Historia

CARLOS MALAMUD (COORD.) RUPTURA Y RECONCILIACIÓN. ESPAÑA Y EL RECONOCIMIENTO DE LAS INDEPENDENCIAS LATINOAMERICANAS

CARLOS MALAMUD (COORD.) RUPTURA Y RECONCILIACIÓN. ESPAÑA Y EL RECONOCIMIENTO DE LAS INDEPENDENCIAS LATINOAMERICANAS

Procedo a realizar la recensión de la obra colectiva Ruptura y reconciliación. España y el reconocimiento de las independencias latinoamericanas, editada en Madrid por la Fundación Mapfre en colaboración con la Editorial Taurus. Estamos ante una obra coordinada por el catedrático de Historia de América de la UNED, Carlos Malamud Rikles. En ella han participado una veintena de investigadores españoles y latinoamericanos, elaborando los diferentes capítulos destinados al estudio de cada caso individual. He utilizado la primera edición de 2012.

Además de especialista en Historia de América, Carlos Malamud es, desde el momento de su creación, el investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano. En 2005 coordino para este Think Tank un informe que, bajo el subtítulo de Una propuesta ante los bicentenarios de la independencia, apostaba por un cambio de estrategia en la política exterior española hacia América Latina. Según el autor, los gobiernos españoles habrían pecado de uniformidad y globalidad a la hora de establecer sus políticas hacia los estados latinoamericanos, obviando la gran heterogeneidad de cada uno de sus contextos, recorridos y posiciones. La celebración de los bicentenarios de independencia que habrían de celebrarse entre 2010 y 2027 sería una oportunidad excelente para reforzar las relaciones bilaterales con cada uno de estos países, reconociendo su diversidad: “Estamos ante un momento ideal, por tanto, para sentar a historiadores españoles y latinoamericanos a discutir del pasado colonial sin complejos in ataduras […] Se trataría, sin duda, de un “envoltorio” adecuado para presentar una política hacia América Latina más respetuosa de las propias realidades locales y más distanciada del complejo de Madre Patria que durante mucho tiempo ha guiado buena parte de nuestras respuestas en el subcontinente[1].

El volumen que hoy analizamos es consecuencia directa de esta intención. Desde 2001 la Fundación Mapfre promovió una Plataforma para la Conmemoración de los bicentenarios que buscaba “coordinar instituciones públicas y privadas de la Comunidad Iberoamericana para lograr “un conjunto de aportaciones significativas y originales para una cabal comprensión y una amplia divulgación del significado de este momento histórico y sus posteriores repercusiones”[2]. Este libro inauguró la colección ‘Serie Recorridos’ que la Fundación Mapfre destina a la Historia Contemporánea de América Latina, buscando la elaboración de monografías transversales que complementen las extensivas historias particulares que están editando.

Durante su presentación[3],  el presidente de la Fundación afirmo que con esta labor buscan “mejorar el conocimiento de los vínculos que han unido a España durante siglos con ese continente”.  El editor alabó la obra por su rigor y por haberse elaborado por una generación de historiadores que estaría “despegándose de las visiones románticas, cargadas en muchos casos de mitos y […] no muy fieles a los acontecimientos históricos”. Ambas intenciones parecen claras en el proceso de elaboración del libro. El propio autor afirmó también entonces que históricamente el reconocimiento de España a las nuevas repúblicas latinoamericanas no fue sencillo ni traumático, quizá determinado por ser una “cuestión de familia, y de la forma en que las familias tratan y resuelven algunos problemas, quizá a veces excediéndose en el nivel de ruido, pero siempre con un trasfondo amoroso”.

Malamud coordina a otros 21 investigadores sociales, tanto historiadores como politólogos, economistas e incluso un expresidente, el panameño Arístides Royo. Redacta una introducción que resume en líneas generales los procesos de establecimiento de relaciones diplomáticas entre España y sus antiguas colonias, buscando características comunes y resumiendo los principales puntos de discusión. A continuación, nos encontramos con 19 capítulos que desarrollan el proceso caso a caso, y en la elección de cada especialista ha primado claramente un criterio localista. Solo en el caso de Ecuador nos encontramos con un autor no originario del país analizado. El tono general del volumen es objetivo, divulgativo y de consulta, característica reforzada al reproducir todos los tratados, excepto en los casos de Brasil, Cuba, Panamá y Venezuela. Se huye de toda confrontación, si bien comprobamos cierta reivindicación nacionalista respecto al proceso de reconocimiento y establecimiento de relaciones en cada uno de los casos.

