UN MUNDO QUE GANAR. HISTORIA LA IZQUIERDA EN EUROPA, 1850-2000 – GEOFF ELEY
UN MUNDO QUE GANAR. HISTORIA LA IZQUIERDA EN EUROPA, 1850-2000 – GEOFF ELEY
Procedo a realizar la recensión de Un mundo que ganar. Historia de la Izquierda en Europa, 1850-2000, editada en Barcelona por la Editorial Crítica en 2003. Originalmente se publicó en Nueva York en 2002, por Oxford University Press, bajo el título Forging Democracy. The History of the left in Europe, 1850-2000. Estamos ante una obra elaborada por Geoffrey Eley. La traducción española es de Jordi Beltrán. He utilizado la primera edición de 682 páginas.
Geoff Eley (Burton upon Trent, Gran Bretaña, 1949) es un historiador inglés que, tras graduarse en las universidades de Sussex y Oxford y unos años enseñando en Cambridge, ha desarrollado desde 1979 su carrera en la Universidad de Michigan, donde ha dirigido los departamentos de Historia Contemporánea y de Estudios Alemanes. Actualmente es el Catedrático de Historia Contemporánea en dicha universidad americana a las afueras de Detroit. Reconoce en su formación la influencia de los pensadores de la New Left Review liderada por Perry Anderson y el grupo de historiadores de marxistas ingleses como Hobsbawm, Thompson, Hill y Rudé. Tras llegar a los EEUU reconoce como sus mayores influencias a Stuart Hall, Gramsci, Laclau o Foucault entre otros. “Políticamente entre la mitad de los 70 y los 80 me sentía más cercano a una especie de feminismo de izquierdas eurocomunista” [1].
Eley se dio a conocer en 1984 con la publicación junto a David Blackbourn de Peculiaridades de la Historia Alemana[2], donde intentaban desmontar la tradicional teoría del Sonderweg, la “vía especial” hacia la democracia que habría seguido Alemania a diferencia del resto de Europa. Utilizando un análisis marxista, para Eley y Blackbourn, no solo no existiría una “vía normal” hacia la democratización en Europa, sino que los rasgos aristocráticos o la importancia y existencia de una clase burguesa en Alemania tampoco diferirían del resto de países del continente. Posteriormente a lo largo de las décadas de los 80 y 90 publicó numerosas monografías sobre el pensamiento y el nacionalismo alemán, el fascismo, y la historia alemana. Será a principios del siglo XXI cuando redacte el libro que hoy recensionamos, ampliamente referenciado y traducido. Posteriormente, en 2005, publicará El futuro de la clase en la Historia[3], donde expresa la necesidad de mantener el estudio de lo social y lo cultural en yuxtaposición, así como la vigencia de la clase social como un concepto plenamente en vigor para el estudio de las relaciones sociales y políticas. En 2009[4] y 2013[5] recuperó su especialización en la peculiaridad alemana, buscando que pudo haber sido particular y que no en su historia, que influencia tuvo en la misma su imperialismo o la vigencia del racismo tras la caída del nazismo. Ahora mismo estaría preparando una historia general del siglo XX europeo y sigue dando clases sobre historia del terrorismo, migraciones y cambio climático[6].
Eley nos dice que concibió este volumen durante la década de los 90 del pasado siglo, en el momento en que el derrumbamiento del “socialismo realmente existente” habría propiciado una identificación de los avances democráticos con el liberalismo y las fórmulas electorales. De esta forma plantea como su principal intención “volver a llevar la historia de la democracia a la historia de la izquierda […] recuperar para la izquierda parte del terreno político que o bien se había perdido o al que se había renunciado durante los dramáticos cambios sociales y políticos del último cuarto del siglo XX”[7]. De ahí su título en inglés, Forging democracy, que vincula directamente e incluso busca la igualación de los conceptos de democracia e izquierda, como él mismo establece en el Prefacio: “definimos la izquierda de acuerdo con criterios de democracia en lugar de socialismo”[8]. De este modo amplia los límites tradicionales del estudio de la izquierda europea, incluyendo todo tipo de movimientos sociales que desbordan el movimiento socialista representado habitualmente por los partidos socialistas y comunistas, sumando también la historia del feminismo, que tampoco ha sido integrada en las historias generales de la izquierda, el nacimiento y desarrollo de la llamada nueva izquierda que se manifestará en Europa tras mayo del 68, y por último ampliando sus límites espaciales, incluyendo al este y sur de Europa, también habitualmente ignorados en la bibliografía general sobre la materia.
