Todorov. La memoria tiene una potencia que la Historia nunca alcanza
Todorov. La memoria tiene una potencia que la Historia nunca alcanza
Procedo a realizar un comentario crítico de la entrevista a Tzvetan Todorov publicada en el Nº 198 de la edición mexicana de la Revista Letras Libres, correspondiente al mes de Junio de 2015. Fue realizada por Daniel Gascón, bajo el título La memoria tiene una potencia que la historia nunca alcanza, y junto a otros artículos formaba parte de un dossier dedicado a La gestión de la memoria.
Daniel Gascón es un filólogo y escritor aragonés, traductor de autores como Cristopher Hitchens o George Steiner. Desde hace años es el editor de la edición española de Letras Libres, además de colaborar como articulista en otros medios como El País. En 2018 publicó un ensayo que le proporcionó cierta notoriedad, El golpe postmoderno[1], donde reflexionaba sobre el proceso soberanista catalán.
Tzvetan Todorov falleció en Paris a comienzos de 2017. Búlgaro, nacido en 1939, se exilió en Francia ya desde principios de los años 60. Si inicialmente su interés se centró en la filosofía del lenguaje, posteriormente se especializaría en la Historia de las Ideas, centrándose en el periodo de la Ilustración. Posteriormente también extendería sus investigaciones a la relación entre el ser humano y la historia, siendo uno de los mayores especialistas en cuestiones de memoria histórica. Es reconocido por sus posiciones moderadas, su independencia frente a las corrientes filosóficas de su tiempo y su interdisciplinaridad, por su militancia frente a los totalitarismos o a las teorías ultraliberales, por un humanismo crítico enfocado al estudio del desorden de las sociedades contemporáneas, y por investigar la alteridad en las sociedades coloniales, y la dicotomía entre la libertad y el espíritu de insumisión.
Estamos ante una entrevista informativa, declarativa, que busca extractar las opiniones que el personaje tiene ante un tema concreto. Totalmente estructurada, no hay un diálogo dentro de la propia entrevista ni interacción entre las preguntas y las respuestas. Del mismo modo también carece de introducción o cierre, nos encontramos directamente ante el cuerpo de la entrevista. Probablemente su realización es el resultado de un cuestionario previo enviado al entrevistado. Más que establecer debate alguno o profundizar en sus juicios, nos ofrece la oportunidad de resumir en forma de ensayo las principales opiniones de Todorov respecto a la relación entre memoria e historia.
El tema principal tratado en la entrevista es la relación entre memoria e historia y los usos y abusos que se hacen de ambas. Para Torodov es una relación complementaria y, como regla general, necesitamos huir de dogmatismos a la hora de enfrentarnos con ellas. La historia aparece como un margo global donde la memoria debe incluirse entre sus fuentes, aceptando que hay páginas del pasado a las cuales la memoria permite aportar una visión difícil de encontrar en los libros de historia. La principal característica de la historia frente a la memoria es su intersubjetividad, su necesidad de contextualizar, de tener en cuenta la mayor pluralidad de puntos de vista posible.
Denuncia los malos usos que se hacen de ambas. Así, se abusa de la memoria si falta a su deber de verdad o deber de justicia. La historia no tendría sentido en si misma, son sus intérpretes quienes encuentran su sentido y siempre en términos contemporáneos al momento en que se realiza el análisis. Un ejemplo claro de abuso de la memoria sería la búsqueda de justificaciones mediante la realización de continuas reivindicaciones en nombre del pasado, o nutriendo el espíritu de venganza al obsesionarse con un pasado determinado. La memoria no deja de ser un pasado filtrado y reconstruido, seleccionado y organizado de determinada manera. Frente a esto, encontraríamos un buen uso de la memoria si se usa para trasladarla, para construir una historia que escape del maniqueísmo y consiga arrojar una mirada crítica y lúcida sobre el pasado de las diferentes comunidades. Encontraríamos un uso positivo y constructivo de la historia y la memoria si evitamos que sirvan a objetivos inmediatos, si buscamos un enfoque que tienda a un ideal de imparcialidad. Defiende la necesidad de reflejar la complejidad que siempre hay detrás del pasado, nunca habrían estado del mismo lado ni todo el bien ni todo el mal.