En numerosas ocasiones se menciona el hecho de la débil historiografía existente respecto a la materia. A nivel general solo podríamos citar los trabajos sobre la historia de las relaciones diplomáticas españolas de Jorge Castel y Jerónimo Becker en la primera mitad del siglo XX y los posteriores de José María Jover Zamora o Juan Carlos Pereira Castañares. Sí existiría una bibliografía más extensa en cada caso bilateral, tal y como demuestra la relación final que cierra el libro. Lo que sí es original del volumen es la reproducción de los tratados junto con la breve introducción al contexto histórico de elaboración de cada uno de ellos.

 

En su introducción, Carlos Malamud establece como tesis principal de la obra que “el reconocimiento de las nuevas republicas americanas, […] por parte de la antigua potencia colonial fue un proceso largo y complicado que se extendió durante casi todo el siglo XIX”[4]. Largo en comparación con el reconocimiento por parte de Gran Bretaña de la independencia de las trece colonias tras la Paz de Versalles de 1783, siete años después de su Declaración de Independencia. Complejo por la enorme diversidad de situaciones, interlocutores y casuística a solventar.

Situando la etapa de independencias entre 1810 y 1827, nos encontraríamos con un proceso de reconocimiento de las mismas por parte de España que solo dará sus primeros pasos con el gobierno de Cea Bermúdez en 1833, se plasma inicialmente con México en 1836 y se finalizará con Honduras en 1894, a excepción de nuevos países como Panamá y Cuba. La responsabilidad de tal retraso sería compartida entre la metrópoli y sus excolonias. Por parte española se aduce primero el cataclismo que supuso la perdida de su imperio y su inicial obcecación en reconquistarlo, para posteriormente señalar la inestabilidad política interna como gran obstáculo a establecer dichos reconocimientos, junto a fracasados intentos de recolonización. Por parte de los nuevos estados latinoamericanos, los principales impedimentos serían también su inestabilidad política, la necesidad de construir su propia identidad nacional, en la mayoría de los casos “contra España”, la fragilidad de los nuevos límites fronterizos o los intereses de otros actores extrarregionales, especialmente EEUU, Gran Bretaña y Francia. 

Estamos ante un proceso prolongado en el tiempo y bilateral en todos los casos. Si bien parecería que buena parte de las diferentes cláusulas de los tratados se van reproduciendo, la realidad es que cada caso tiene sus modificaciones y especificaciones propias.  En la introducción, Malamud profundiza en una serie de puntos coincidentes que aceleraron o retrasaron el reconocimiento y la apertura oficial de relaciones diplomáticas y que finalmente quedarían reflejados en los diferentes tratados. Así, en primer término, y de forma general, aparece la necesidad de “poner fin al estado de incomunicación”[5], circunstancia anómala ante el tamaño y la importancia de los diferentes intereses entremezclados entre las partes. Literalmente esta fórmula aparece en los tratados con México, Ecuador, Chile, Costa Rica, Paraguay, Guatemala o El Salvador y se vislumbra en el resto. Para ello se buscarían soluciones más basadas en un primitivo derecho internacional, huyendo de la imposición por parte de las grandes potencias.

Como desarrollan individualmente cada uno de los capítulos, tres serán los grandes ejes de discusión durante todo el proceso y la elaboración de dichos tratados: uno económico, otro relacionado con la definición de la nacionalidad y la ciudadanía y uno último claramente especificado en la necesidad de las nuevas naciones de reivindicar su propia identidad y sus fronteras.