Decide comenzar su historia de la izquierda a mitad del sg. XIX para finalizarla con el cambio de milenio. Para ello estructura su obra en cuatro periodos temporales diferenciados, “en torno a los periodos más importantes de agitación social generalizada […] el decenio de 1860, 1914-1923, 1943-1947, 1989-1992”[9]), pero sin olvidar referenciar acontecimientos anteriores o incluso procesos que se alejan de las experiencias europeas. Para el autor, estos “periodos de agitación social” no solo son esenciales para delimitar las diferentes tendencias y actores de las izquierdas, sino que son determinantes para forjar esa democracia que actualmente disfruta Europa. De este modo, en otro momento del libro llega a denominarlos “momentos de gestación constitucional transnacional en la historia moderna de Europa”[10]. Existirían otra serie de hitos relevantes en la historia de la izquierda o de la democracia europea como las revoluciones de 1848, los frentes populares de los años 30, o mayo de 1968, pero solo los anteriores “culminaron en importantes cambios estructurales”9. Estos procesos serán en algunas ocasiones impulsados desde movimientos y partidos de izquierda, pero en la mayoría de los casos estos se limitarán a influir una vez que se produzcan, siendo en numerosas ocasiones desbordadas estas organizaciones por los propios acontecimientos o sus propias bases. No estamos ante una obra benevolente hacia los partidos o los pensadores de izquierda, estos se nos presentan la mayoría de las veces de forma reactiva ante los acontecimientos, en numerosas ocasiones presos del dogmatismo o la improvisación, e incluso opuestos a trasformaciones que posteriormente asumirán como propias.
Eley imprime a su obra un estilo narrativo, así introduce cada una de sus partes mediante historias personales que personifican las contradicciones de cada época. Busca establecer continuamente hipótesis generales, pero a la vez intenta ser omnímodo y exhaustivo, intentando no dejar ningún espacio, proceso o personaje principal fuera de su texto. Estamos ante un libro denso y en ocasiones atiborrado de información, la cual es ampliamente referenciada, más de un cuarto de su extensión es ocupado por las notas, índices y una bibliografía que se acerca a las 2.000 reseñas.
Dedica la primera de sus cuatro partes al periodo que abarca desde 1850 al comienzo de la Guerra Mundial de 1914. Parte de la tesis de que solo a partir de la década de 1860, y debido al avance en el parlamentarismo y la apertura en los estados nación que se produjo hasta la Comuna de 1871, pudo imponerse, en el ámbito de la izquierda, el modelo de partido socialdemócrata frente a una tradición anterior de movimientos utópicos y conspirativos. Estos partidos socialdemócratas, nacionales y centralistas, irán evolucionando y creciendo en consonancia con la consecución del sufragio universal masculino, y siempre en alianza con otros movimientos sociales o partidos políticos liberales. La socialdemocracia aceptará en estos momentos los métodos parlamentarios y constitucionalistas, abandonando el método revolucionario y conspirativo, buscando la expansión del estado democrático. Dos extremos son personificados por el laborismo inglés, claramente supeditado al Partido Liberal hasta la aprobación del sufragio universal en la década de los años 20, y por otro lado las socialdemocracias escandinavas, que en colaboración con movimientos agrarios o liberales tendrán desde tiempos muy tempranos influencia sobre sus respectivos países. Elis establece que el grado de constitucionalismo liberal y su fórmula electoral está directamente relacionado con la emergencia socialdemócrata. Así, esta se asentaría antes y de forma más amplia en aquellos regímenes más abiertos y representativos, mientras que en aquellos otros más cerrados y represivos, serán las fórmulas conspirativas, principalmente el anarquismo o los radicalismos agrarios, quienes tengan mayor protagonismo, como demostrarían el caso italiano, ruso y español. Marx y Engels son las figuras centrales del periodo, quienes introducen el materialismo, el concepto de clase social y las condiciones socioeconómicas del capitalismo industrial en el núcleo del credo socialdemócrata a la vez que potencian el modelo de partido de masas. Las dos primeras internacionales serán el núcleo uniformador de los distintos partidos europeos, si bien cada uno de ellos tiene características y un modelo de expansión propio, fuertemente determinado