Política

Tucidides – Alabanza de Atenas

Tucidides - Alabanza de Atenas

«Tenemos un régimen político que no emula las leyes de otros pueblos, y más que imitadores de los demás somos un modelo a seguir. Su nombre, debido a que el gobierno no depende de unos pocos, sino de la mayoría, es democracia. En lo que concierne a los asuntos privados, la igualdad conforme a nuestras leyes alcanza a todo el mundo, mientras que en la elección de cargos públicos no anteponemos las razones de clase al mérito personal, conforme al prestigio de que goza cada ciudadano en su actividad y tampoco nadie, en razón de su pobreza, encuentra obstáculos debido a la oscuridad de su condición social si está en condiciones de prestar un servicio a la ciudad.»

Tucidides: Historia de la guerra del Peloponeso

Nos encontramos en el cementerio Cerámico de Atenas, Pericles  pronuncia una elegía en honor de los caídos durante el primer año de la Guerra. Conocido como el “Discurso fúnebre”, este fragmento es un claro ejemplo de los discursos idealizados que Tucidides introduce en su obra presentando el pensamiento, las ideas y las motivaciones de los políticos griegos que para él protagonizan la Historia.

Aquí utiliza la voz de Pericles para describir de forma elogiosa el régimen político ateniense. Comienza enorgulleciéndose de la originalidad de su régimen, modelo para todos los demás. Lo define como Democracia que aparece como el gobierno que depende de la mayoría. Por último, enumera dos de sus características principales: la igualdad de todos ante la ley y la participación de todos los ciudadanos en el gobierno según sus méritos.

Históricamente el discurso se sitúa en torno al 430 a.C, al comienzo de la guerra que coincide con el final del propio gobierno de Pericles. Atenas es aún un imperio orgulloso que impone su hegemonía a sus aliados en la liga de Delos, incluso contra la voluntad de estos mismos. En esta época no encontramos ningún sentimiento panhelénico, cuando el texto habla de “pueblos” se está refiriendo a cada una de las Polis. Atenas como cabeza de un imperio, al enorgullecerse de poseer un régimen político no solo original sino modelo, remarca su primacía y contraposición al resto, en este caso su enemiga Esparta, cuyo régimen ni sería original ni deseado por el resto de polis. Bajo esta idea encontramos una autojustificación de su papel imperial, Atenas se presenta como libertador frente al resto de comunidades, que o bien están deseosas de imitarla o al menos deberían hacerlo.

El gobierno de la comunidad por la mayoría es la peculiaridad que convierte el régimen ateniense en el modelo a seguir. Supone la superación del gobierno unipersonal del monarca o del tirano, así como de la oligarquía representada por los gobiernos aristocráticos. Debemos entender Democracia como armonía, equilibrio de voluntades y sobre todo participación directa.  Es el mismo Pericles, encabezando el partido democrático, quién desmantela las competencias del Areópago aristocrático apoyándose en la Ekklesía, quien reduce los requisitos de propiedad necesarios para acceder a determinados cargos o establece dietas para quien ejerza de jurado en la Heliea. Su gobierno se convertirá en la referencia histórica del modelo que aun conocemos como Democracia Directa.

El texto refleja un claro enfoque anti-aristocrático. Es el mérito, el prestigio personal de cada uno, la llave de acceso a participar en la dirección de la comunidad. Ni la riqueza, ni la filiación pueden convertirse en garantía o barrera de acceso. Vislumbramos también en este fragmento que el gobierno de la Polis no representa tanto un privilegio como la prestación de un servicio, ciudadanía está indisolublemente unida a la idea de participación en la Polis. El texto remarca más la aptitud para “prestar un servicio a la ciudad” que la oportunidad de acceder a su dirección. La comunidad ateniense solo se entiende desde la combinación de la libertad personal con la capacidad de intervención política.  

Los “asuntos privados”, esta libertad personal, se rigen mediante el principio de igualdad ante la ley. Será por tanto la comunidad quien defina la amplitud y los límites de dicha libertad, fuera de la Polis no existe. Eso sí, tanto la Polis, como la libertad personal, la igualdad o la participación son exclusivas del “Ciudadano”, concebido como varón, naturalizado ateniense (excluyendo metecos y esclavos), mayor de edad,  miembro de los demos.  Es el verdadero corazón de la Polis y como tal posee toda una serie de derechos, prerrogativas y beneficios, pero también obligaciones políticas, civiles, fiscales y militares. La Polis se presenta en el texto como un “nosotros” en presente, una comunidad de ciudadanos, más que un territorio delimitado por unas fronteras o patrimonio particular de un grupo o individuo.