Económicamente, si en un inicio las responsabilidades respecto a la deuda pública y las posesiones confiscadas serán las protagonistas, posteriormente tendrán más importancia las relaciones comerciales, de tráfico de mercancías y arancelarias. España intentará reclamar la asunción por parte de sus excolonias de toda deuda pública contraída en momentos anteriores a las diferentes independencias, así como la devolución o indemnización de aquellos bienes confiscados a la Corona o a ciudadanos españoles. La asunción de México de estas cláusulas propició que fuera el primer país en ser reconocido. Las repúblicas latinoamericanas contraargumentaron reclamando indemnizaciones por los daños en las diferentes guerras de independencia (situación que no habría ocurrido en México). Finalmente, se buscaron formulas de compromiso entre las partes, siendo el Tratado con Ecuador paradigmático de esta solución. No solo reconoce la existencia de deudas, reclamaciones y compromisos entre las partes, sino que establece su solución, la asunción por cada uno de su parte privativa, la vigencia de todo derecho legal a ambos nacionales, así como la compensación por parte de cada gobierno de todo aquello que no pueda ser recuperado, estableciendo un periodo de cuatro años tras su firma para reclamaciones. Posteriormente, a partir del tratado con Nicaragua en 1850, además de reproducir las consabidas cláusulas respecto a deudas e indemnizaciones ya encontramos una evolución hacia intereses más comerciales como los entendemos hoy en día. Así ya no solo se remite a un posterior tratado comercial o consigna la libertad de comercio y circulación, sino que es nominada con el título de nación más favorecida, se establece la libertad de navegación, establecimiento, comercio y circulación, los derechos y poderes consulares o incluso España se compromete a garantizar la neutralidad de un posible canal interoceánico. Parecidos términos se repetirán con Costa Rica o Uruguay y se extenderán significativamente para el comercio marítimo con República Dominicana en uno de los tratados más concisos y desarrollados, regresando a formulas más convencionales en los posteriores tratados con Argentina, Guatemala o El Salvador. Finalmente, y a partir del tratado con Perú en 1879, solo se recurrirá a cláusulas genéricas que postergan la firma de tratados comerciales más desarrollados. Será el caso de Paraguay, Colombia, Honduras, Panamá o Cuba.

Respecto al tratamiento de la nacionalidad y el derecho de ciudadanía fue uno de los grandes obstáculos en las negociaciones, debido a la trascendencia que otorga la nacionalidad en el reconocimiento de derechos. Si en un principio se utilizan fórmulas que rechazan las reclamaciones de recuperación de nacionalidad con otras que mezclan el ius soli con el ius sanguinis según sea cada una de las partes, como ocurre en el caso chileno, a partir del tratado con Nicaragua asistimos a una formula que quedará fijada canónicamente en el resto de los casos. Se establecen plazos para que los nacionales españoles naturalizados nicaragüenses puedan recuperar la nacionalidad española para ellos y sus hijos y viceversa. A partir de ese momento, se impondrá el uso de ius soli.

Por último, la construcción de la identidad nacional de cada una de las nuevas repúblicas latinoamericanas se presentará como trascendental a la hora de buscar y negociar el reconocimiento de España. Esto se reflejará en ámbitos diversos, el primero como el espaldarazo político que el reconocimiento por la antigua metrópoli significaba para las nuevas naciones. Esta característica es esencial en los casos de las repúblicas desligadas de la original República Federal de Centro América, por su necesidad de reconocimiento individualizado y las intensas presiones que recibieron de otras potencias, especialmente México, EEUU y Gran Bretaña. Un segundo ámbito es la búsqueda de un respaldo internacional en los diferentes contenciosos fronterizos y administrativos frente a sus vecinos. Es el caso del tratado de Ecuador, donde no solo se enumeran someramente todas las provincias reconocidas en su texto constitucional, sino que refleja la fórmula “y otros cualesquiera territorios también que legítimamente correspondan o pudieren corresponder a dicha República del Ecuador”[6]. Los países suramericanos serán los más concernidos en este campo, primero por los problemas de delimitación de las naciones desgajadas de la Gran Colombia y después por todos los contenciosos fronterizos del Cono Sur, entre Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay. Un último ámbito relacionado con la construcción de la identidad nacional de cada república se consensa en las fórmulas “reconoce como Nación libre, soberana e independiente” y “total olvido de lo pasado y una amnistía completa”, contenida desde el tratado con México hasta el tratado con Colombia en 1881 y prácticamente repetida en todos los demás. Si los procesos de independencia se caracterizan por el lado español en el surgimiento del mito de la “Madre Patria”, paternalista y colonial, que ejemplariza la difícil digestión respecto a la pérdida del imperio, desde el lado latinoamericano hay una clara intención de marcar distancias con lo español. La mayoría de las independencias se lograrán mediante el conflicto armado con la Corona española, mediante guerras de liberación y expulsión. Aventuras posteriores como el Imperio Mexicano de Maximiliano o la guerra del Pacífico de la década de 1860 tampoco ayudarán a tender puentes. Se necesitará todo el siglo XIX para regularizar tanto las relaciones entre España y las repúblicas latinoamericanas, como la situación interior de ambos hemisferios. Alguno de los autores considera que la conmemoración del cuarto centenario del descubrimiento en 1892 marca un momento en el que podríamos considerar que “se evidenció que las relaciones comerciales y culturales, así como las corrientes migratorias […], pasaban por una fase ascendente”[7].