por su contexto político, social e institucional. El sindicato de clase aparece también en estos momentos, a caballo de la aparición del Partido y como elemento complementario del mismo. Esta izquierda tendrá sus limitaciones como su actitud hacia el colonialismo o hacia el feminismo y el papel de la mujer, con notorias excepciones. En definitiva, será en este periodo cuando la izquierda logre unificarse bajo el manto de partidos de masas que posteriormente se convertirán en modelo universal para todo el resto de ideologías y tendencias, creando una verdadera cultura socialista internacionalista y con la ambición de lograr una sociedad futura, que si bien no estaba suficientemente definida, si conseguía crear una esperanza y un optimismo colectivo que recogía en cierto modo la tradición utópica de la izquierda anterior.
La segunda parte del libro se desarrolla entre el momento en que estalla la Primera Guerra Mundial y 1923, con el final de la Guerra Civil Rusa y momento en que para el autor se ha frenado en Europa toda la oleada revolucionaria provocada tras la Gran Guerra. Naturalmente el episodio fundamental será la revolución bolchevique de 1917, y su principal consecuencia, la división de la izquierda entre socialdemócratas y comunistas. Para Elis, el terremoto estructural que supuso el final de la guerra traería “la agitación revolucionaria de 1918 [que] fue un fenómeno paneuropeo más amplio y resultante de las consecuencias genéricas de la guerra, tanto de la economía intervencionista de guerra como de los consiguientes cambios en las relaciones entre el Estado y la sociedad y la resistencia popular a los sacrificios opresivos”[11]. Si los diferentes consensos nacionales dentro de los partidos socialistas al principio de la guerra habían conseguido moderar sus posiciones, el desarrollo de la misma daría rienda suelta a las posiciones más radicales y la recuperación del modelo revolucionario que se había abandonado en décadas anteriores. Los países vencedores, principalmente Francia y Gran Bretaña consiguieron mantener sus estructuras estatales gracias a avances en el derecho electoral y mínimos pactos sociales. Pero las potencias perdedoras serán sometidas a olas revolucionarias que irán reprimiendo sucesivamente, con la excepción de Rusia, donde finalmente triunfa. Italia y Alemania serán dos de los principales focos para la izquierda revolucionaria. En Italia, con gran importancia de la movilización campesina, la consecuencia será la ascensión del fascismo en ese mismo 1923. En Alemania, el resultado de todo el periodo será la configuración de una socialdemocracia personificada en la naciente república de Weimar, erigida como oposición radical al revolucionarismo comunista. Checoslovaquia, Austria, Hungría o la propia España son otros focos de este proceso paneuropeo de protesta y movilización. Desde este momento y hasta los años 90 la izquierda se escindirá en dos tradiciones contrapuestas: una reformista representada por los partidos socialdemócratas y otra rupturista y revolucionaria personificada en los partidos comunistas. Ambas tendrán tantos matices como partidos existan, pero de modo general les diferenciarán el internacionalismo comunista y su búsqueda de la polarización y la ruptura revolucionaria radical frente la constitucionalización e institucionalización definitiva de las socialdemocracias. En los primeros años 20 todos los partidos socialdemócratas habrán sufrido escisiones comunistas, ya en 1919 se crea una III Internacional que abriga dichos movimientos, consiguiendo integrar y uniformar todos los radicalismos de la postguerra, pero introduciendo una perniciosa rigidez que se iría acentuando con el tiempo. Pero para el autor, este es un momento constitucional definitivo para los estados europeos, de enorme avance y conquistas democráticas que se conseguirán gracias precisamente a todo ese proceso revolucionario, violento y combativo. Es una de las tesis principales de su libro, todo avance, toda reforma se ha conseguido y se consigue habitualmente tras un proceso de movilización que conlleva naturalmente actos violentos. Para Elis todas las luchas que siguieron a la guerra mundial confirman esta hipótesis: “la democracia no se ‘da’ ni se ‘concede’. Requiere conflicto, a saber: desafíos valerosos a la autoridad, riesgos y temerarios actos ejemplares, testimonio ético, enfrentamientos violentos y crisis generales en las cuales se desmorone el orden sociopolítico dado”[12].
