Política

La OTAN en la Administración Trump

La OTAN en la Administración Trump

Este artículo se centrará enlos posibles cambios que la presidencia de Donald Trump pueda haber impulsado en la Administración norteamericana respecto a esta organización. Para ello lo estructuraré en cuatro partes: en la primera analizaré el estado de las relaciones entre la OTAN y los Estados Unidos durante la Administración Obama. Intentaré hacer un balance de la situación que heredó el gobierno de Donald Trump. En segundo lugar, resumiré la visión y las propuestas de Trump durante la campaña electoral y el periodo de Transición. Elaboraré un recorrido temporal de declaraciones donde veremos la evolución del asunto para el candidato. En la tercera parte examinaré las políticas y manifestaciones de la incipiente Administración Trump respecto a la organización atlántica, centrándonos especialmente en la Cumbre de Bruselas de mayo 2017 y en la Nueva Estrategia Nacional de Seguridad de diciembre 2017. La cercanía a los hechos también me obligará a una exposición cronológica de su actuación en estos últimos meses. Por último finalizaré con mis conclusiones.

 

EL VALOR DE LA OTAN PARA LA ADMINISTRACIÓN OBAMA

           El 8 y 9 de julio de 2016 la OTAN celebró en Varsovia su 28ª cumbre. Durante ella el Presidente Obama ofreció una rueda de prensa  donde reiteró que “en los buenos y malos tiempos, Europa puede contar con los Estados Unidos, siempre  (…) no solo hemos reafirmado nuestro compromiso con las obligaciones del Artículo 5 respecto a nuestra seguridad en común, sino que hemos ido más allá, con el refuerzo más significativo en nuestra defensa colectiva desde la Guerra Fría”. Todo ello bajo un contexto donde “quizá en los casi 70 años de la Alianza nunca nos hayamos enfrentado a tal cantidad de desafíos a la vez[1].  Resumió dichos desafíos en cuatro grandes temas: los ataques terroristas de ISIS a los países miembros, Rusia con su injerencia en la soberanía ucraniana y su “comportamiento provocador” hacia diversos aliados de la OTAN, la crisis de migración provocada fundamentalmente por la guerra en Siria y el voto a favor del Brexit producido el mes anterior a la cumbre. Obama resumió su visión estableciendo que “la OTAN es tan fuerte, tan ágil y está tan preparado como siempre (…) nadie debería dudar de la resolución de esta Alianza de permanecer unidos y enfocados en el futuro” 1.

Pese a estas intenciones que a primera vista parecen claras, muchos analistas han definido la política exterior de la Administración Obama como ambigua: si bien se subraya cierta distensión respecto a la anterior Administración Bush, también se presenta como decepcionante e incluso fallida. Así se la ha clasificado generalmente como pragmática, para algunos, Obama ha intentado ser a la vez un realista y un idealista. Christian Nünlist resume que “si bien no ha existido una “Doctrina Obama” oficial entre 2009 y 2016, su visión de la política exterior se basó en una deliberación estratégica. Su política exterior ha sido marcada por la conciencia de que Estados Unidos tiene cada vez menos recursos para enfrentar desafíos cada vez más complejos. Por tanto, el Presidente redujo los intereses estratégicos del país y se centró en aquellos asuntos especialmente urgentes de política exterior” [2]. Stephen M. Walt cree que se ha consumado una tragedia en política exterior, pues “tuvo la oportunidad de remodelar el papel de los Estados Unidos en el mundo, y en ocasiones pareció que quería hacerlo. La crisis de 2008-2009 fue el momento ideal para abandonar la fallida estrategia de ser el hegemón liberal que los Estados Unidos habían perseguido desde el final de la Guerra Fría, pero al final Obama nunca rompió con ese enfoque familiar pero fallido” [3]. Resumiendo, según nos dice Geoff Dyer, Obama habría “intentado llevar a su país a una nueva era de ambiciones en política exterior más modestas que reflejaran las realidades de un mundo multipolar, pero que deja al gobierno enfrentando crecientes confrontaciones geopolíticas con potencias emergentes como Rusia y China”  [4].