Dentro de la heterogénea generalidad, cuatro son los casos que nos presentan como excepcionales. Por un lado, Brasil, que sin haber sido colonia española también tardó en reconocerse hasta 1863 debido a disputas dinásticas y la pretensión brasileña de incorporar Uruguay a su territorio. Con Brasil no se firma un tratado de reconocimiento sino un convenio consular, al no existir prácticamente ningún contencioso pendiente de resolver. Otro caso sería la República Dominicana, independizada de Francia y Haití en 1844, de ahí que su necesidad de protección llevara a la firma del tratado más conciso y detallado de todos. Por último, Cuba y Panamá, países independientes desde 1902 y 1903 respectivamente. Con Cuba, y posiblemente debido a la injerencia norteamericana solo se llegó a un primer acuerdo en 1927. Con Panamá se establecen antes las primeras relaciones, en 1912.

La propia estructura del libro, deslazando detalladamente cada caso particular, marca su carácter minucioso y exhaustivo. País a país se nos van narrando todos los acontecimientos y el proceso diplomático que llevó a la firma de cada tratado de paz y reconocimiento, con especial atención a la enumeración de los equipos negociadores, el papel de otras potencias europeas, sobre todo Gran Bretaña y Francia, y los numerosos fracasos intermedios. En algunos casos también se nos narra sucintamente el contexto histórico, institucional y político de cada país y sus principales necesidades a la hora de buscar el reconocimiento y la apertura de relaciones con España.  También es habitual en la mayoría de los capítulos que nos resuman el carácter que tuvo en cada caso la independencia de la metrópoli, pues la misma, ya sea violenta o no, marcaría claramente el discurrir posterior de las relaciones diplomáticas.

Analizando cada caso particular y siguiendo el propio recorrido del libro, en el reconocimiento de México encontramos la base en la que se fundamentarán todos los demás. Su celeridad, 1836, vendrá definida por la propia emancipación de la antigua Nueva España, mediante la firma del Tratado de Córdoba de 1921 que reconocía la independencia del Virreinato, la existencia en España del gobierno progresista de Calatrava, la mediación inglesa y las concesiones que el gobierno mexicano estaba dispuesto a realizar en las responsabilidades sobre la deuda pública y la recuperación de bienes españoles, así como la apertura al comercio español de los puertos mexicanos.

En el caso ecuatoriano será esencial su separación de la Gran Colombia en 1830 y su necesidad de definir internacionalmente sus fronteras y territorios. Así la situación de dos provincias pertenecientes en ese momento a la Confederación Peruano-Colombiana llevaron al gobierno ecuatoriano a ceder en la principal disputa de la negociación: la parte proporcional de la deuda histórica asumida por España antes de la independencia. También se refleja la importancia de las presiones de los exportadores de Guayaquil, deseosos de retomar el comercio de cacao con Europa, monopolizado por los españoles. Por último, la firma también se beneficiará de la regencia progresista de Espartero, partidaria del reconocimiento de las nuevas repúblicas.

Inglaterra fue el primer objetivo internacional del nuevo gobierno de Chile. El gobierno de Portales a partir de 1830 conseguirá su reconocimiento, reforzando su posición para comenzar las negociaciones con España. Estas culminarán en 1844, ya con Narváez en el gobierno, ante el interés español por el comercio con los puertos chilenos, pues en este caso serán los intereses económicos los esenciales en la negociación. Eso sí, los resultados del tratado serán exiguos hasta bien avanzado el siglo XIX. Tras la Guerra hispano-sudamericana por la que España intentó reconquistar parte de su imperio, enfrentándose con Chile, Perú, Ecuador y Bolivia, solo se retomarán las relaciones diplomáticas en 1883.

Venezuela también realizo concesiones al reconocer la deuda de Tesorería existente en los libros de cuenta de la antigua Capitanía General, así como al aceptar devoluciones o indemnizaciones por propiedades confiscadas. Tras el envío de numerosas misiones negociadoras solo se alcanzó en 1845, pero también en este caso sus consecuencias fueron precarias. Así el futuro tratado comercial que estipulaba solo se conseguiría en 1882, tras décadas de inestabilidad interna e incluso ruptura de relaciones diplomáticas.