En su tercera parte, el libro analiza el periodo entre 1923 y la revolución húngara de 1956. Pese a no llegar al cuarto de siglo, nos encontramos en uno de los periodos más variables y convulsos de la historia europea. Para los partidos socialdemócratas, los años de entreguerras serán los que vean su acceso al poder en diferentes estados europeos. Si bien, ya existían partidos socialdemócratas en gobiernos escandinavos antes de la guerra, durante estos años alcanzarán el mismo en Alemania, Gran Bretaña, Francia o la mismísima España republicana. El ascenso del fascismo y el nacismo colocará a la socialdemocracia dentro de los frentes populares y el final de la Segunda Guerra Mundial verá la eclosión de cierto consenso socialdemócrata basado en los principios keynesianos, principios redistributivos y el corporativismo, que abrirá las tres décadas gloriosas de los Estados de Bienestar, principalmente en colaboración con los democratacristianos. Weimar se convierte en la personificación de las virtudes y el fracaso de la socialdemocracia de la época. Desde el lado comunista, el estalinismo marca todo el periodo. Primero la deriva hacia la dictadura totalitaria y el integrismo, junto a la rigidez y la uniformidad de todos los movimientos comunistas bajo el control de la Comintern, al servicio de los intereses soviéticos, personificado en el abandono del internacionalismo por la teoría del comunismo de un solo país. Posteriormente, los años 30 verán la creación de los frentes populares como herramienta de lucha contra el fascismo y las derechas europeas, que una vez en guerra con Alemania se reconvertirá en el concepto de lucha contra el fascismo. El final de la guerra marca el momento de expansión soviético que impondrá en toda su área de influencia las democracias populares entre los años 45 y 49. La división de Alemania marca el comienzo de la Guerra Fría que no retrocede tras la muerte de Stalin en 1953. La actitud de la URSS hacia la Yugoslavia de Tito o la represión de las protestas en Berlín y la Revolución Húngara de 1956 muestran la intransigencia y la rigidez del modelo soviético. Pese a un primer momento de expansión en diversos estados, solo el Partido Comunista Italiano, y en cierto modo el francés, conseguirán mantener cierto éxito electoral en el tiempo en los países de Europa Occidental, pero sin llegar en ningún momento a ocupar el poder y marcando poco a poco diferencias con los soviéticos. Para Elis son años también de eclosión del papel de la mujer en la sociedad y revolucionarios en la propia estructura familiar, en muchas ocasiones determinadas por las circunstancias de la propia guerra. Los partidos de izquierda no estarán a la altura, demostrando concepciones morales contradictorias a sus concepciones ideológicas. Son años también de eclosión de los movimientos anticolonialistas, en numerosas ocasiones bajo el amparo de partidos comunistas. Durante toda esta tercera parte los acontecimientos son de tal magnitud y velocidad que Elis se limita prácticamente a enumerarlos, abandonando en cierto modo el análisis comparativo. Me detendré en el papel que otorga al periodo republicano español y a su análisis de la Guerra Civil. Aquí encuentra un ejemplo perfecto para las contradicciones y errores de las socialdemocracias europeas de la época, así como para la importancia de otros movimientos radicales como el anarquismo o la conjunción con sectores de la burguesía liberal a la hora de gobernar. El papel del Partido Comunista durante la guerra se verá claramente influenciado por las necesidades soviéticas y el estalinismo, si bien será en España donde se fije la identificación del comunismo como antifascismo que posteriormente extenderá al resto de Europa.