Dos peligros simétricos acechan a la memoria: la sacralización y la banalización. Ante ambas debemos tomar un camino intermedio, son necesarias siempre buenas dosis de relativismo. De la misma forma considera peligrosa la tendencia de las sociedades contemporáneas a cultivar el pasado, a crear lugares de memoria, si bien Todorov cree que es una reacción que no durará para siempre. Sería un proceso similar al existente ante los artistas en relación con la memoria. Habría una cierta responsabilidad en los artistas y escritores en relación directa con su talento, pero está convencido que aquellos autores donde no encontramos verdad en su visión, con los años pierden su impulso y efectividad. Goya, Grossman o Tillion serían tres ejemplos de autores que buscaron esta complejidad en sus obras, con posiciones arriesgadas, valientes y justas, y por ello siguen siendo un referente para la memoria colectiva.
Rodeando su concepción general, Todorov se muestra crítico con conceptos relacionados, como el uso que se puede dar a la memoria histórica o el mismo concepto de Justicia Internacional. Respecto a la memoria histórica, a la hora de enfrentarse a un pasado traumático destaca el papel positivo que pueden desempeñar la constitución de comisiones de verdad y reconciliación, las confesiones colectivas, o la labor de historiadores, políticos y medios de comunicación mediante procesos de revelación de la verdad, frente a la persecución punitiva o la constitución de verdades oficiales por parte de las democracias, donde un voto parlamentario de un momento dado corre el peligro de emular los intentos por controlar el pasado en el que caen los regímenes autoritarios. Respecto al uso de la Justicia Internacional o la definición de los crímenes contra la humanidad se muestra sumamente crítico, pues todo ello se basaría en una ilusión, en realidad solo existiría una justicia que regiría para los vencidos, para los débiles. Y ante la inexistencia de un estado o una justicia universal, todos los intentos de juzgar estos crímenes contra la humanidad estarían lastrados por una debilidad estructural, no tanto por una imperfección provisional que pudiéramos solucionar.
Todorov es pesimista frente a un supuesto progreso moral de la humanidad, pero reconoce que sí existirían marcadores que señalan mayor igualdad o apertura en las sociedades contemporáneas. Así, al reflexionar sobre la Europa actual, nos dice que es imposible que la memoria de cada país permita escribir un relato único de su pasado, pero a la vez cree posible edificar una memoria común europea basada en otras motivaciones, como un ideal de progreso, de defensa de las democracias frente a visiones que la amenazan como el ultraliberalismo. Bajo este último concepto engloba doctrinas neoliberales y neoconservadoras, que desacreditarían los ideales de justicia y bien común. Son según el entrevistado las mayores enemigas a las que ahora mismo se enfrentarían las democracias europeas.
Difícilmente podríamos oponernos a las opiniones de Todorov respecto a la historia y la memoria. A la necesidad de aspirar a una historia que escape del maniqueísmo y arroje una mirada crítica y lúcida sobre el pasado, a desear un enfoque lo más imparcial posible, a reflejar la complejidad detrás de cada proceso y acontecimiento. En definitiva, a elaborar una historia que sin descartar la memoria, vaya más lejos y con mayor profundidad, desde la honestidad intelectual, la intersubjetividad y la contextualización. Coincidimos en la constatación y la preocupación que nos supone el uso continuo de la historia y la memoria como base justificadora de tantos dogmatismos partidistas, de tantas batallas actuales por imponer un punto de vista parcial y hegemónico de acontecimientos que puedan relacionarse con procesos hoy vigentes.