Bolivia tuvo que lidiar desde un principio con las consecuencias que acarreaba su posición central en el continente, resistiendo a los intereses colombianos y de los antiguos virreinatos de Lima y Buenos Aires. Especialmente convulsa, la historia boliviana tras la independencia se verá determinada por el fracaso de la Confederación Peruano-Boliviana y la inestabilidad interna. Será en 1847 cuando España firme el tratado, si bien no se promulgará hasta 1861. Entre las innovaciones que contiene figura la posibilidad de recuperación de la nacionalidad originaria en aquellos sujetos que la solicitaran y pudieran demostrarla.

Ya comentamos anteriormente el caso de Nicaragua, que podemos asimilar al de otras repúblicas centroamericanas como Costa Rica, Guatemala, Honduras o El Salvador. Las dos primeras firmarán sus tratados en 1850, Guatemala en 1863, El Salvador en 1885 y Honduras será la última en 1894. En todas estas repúblicas centroamericanas primaron los intereses comerciales, su necesidad de reconocimiento internacional por su reducido tamaño y sobre todo las pretensiones colonizadoras por parte de otras potencias europeas como Gran Bretaña y Francia, o el mismo EEUU. Serán naciones atravesadas por conflictividad y guerras civiles. Nicaragua será objetivo de Inglaterra, que llegará a crear el Reino de Mosquita en su costa caribeña. Compartía con Costa Rica el interés en la construcción de un futuro canal interoceánico, y tal interés se reflejará en sus tratados. Guatemala como antigua potencia de la región sí se habían significado en las guerras de independencia, lo que influyo en su más tardío reconocimiento. También influyo en el mismo el rumor de una planeada invasión española desde Cuba.  La cuestión de la nacionalidad de los hijos de españoles nacidos en territorio salvadoreño retrasó la promulgación del tratado con El Salvador, firmado en 1865 hasta 1885. La debilidad institucional hondureña aparece como principal causa del retraso en la firma de su tratado, el último firmado, siendo la deuda y la nacionalidad los principales escollos.

También hemos comentado anteriormente los especiales casos de República Dominicana y Brasil. El caso argentino también refleja la importancia que la inestabilidad interna, la necesidad de construir una identidad nacional propia y la compleja adjudicación de la nacionalidad tuvieron en la negociación de todos estos reconocimientos. Finalmente, las discutidas fronteras argentinas del momento se resolverán mediante la fórmula “antiguas Provincias de España, que forman actualmente o constituyan en lo sucesivo el territorio de la República Argentina evacuado por aquella en 25 de mayo de 1810”[8]. La ciudadanía se solucionará con la posibilidad de recuperación de la nacionalidad española para todo aquel que lo reclamase en los siguientes dos años.

El nacimiento de Uruguay vendrá marcado por el interés que Brasil y Argentina tendrán sobre el puerto de Montevideo. Aquí el tratado incidirá especialmente en el reconocimiento de iure del propio Uruguay, en el detallado tratamiento que da a la nacionalidad y la ausencia de cláusulas comerciales que trasladan a un futuro Tratado de comercio y navegación.

El Perú de San Martín busco un rápido reconocimiento formal por España, y pese a su papel como “bastión de la contrarrevolución durante las guerras de independencia[9] la realidad es que fue uno de los últimos países en conseguirlo, ya en plena restauración en 1879. Quizá el principal motivo provenga de los términos de la capitulación de Ayacucho. En todo caso el tratado que se firma inaugura la fórmula de tratados sucintos, apenas 5 artículos, meras declaraciones de intenciones que posponen a futuras negociaciones más detalladas y nuevos convenios.

Estos breves tratados se repetirán en el caso de Paraguay y Colombia, ya en la década de 1880. Si en el caso paraguayo el retraso se explica por su propia debilidad interna y los continuos procesos armados en que se vio envuelto con sus vecinos, en el caso colombiano el retraso viene caracterizado por las consecuencias de la disolución de la Gran Colombia, los conflictos fronterizos con sus vecinos y la injerencia que EEUU comienza a desarrollar en el Caribe, con miras al istmo de Panamá y la posibilidad de un canal.

Por último, los casos extraordinarios de Panamá y Cuba cierran el volumen. Aquí la influencia de EEUU y los intereses comerciales marcarán claramente sus tratados.

