Política

Wilson (1944)

Wilson (1944)

1944, Director: Henry King, Guion: Lamar Trotti, Producción de D.F. Zanuck para Twentieth Century Fox. Se puede visionar en V.O. y subtítulos en castellano –  https://www.youtube.com/watch?v=0Xh0IRgr-lI

Wilson es una superproducción que en su momento ganó cinco Oscar, entre ellos el mejor guion original. Estrenada en Julio de 1944 estamos claramente ante un ejemplo de propaganda patriótica. Su mayor interés histórico radica en cómo nos presentan la vida y motivaciones del padre fundador del Idealismo en las Relaciones Internacionales en un momento donde el gobierno de F.D. Roosevelt, idealista moderado, trata de reforzar sus postulados, una vez que el ataque a Pearl Harbour ha llevado a EEUU a abandonar su posición aislacionista y neutral, derogando el Acta de Neutralidad e involucrándose totalmente en la nueva guerra mundial.  Dos décadas después de la finalización de su presidencia llega el momento de reivindicar su figura de forma hagiográfica y basándose precisamente en los motivos que supusieron su mayor fracaso. Woodrow Wilson nos es presentado como un visionario providencial. El país, más bien sus élites, se ha equivocado al no seguir sus indicaciones.

Dos virtudes definen la personalidad de Wilson: la responsabilidad y sus altos valores morales. Su actitud es siempre decididamente presidenciable, sus principios son la base de todas sus decisiones. La Política Internacional aparece tras el hundimiento del Lusitania en 1915. Frente a todas las presiones intervencionistas, Wilson decide mantenerse al margen, ser neutral y aislacionista es la posición correcta en ese momento, lo que no impide un “sensato” rearme y una diplomacia firme y “exitosa” contra Alemania (que durante toda la película aparecerá como el único enemigo y culpable).  De esta forma, ganará sus segundas elecciones gracias a presentarse como ‘el hombre que ha mantenido EEUU fuera de la guerra’.

Su segundo mandato comenzará con la traición de los ‘incivilizados’ alemanes, que no solo rompen sus compromisos sino amenazan con intervenir en México. Tras una escena donde le vemos meditar observando los retratos de Washington y Lincoln, decide que sus principios solo pueden conducir a la solución más difícil e inevitable: parar los planes alemanes de ‘conquista y explotación’. El Congreso le avala: EEUU entrará en guerra por ‘imposición exterior’, pero sin deseos ‘egoístas, de conquista o dominio’, solo la defensa de los derechos de la humanidad, la democracia y la libertad de las naciones les impulsan. ‘El dominio universal del derecho surgido del acuerdo de los pueblos lleve la paz y la seguridad a las naciones y haga que el mundo sea libre por fin’, América usará su poder en defensa de los principios que orientaron su sentido y felicidad.

La movilización es un éxito, el propio presidente llega a servir desayunos en una cantina para agradecer a los soldados y de paso recordar a estos participantes en la ‘Ofensiva por la Libertad’ que la paz universal no es un ‘sueño idealista’ y que cuando la guerra termine ideará algún plan para que nunca vuelva a repetirse una guerra. Wilson vuelve a reunir al Congreso para redundar en que ‘si no se hace justicia a los otros no se nos hará a nosotros’. Enumera ante ellos sus 14 puntos, son su ‘programa para la Paz’ y gracias a él, los alemanes solicitarán conversaciones para su rendición. Wilson tendrá que ir a Europa y negociar con las ‘fieras’ del viejo continente, ‘políticos más hábiles’ solo preocupados por el auge del nacionalismo, ‘las fronteras y los equilibrios de poder’. Pero él es optimista, la humanidad, de quien se erige en portavoz, se opone al ‘nacionalismo egoísta’. El recibimiento en Europa es apoteósico pero las negociaciones se tuercen. Por un lado, 37 senadores presentan una resolución contra el proyecto de Sociedad de Naciones, por otro las ‘fieras’ europeas están empecinadas en sus intereses particulares y son incapaces de llegar a ningún acuerdo.

El Tratado de Versalles se firmará, pero los senadores se empecinan en no ratificarlo y mantener EEUU fuera de la Sociedad de Naciones. Ellos también buscan la paz, pero una ‘paz realista que podamos mantener, que no desvirtúe nuestro poder y recursos’.  Wilson se ve impelido a realizar una agotadora gira por todo el país buscando apoyos que terminarán provocándole una apoplejía justo en el momento en que profetiza que su fracaso provocará el reino de la ‘obscuridad’ y la ‘pesadilla’, llegando un día en que la ‘venganza divina’ traerá otro conflicto donde ‘no morirán cientos de miles de americanos sino millones hasta alcanzar la libertad definitiva de los pueblos del mundo’. El siguiente presidente, Harding, será un obstinado opositor a la Sociedad de Naciones. El Idealismo ha fracasado, Estados Unidos mantendrá su posición aislacionista. Wilson abandona la Casa Blanca profetizando de nuevo: sus ideales vencerán, esto solo es el principio, los ideales de la Sociedad de Naciones han ‘arraigado en el corazón de los hombres’.

Si analizamos la película en su contexto histórico funciona mejor en un plano justificatorio de la posición internacional que EEUU mantiene durante su participación en la 2º Guerra Mundial. Más que escuchar el discurso wilsoniano de los 14 puntos, escuchamos a F.D. Roosevelt en su discurso de las Cuatro Libertades y su visión del “One World”. Los espectadores americanos deben conocer y compartir las motivaciones políticas y sobre todo la necesidad moral de abandonar el aislacionismo e intervenir. Frente a un Wilson comprometido, decente y valiente, las concepciones realistas son representadas por personajes oscuros e interesados. Pero estamos  en 1944, y muchos postulados realistas han sido asimilados, sutilmente planea ya sobre toda la trama la imagen de ser el país elegido, solo EEUU es capaz de imponer esa paz y libertad de los pueblos.

La película tiene otros dos elementos destacables. El primero es su tratamiento de las campañas electorales,  especialmente de la Convención Demócrata de 1912, desde un ángulo crítico y condescendiente, presentando actitudes y modos políticos que ya entonces dan por superados. Por otro lado, la presentación de la Casa Blanca como elemento narrativo y mitológico que tantas veces se repetirá posteriormente. Aun así nos encontramos ante una película mediocre que en su momento supuso un gran fracaso económico al estudio. El propio D.F. Zanuck llegó a declarar que “nuestros dos millones de pérdidas con Wilson es el mejor argumento contra la sandez de hacer películas políticas”.