Desgraciadamente, dichas intenciones son más difíciles de aplicar en el día a día. Como historiadores, somos a la vez receptores y emisores. Como receptores es perfectamente factible seguir las indicaciones de Todorov, exigimos una visión compleja, relativa, imparcial. Pero como emisores debemos reconocer que dicha tarea se complica enormemente. La imparcialidad no existe, puede ser un objetivo ideal, una meta, pero de muy difícil aplicación práctica cuando enfrentamos cualquier investigación. Todos estamos llenos de sesgos, quizá la diferencia pueda venir de aquellos que son más conscientes y quieran evitarlos, pero no existe la exactitud en la historia. Un ejercicio interesante puede ser irse a los extremos. Un ejemplo claro serían los historiadores vinculados al Institut Nova Història, especializados en buscar la catalanidad desde Colón o Cervantes a Teresa de Jesús, pasando por Erasmo o la mismísima Gioconda (el fondo es Montserrat). Si bien sabemos que no deja de ser una provocación que no se creen ni ellos mismos, su labor personifica muy bien el abuso de la memoria y la historia y los peligros que puede conllevar. Podemos aplicar al Institut el discurso integro de Todorov, sin temor a equivocarnos. Pero este tipo de ejemplos no dejan de ser anecdóticos. Si nos ponemos en otro caso más dañino, el de David Irving, negacionista, historiador que incluso ha llegado a estar en prisión por defender a Hitler y el nazismo, deduciríamos que probablemente esté convencido de que su elaboración es honesta, e incluso que su obra es más compleja, valiente e imparcial que la bendecida por la “corrección política”. Irving defendería su propia obra ofreciendo argumentos similares a Todorov: su revisionismo huye totalmente del dogmatismo existente, contextualiza mejor aportando gran cantidad de fuentes y documentación, no busca la glorificación de su pasado o la venganza al ser un inglés investigando sobre Alemania, rompe el maniqueísmo respecto a la figura de Hitler, supuestamente más compleja y poliédrica que la visión preponderante. Podríamos aducir en su contra que miente deliberadamente o retuerce las fuentes para ofrecer una visión determinada, pero el propio Irving se defendería mediante la exposición de una lógica interna, basada en un uso (parcial) de las fuentes, donde Hitler es un santo laico rodeado de lobos. Quizá este historiador sea un ejemplo perfecto de todos los defectos y peligros de los que nos avisa Todorov, pero a la vez este caso nos enfrenta a la dificultad de decidir que es blanco y que es negro en una inmensidad de tonos grises. Es este un ejemplo en el que vemos que la relatividad tiene también límites, que en realidad sí existen dogmas a aplicar. Pero Todorov nos muestra un camino, en ningún momento asegura que este sea fácil o claro.
Otra consideración muy distinta me provocan sus ideas respecto a la memoria histórica o la justicia universal. Respecto a la justicia universal creo que peca de falta de audacia. El hecho de no existir una estructura estatal internacional o que históricamente la misma haya sido únicamente un arma en manos de los vencedores, ni invalida totalmente los casos ya sometidos a ella, ni desautoriza el desarrollo futuro de una legalidad internacional. Creo que el concepto de justicia universal engloba procesos necesarios y en perfecta lógica con ese ideal de progreso, de justicia y bien común que el mismo Todorov defiende. Además, el sistema penal de cualquier estado no deja de ser una estructura artificialmente construida, con mayor seguridad jurídica que la internacional, pero tan simulada y desiderativa como pudiera ser una supuesta justicia penal mundial.
Por último, respecto al uso de determinados procesos en la memoria histórica, no podemos estar en contra de los mismos, pero tampoco descartar otros como las responsabilidades penales o la constitución de “verdades oficiales”. Aquí considero que las circunstancias temporales o el carácter del régimen juzgado tienen que ser tenidos en cuestión antes de generalizar soluciones basadas únicamente en procesos de reconocimiento. Hay una diferencia enorme (frente a la similitud que Todorov encuentra) respecto al control del pasado por parte de un régimen autoritario a uno democrático. En política comparada es casi imposible encontrar un régimen verdaderamente democrático que haya hecho un uso incorrecto de esta memoria histórica. Siempre hay excesos y sesgos, pero tampoco podemos descartar por sistema la labor que las diferentes mayorías sociales, gobiernos o parlamentos puedan realizar.
[1] GASCON, D. El golpe postmoderno. Debate. Madrid. 2018.