La cuarta y última parte del libro quizá sea la más interesante, pues además de enumerar acontecimientos intenta un diagnóstico respecto a la crisis actual de la izquierda. Tres son sus principales ejes, la caída y práctica desaparición del modelo comunista, la crisis de los partidos socialdemócratas a final de siglo y sobre todo la emergencia de una tercera vía, la Nueva Izquierda, cristalizada a partir de todos los procesos que surgen desde Mayo de 1968. La desaparición del bloque comunista aparece como el resultado lógico de aplicar medidas aperturistas a un régimen totalitario. Para Elis, aun en 1968, la Primavera de Praga ofrecía esperanzas de un modelo que evolucionara desde el estalinismo a una solución mixta, progresista o incluso socialdemócrata. Pero el auge de la hegemonía neoliberal incompatible con un mercado socialista, y la falta de pluralismo y democratización, condenaron todos estos regímenes a su implosión. El papel del Partido Comunista Italiano, ya separado de las consignas soviéticas y desde los años 70 inmerso en la teoría del Compromiso Histórico, aparece como principal manifestación del recorrido que los movimientos comunistas tendrán en Europa. El eurocomunismo no logrará diferenciarse claramente del resto de socialdemocracias. Por otra parte, estas tendrán su momento de gloria hasta mediados de los años 70. Desde ese momento, y pese a éxitos electorales durante los 80 o finales de los 90, irán desinflándose gradualmente. Su separación del movimiento sindical, el abandono del keynesianismo y de sus bases sociales y el desvaciado ideológico en todos estos partidos les sumirán en una crisis que se prolongaría hasta este momento. Precisamente Elis coloca al PSOE de los años 80 como gran precursor de las políticas neoliberales que posteriormente defenderían los laboristas ingleses de la Tercera Vía de Tony Blair. La Nueva Izquierda, los nuevos movimientos sociales, serían consecuencia de la transición hacia una economía posfordista, postindustrial. Elis cree que las vivencias generacionales habrían tenido una gran influencia en el desarrollo de las izquierdas y las democracias europeas, así estos movimientos son clara consecuencia de aquellas generaciones que alcanzaron la mayoría de edad en los años 60 y han vivido en un mundo mucho menos convulso que el de sus generaciones anteriores, junto a la constatación de que el espacio para imaginar alternativas habría quedado reducido a la nada. De esta forma, los valores postmodernistas “fomentaron los deseos de conservación, energía limpia, igualdad de los géneros, sexualidad plural, multiculturalismo, comprensión internacional y libertad de expresión artística y estilística”[13]. El feminismo, los movimientos LGTBIQ, el pacifismo, el ecologismo, las nuevas políticas de identidad, son asuntos sociales que no se asimilaban a las políticas de clase, aparecen en un principio enfrentados a los diversos partidos de izquierda que finalmente acabarán por asumirlos. Vemos aquí la plasmación de la principal tesis del libro, como la izquierda se configura como todo aquello que va asimilando las diferentes demandas de la gente. Es la calle quien presiona y los partidos de izquierda quienes van integrando estas demandas en su núcleo programático, para finalmente asumir su defensa y conseguir ampliar los márgenes democráticos de las distintas sociedades. Por ello, para Elis, “cuando de nuevo se empiecen a imaginar formas factibles de ampliación de la democracia, tanto los partidos socialistas existentes como el depósito más hondo de sus historias continuarán interpretando un papel indispensable”[14].
Estamos ante una obra ambiciosa que intenta aglutinar con exhaustividad un periodo y unos actores prácticamente inabarcables. Quizá aquí esté su mayor defecto. Por un lado, se configura como un ensayo para iniciados, no como obra de iniciación. Sin una sólida base respecto a la historia contemporánea de Europa es difícil seguir el guion del mismo. Por otro lado, en numerosos momentos es demasiado exhaustivo a la hora de mencionar sucesos o actores, lo que puede ayudarnos a la hora de profundizar posteriormente en cada uno de ellos, pero a la vez dificulta la comprensión general. En algunas ocasiones también peca de localismo. Así, desmenuza la historia del laborismo y sindicalismo inglés con un nivel de precisión que falta respecto al resto de naciones. Esto llega a la exageración, por ejemplo, en el caso de la Nueva Izquierda inglesa, donde prácticamente menciona hasta los grupúsculos o situaciones más insólitas y minoritarias. También en la columna del debe echo en falta mayor aproximación (y diversidad) respecto a los diferentes ideólogos de la izquierda. Si bien en la primera parte, desarrolla correctamente tanto a Marx como a Engels y sus precursores, en el resto del libro apenas resume a Gramsci o la Escuela de Frankfurt, obviando numerosas figuras de las últimas décadas.