Si nos centramos en las relaciones trasatlánticas, Obama intentó al principio de su mandato seguir dos caminos: restaurar las dañadas relaciones con los socios europeos, y a la vez intentar mantener el liderazgo estratégico y militar global de los Estados Unidos pero a un menor precio. “Frente al uso del poderío militar, Obama preferirá la participación y la negociación, el multilateralismo, compartir la carga, y las respuestas colectivas a los problemas y desafíos globales. En Europa, su demanda de compartir la carga no ha caído en saco roto. Así, la Canciller Merkel ha jugado un papel principal en el intento de resolver la crisis de Ucrania diplomáticamente. Los europeos también han extendido su apoyo militar a los Estados Unidos frente a lo usual de cara a aumentar la tranquilidad y la disuasión con la OTAN y la lucha contra ISIS” 2.

Reflejo de esta intención será el Tercer Concepto Estratégico de la OTAN aprobado en la cumbre de Lisboa de 2010, donde se establece que muchas de las amenazas que afrontan los países miembros proceden de fuera de su vecindad inmediata, así la organización deberá tener mayor presencia de fuerzas desplegables en otros puntos del globo o actuar contra nuevas amenazas como la ciberseguridad. Punto fundamental de este Concepto Estratégico será la imposición de actuación de acuerdo con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y una mayor cooperación con la Unión Europea. Ideas similares encontraremos en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2010 de la propia Administración estadounidense que reitera el papel fundamental de la OTAN dentro de su concepción geopolítica de la defensa y la seguridad.

Junto a estas declaraciones de intenciones, encontraremos dos líneas de actuación respecto a la defensa europea que contradicen en cierto modo las manifestaciones anteriores. Así, desde el principio de su mandato, el foco de atención de la Administración Obama se situó en incrementar su papel en la región Asia-Pacífico, incluyendo los ámbitos de su política económica, exterior y de seguridad, en detrimento según muchos de su relación con los países europeos. Este cambio estratégico se reflejó así en una entrevista a Obama de 2010 el director de El País donde éste le pregunta: “en su último desplazamiento al exterior usted consumió 10 días en Asia y pasó tres en India. En cambio, solo va a estar tres horas en Lisboa con los líderes de la Unión Europea. ¿Es eso el reflejo de las nuevas prioridades de su política exterior? “  [5]

Una segunda línea de actuación que muchos analistas resaltan, sería el deseo americano de impulsar a los países europeos a asumir su propia responsabilidad en materias de defensa y seguridad. Javier García presenta en su artículo como los EE.UU. buscaron reequilibrar su posición en una época de escasez de recursos, tanto respecto al número de efectivos americanos en Europa como en el cumplimiento de la directriz de dedicar al menos el 2% del PNB a defensa. 

La propia Unión Europea pareció recoger este guante en su Estrategia global para la política exterior y de seguridad de 2016, “Una visión común, una actuación conjunta: una Europa más fuerte”, manifestando la ambición de llegar a una “autonomía estratégica” para la Unión Europea. Sin cuestionar que la OTAN es el marco principal de cooperación en defensa colectiva para la mayor parte de los estados de la Unión, pero sin olvidar que “la UE necesita consolidarse como comunidad de seguridad: los esfuerzos en materia de seguridad y defensa europeas deberían capacitar a la UE para que actúe de manera autónoma y contribuya también a emprender acciones en cooperación con la OTAN. Una defensa europea más fiable es indispensable también en aras de una  asociación transatlántica saneada con los Estados Unidos” [6]

No obstante, algunos analistas presentan a Obama como el menos atlantista de los presidentes desde la postguerra, alguien que ve a la OTAN como una mera reliquia de la Guerra Fría.

Cronológicamente, y refiriéndonos al ámbito de las relaciones euro-atlánticas, el gobierno Obama se inauguró con un intento de distensión con Rusia. La firma del nuevo tratado START en 2009 o el abandono como prioridad de la extensión de la OTAN hacia el entorno de países post-soviéticos reflejan esta tentativa. También la retirada de tropas de la coalición de Irak y el nuevo estilo de la diplomacia americana ayudo a destensar las relaciones entre los propios miembros de la alianza. Pero las sucesivas crisis de Libia y Siria pondrán de nuevo de manifiesto las discrepancias entre los mismos miembros, aunque el deterioro de las relaciones con Rusia a partir de la anexión de Crimea en 2014 y el conflicto con Ucrania será lo que vuelva a colocar a la OTAN como un actor esencial de la política europea y estadounidense. Esta reaparición de la amenaza rusa conllevó un considerable aumento del presupuesto estadounidense destinado a fortalecer la frontera Este-europea de los países miembros de la OTAN.

