglehart establece su objetivo en retomar los factores culturales dentro del análisis social, en un contexto donde los modelos de acción racional basados en variables económicas han sido hegemónicos durante las últimas décadas. Su tesis es que estos modelos de análisis son incompletos precisamente debido a esta omisión, al no centrarse en las conexiones que la cultura tiene tanto para la política como para la economía. Para ello desarrollará un estudio empírico de 22 países, en una serie temporal de hasta 14 años en alguno de ellos, donde concluirá que las diferencias sociales culturales son “relativamente estables, pero no inmutables, y que pueden tener importantes consecuencias, siendo una de ellas el que están íntimamente relacionadas con la viabilidad de las instituciones democráticas”.  La cultura política se configura así como un “complemento esencial al  enfoque de la elección racional y que a veces ambas se centran en aspectos distintos del mismo fenómeno

Recoge las críticas desarrolladas por otros autores al texto de Almond y Verba. Por un lado centrándose en sus problemas empíricos, pues aunque se tratase de un estudio de cinco países buscando los cambios en su cultura política, se circunscribía a un periodo temporal determinado, por lo que sus resultados eran estáticos y afirmaban una superioridad permanente de la cultura anglosajona frente a la alemana, italiana o mexicana. Por otro lado, también se atacaba su tesis desde razonamientos ideológicos: si desde la izquierda se posiciona a la estructura social como origen de los problemas sociales,  para los conservadores se acercará más a un asunto de responsabilidad individual; la realidad acabará estando más cercana a la interacción entre ambos extremos: no solo los factores culturales, sino los políticos o los económicos juegan su papel en cualquier situación dada.

Concuerda con ellos en que existe tanto una cultura política como en que hay diferencias culturales sustanciales en las actitudes de las distintas sociedades. Pero estas diferencias son dinámicas, no son inmutables, son variables en lugar de constantes como aparecían en el texto de Almond y Verba. Los cambios en estas actitudes son graduales y parecen estar relacionados con el desarrollo socioeconómico. De esta forma, encadena la aparición de la cultura cívica (democrática según Almond y Verba) a tres factores relacionados con el desarrollo económico y la democracia: al surgimiento de una burguesía comercial-industrial fuerte, al desarrollo de condiciones que faciliten la participación de las masas en política y al desarrollo de un apoyo de las masas a las instituciones democráticas y de confianza interpersonal. A estas condiciones añadirá otros factores como la satisfacción vital general, medida como un componente cultural de diferencias transnacionales que refleja las diferentes experiencias históricas, o las tasas de discusión política, que estaría fuertemente relacionada con la caracterización de la propia cultura cívica.

La cultura cívica solo sería un aspecto más de un “síndrome cultural” mayor, que refleja un proceso de cambio social y económico a largo plazo dentro de un contexto de desarrollos históricos. Así, Inglehart investiga por último las posibles consecuencias en el desarrollo de esas diferentes culturas políticas o factores económicos de la aparición del protestantismo o el confucionismo.

Como conclusión, la mayor diferencia entre ambos textos es que Inglehart establece la existencia de atributos culturales estables con consecuencias políticas y económicas, pero sin ser estas estáticas, sino que varían a través del tiempo. Estos factores culturales no serían constantes, ni transnacionales, ni temporales. Los modelos actuales estarían imposibilitados de captar esos cambios a largo plazo.

FUENTES

Lopez Nieto, L / Delgado Sotillos, I “Análisis Político y Electoral” – 2012 –  UNED

  • Pag 252 -Almond G.A. / Verba, S. “La cultura Política”
  • Pag 289 – Inglehart, R “El renacimiento de la cultura política: cultura, democracia estable y desarrollo evconómico”