Respecto a sus conclusiones, en ocasiones no he terminado de encontrar la lógica entre sus presupuestos y los datos que ofrece. Así, su tesis principal: debemos todos los avances democráticos a la izquierda, no acaba de ser convincentemente demostrada. En otras ocasiones peca de generalización, como es el caso del tratamiento que da al caso español, escaso, y donde no encontramos más que generalidades respecto a la importancia del anarquismo o un resumen de la historia republicana que no sustenta en análisis más complejos. También, en su afán totalizador, incluye todo tipo de afirmaciones que como mínimo resultan sorprendentes, como es el caso de vincular las raves musicales a una manifestación de la izquierda.
Ahora bien, pese a estas debilidades, en conjunto estamos ante un libro excepcional, que me ha resultado de gran ayuda a la hora de reflexionar sobre el significado, el sentido y la historia de la izquierda, la democracia y la propia Europa. Aporta una visión feminista que me ha resultado enormemente novedosa y reveladora. Su lectura dispone constantemente a la profundización de la materia y a la consulta de todo tipo de bibliografía. Me ha gustado especialmente la presentación de una izquierda que va mas allá de los partidos socialistas y comunistas, el análisis que dedica a la conformación del concepto de clase, y su visión (imparcial y creo que novedosa) respecto a la relación entre los diferentes partidos y los procesos sociales. Agradezco que evite la simple enumeración lineal de fechas o lideres e intente ir más allá buscando líneas de conexión que ayuden a entender mejor un periodo tan amplio. También me ha encantado el análisis que al final del libro dedica a la situación actual de los diversos movimientos de izquierda, posiblemente sean sus conclusiones al respecto las que me han parecido más acertadas.
[1] ELEY, G., SOUVLIS, G.- Europe, Democracy and the left: an interview with Geoff Eley. Savage. 15 de agosto de 2016. https://salvage.zone/online-exclusive/europe-democracy-and-the-left-an-interview-with-geoff-eley/. Consultado el 5 de enero 2020.
[2] BLACKBOURN, D., ELEY, G. The peculiarities of German history: bourgeois society and politics in nineteenth-century Germany. 1984. New York. Oxford University Press. En 1989, la Fundación Pablo Iglesias tradujo en el número 53 de su revista Zona Abierta su capítulo introductorio bajo el título Peculiaridades de la historia alemana: la sociedad burguesa y la política en la Alemania del siglo XIX.
[3] ELEY, G., NIELD, K. The future of Class in History. 2007. Ann Arbor, Michigan. University of Michigan Press.
[4] ELEY, G. After the Nazi racial State: Difference and democracy in Germany and Europe. 2009. Ann Arbor. University of Michigan Press
[5] ELEY, G. Nazism as Fascim: Violence, ideology, and the ground of consent in Germany, 1930-1945. 2013. Londres. Routledge.
[6] Geoff Eley- faculty fellow. Eisenberg Institute for Historical Studies. University of Michigan. https://lsa.umich.edu/eihs/people/fellows/geoff-eley.html . Consultado el 5 de enero 2020.
[7] ELEY, G. Un mundo que ganar. Historia de la izquierda en Europa, 1850-2000. 2003. Barcelona. Critica. Pg. IX.
[8] ELEY (2003). Pg. XI
[9] ELEY (2003). Pg. XII
[10] ELEY (2003). Pg. 6
[11] ELEY (2003). Pg. 222
[12] ELEY (2003). Pg. 6
[13] ELEY (2003). Pg. 465
[14] ELEY (2003). Pg. 499