Durante su mandato la Administración Obama aprobó dos Estrategias Nacionales de Seguridad, en 2010 y 2015. Analizando la última de ellas en relación a Europa y la OTAN, ya se advertía que en respuesta a las recientes agresiones rusas, los Estados Unidos estaban dispuestos a incrementar la presencia militar en Europa. Precisamente las amenazas provenientes de ISIS y Rusia se presentaban como causa principal para actualizar la Estrategia. En ella se incorporaba la noción de “paciencia estratégica” como respuesta a los nuevos retos, mediante la idea de construir la seguridad por medio de la legislación internacional, las alianzas y coaliciones y mediante acciones militares unilaterales reservadas para la defensa de los intereses americanos.

La OTAN se enfatiza como crucial a la hora  de construir esta seguridad internacional, no solo dentro de los aspectos de una defensa colectiva, sino desarrollando capacidades dentro de otros dos ámbitos: la gestión de crisis (también fuera del área euro-atlántica) y la seguridad cooperativa (que incluiría tanto asistencia en seguridad como entrenamiento de aliados). Para ello la estrategia 2015 solicitaba que los aliados europeos incrementaran sus presupuestos en defensa y tomen más responsabilidad respecto a su propia seguridad. Además frente a amenazas como ISIS veía esencial que se fortaleciera la unidad de la Alianza y su capacidad para defender su territorio y el de otros aliados. En contrapartida, la Administración Obama ofrecía la finalización de los recortes de los últimos años en el presupuesto americano de defensa y seguridad destinado a Europa, mayor presencia de fuerzas militares e inversiones.

Resumiríamos la posición de la Administración Obama respecto a los socios europeos y la OTAN en cinco puntos principales:

  • Mejora de las relaciones bilaterales y diplomática con los países aliados respecto a la anterior Administración Bush.
  • Durante los primeros años de su mandato, voluntad de los EEUU de reducir su participación en la defensa europea en relación a otras prioridades geoestratégicas, principalmente el ámbito Asia-Pacífico. Asunción de una nueva etapa de multipolaridad, donde Europa ya no es un campo estratégico y primordial para la seguridad y defensa norteamericana. Pero al final de su mandato, las amenazas Rusas y del ISIS volverán a colocar Europa como prioridad estratégica americana.
  • Incremento del multilateralismo, ya no solo dentro de la Alianza Atlántica, sino de esta respecto a otras organizaciones y actores internacionales.
  • Decidido apoyo estadounidense a la integración europea, como vehículo para conseguir la independencia europea en materia de seguridad y defensa.
  • Evolución de la OTAN hacia una organización implicada en una seguridad global, más allá de las propias fronteras europeas y de los ámbitos clásicos de defensa (terrorismo internacional, ciberseguridad, crisis migratorias…)

  

LA PRESENCIA DE LA OTAN EN LA CAMPAÑA DE TRUMP Y EL PERIODO DE TRANSICIÓN

           La afirmación que antes indicábamos de Obama durante la cumbre de Varsovia de julio 2016, respecto a que “Europa puede contar con los Estados Unidos, siempre” venia claramente provocada por las críticas que en aquel momento realizaba a la organización Donald Trump, en aquel entonces candidato in pectore del Partido Republicano a las elecciones presidenciales.

Si bien Trump ya había manifestado sus reticencias anteriormente hacia la OTAN, las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales, será en abril de 2016 cuando recrudezca sus críticas. En ese momento tal solo compite contra el senador Ted Cruz para la nominación republicana, pero su ventaja en delegados le coloca ya en una posición imbatible. Tras una entrevista con el New York Times, y durante un mitin en Wisconsin, Trump aduce que la OTAN es una organización obsoleta que mejor estaría disuelta. Su principal argumento es que el resto de los miembros de la alianza no estarían pagando un precio justo en comparación con los Estados Unidos. Según el candidato, mientras los EEUU estarían protegiendo a sus socios, estos estarían estafando a los americanos. Solo habría una solución posible: o el resto de miembros de la alianza paga por todas esas deficiencias pasadas o tendrían que irse. Según Trump, la OTAN habría sido un instrumento diseñado para luchar contra la Unión Soviética, que ya no existe, no fue diseñada para luchar contra el terrorismo que hoy sería el problema principal, por esta razón es obsoleta. Asegura que Estados Unidos no puede ser el policía del mundo mientras mantiene una deuda externa de 20 trillones de dólares.