            Durante la presentación del volumen, Emilio Lamo de Espinosa, presidente del Real Instituto Elcano, tras glosar ampliamente al coordinador y el volumen, detalló con cierto descaro las carencias que a su juicio tendría el libro. Así, la ausencia de un capítulo de conclusiones, la elaboración de tablas estadísticas que resumieran los contenidos de los tratados o información respecto a la validez jurídica actual de los mismos. Tiene cierta razón Lamo de Espinosa en destacar la ausencia de un resumen preciso en el libro. Nos encontramos ante una obra exhaustiva, detallada, muy útil en la cantidad de información que desgrana, pero en la que en numerosas ocasiones podemos achacar falta de conformidad entre los diferentes capítulos. Así nos encontramos monografías que detallan nítidamente todos los procesos negociadores, con la enumeración exhaustiva de los delegados negociadores de cada país latinoamericano, pero sin informarnos de un mínimo contexto histórico que sustente las mismas, o este se presenta deslazado e incomprensible al profano. En otras ocasiones sí nos encontramos con análisis de los procesos de independencia, pero estos se relacionan muy superficialmente con el propio desarrollo de la negociación de los tratados. Tampoco es habitual encontrar análisis de los tratados que vayan más allá del propio examen textual de cada una de las cláusulas o establezcan conclusiones o relaciones claras. En la mayoría de los casos la atención a la situación política española en cada momento de la firma es escasa, primando claramente el estudio de los condicionantes en cada una de las repúblicas. Echamos de menos, en una obra colectiva de estas características, la presencia de un esquema general de elaboración más estricto que hubiera prestado mayor atención al contexto histórico, ayudando a una mejor comprensión de los procesos, más allá de la mera agregación de casos. Por último, en el capítulo de deficiencias, tampoco entendemos en una obra destinada a convertirse en consulta de referencia sobre el tema, la ausencia de cuatro de estos tratados.

Aun así, debemos destacar también las numerosas cualidades del volumen. Nos ayuda enormemente a comprender la formación de las relaciones diplomáticas españolas y latinoamericanas durante el siglo XIX, así como a especificar sus principales escollos y aquellos temas centrales a la hora de entablar relaciones diplomáticas entre España y Latinoamérica. También es de gran ayuda a la hora de profundizar en la historia de las propias independencias y las primeras décadas de las nuevas repúblicas, aportando una multitud de voces locales diferentes. Y sobre todo se convierte en una fuente de primer nivel a la hora de conocer los tratados y los procesos negociadores en cada uno de los casos, apoyado por una amplia bibliografía y por la relación detallada de los equipos y procesos negociadores.

[1] MALAMUD, C (Coord.). La política española hacia América Latina: Primar lo bilateral para ganar en lo global. Una propuesta ante los bicentenarios de la Independencia. Madrid. Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos. Informes Elcano Nº3. Mayo 2005. (Pgs. 57-58) http://www.realinstitutoelcano.org/wps/wcm/connect/2d5be680417245ca9fcabf5d0eace3c6/Inf_3America+Latina.pdf?MOD=AJPERES&CACHEID=2d5be680417245ca9fcabf5d0eace3c6. Consultado el 22 de diciembre 2019.

[2] ROJAS SANTOYO, R. Carlos Malamud (coordinador), La política española hacia América Latina: primar lo bilateral para ganar en lo global. Una propuesta ante los bicentenarios de la independencia, España, Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, Informes Elcano, núm. 3, mayo de 2005. Ciudad de México. UNAM. Estudios Latinoamericanos, nueva época, Num 21, enero-junio 2008. Pg. 203. http://revistas.unam.mx/index.php/rel/article/view/49451/44479. Consultado el 22 de diciembre 2019.

[3] Presentación. Ruptura y reconciliación. España y el reconocimiento de las independencias latinoamericanas. Madrid. YOUTUBE. 14 de diciembre 2012. https://www.youtube.com/watch?v=ERqxA1QVwn8. Consultado el 22 de diciembre 2019.

[4] MALAMUD, C (Coord.). Ruptura y reconciliación. España y el reconocimiento de las independencias latinoamericanas. Madrid. Fundación Mapfre. Taurus. 2012, Pg. 15

[5] MALAMUD 2012, Pg. 23

[6] MALAMUD 2012, Pg. 66

[7] MALAMUD 2012, Pg. 104

[8] MALAMUD 2012, Pg. 234

[9] MALAMUD 2012, Pg. 287