Posteriormente en una nueva entrevista con el New York Times (y coincidiendo con el final de la Cumbre de Varsovia), añadiría a sus críticas que en caso de ser elegido presidente no respaldaría automáticamente a los aliados de la OTAN en caso de un ataque ruso, en contradicción con el artículo 5 de la alianza. Según Trump, solo defendería a aquellos países “que hayan cumplido totalmente sus obligaciones con nosotros” [7] y hayan contribuido a la alianza.

Su visión de la OTAN se enmarca perfectamente dentro de un discurso definido mediante una simple idea: América First. Los males de los estadounidenses provienen del exterior, la globalización y el multilateralismo. Construirá su campaña en base a imágenes como el muro a construir en la frontera con México (que solucionaría la inmigración que provoca el desempleo de los americanos o la inseguridad relacionada con la delincuencia y el narcotráfico), la prohibición de entrada al país a emigrantes musulmanes (que frenaría el terrorismo); la denuncia de los tratados comerciales como el TTP con los países del Pacífico o el NAFTA con Canadá y México (causantes del desempleo, la deslocalización y la desindustrialización); o la promesa de cancelar el acuerdo de Paris contra el Cambio Climático (que no sería más que una invención de sus competidores comerciales para frenar y restringir el crecimiento económico norteamericano).

La doctrina del América First se presentaba como una solución más allá del unilateralismo y el aislacionismo. En todo caso prometía un cambio radical de las relaciones exteriores y geoestratégicas estadounidenses y como tal fue combatida radicalmente tanto por el resto de contendientes republicanos a la nominación, como por la otra candidata y el Partido Demócrata. Precisamente las críticas a unas posiciones calificadas como naif y peligrosamente desestabilizadoras por buena parte de los analistas provocaron en Septiembre de 2016 (en plena campaña por la presidencia contra la exsecretaria de estado Clinton) un brusco cambio de dirección en el discurso de Trump sobre defensa y seguridad. Primero presentó la adhesión a su candidatura de 88 generales retirados, declarando que “solo podemos hacer América grande de nuevo si aseguramos que nuestro ejército siga siendo la mejor fuerza de combate del mundo” [8]. Días después durante un mitin en Filadelfia, aseguró que ya no era un problema convertirse en el policía del mundo, ni era justo atacar al Congreso por el excesivo gasto en defensa. Todo lo contrario, ahora el candidato Trump ve necesario recuperar el tradicional discurso republicano: hay que aumentar los fondos destinados al ejército y la marina, se necesitan mejores sistemas defensivos de misiles, más barcos y aviones de combate. Si hasta entonces había estimado que los topes presupuestarios obligatorios a gastos de defensa eran demasiado flojos y deberían ser más estrictos, ahora aboga por su eliminación: la misión es reconstruir el ejército. Como gran promesa asegura que en caso de llegar a presidente solicitará a los generales un plan para acabar con ISIS en 30 días. Trump ha girado su discurso para convertirse en un halcón.

A final del mismo mes, Donald Trump rectificará también su imagen de la OTAN declarando que está completamente a favor de la alianza. Según sus nuevas afirmaciones, si antes opinaba que la OTAN estaba obsoleta era debido a que no centraba sus esfuerzos en la lucha contra el terrorismo. Aun así seguirá criticando que EEUU paga el 73% del coste de la alianza, lo que considera un gasto excesivo para proteger a otros países.

Su elección como presidente provocará que todas estas contradicciones pasen a primer término del debate político internacional, provocando diversas reacciones en todo tipo de ámbitos empujándole a mantener el statu quo existente y a definir lo antes posible su definitiva posición respecto a la alianza. Así, días después de ser elegido, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en un artículo en The Observer le recordó que “estar solo no es una opción” [9] o el ya presidente cesante Obama aseguró en su último viaje a Europa que Trump mantendría a EEUU en la OTAN.

Durante el periodo de transición entre administraciones no encontraremos referencias del presidente electo al ámbito defensivo o a la OTAN. Pero su equipo de transición mostró una enorme influencia de la Heritage Foundation, quién  editó un “Plan para la reforma: una agenda política integral para una nueva administración en 2017”. Este informe, elaborado por varios miembros del propio equipo de transición de Trump, indicaba como uno de sus principales objetivos que “para defender a Europa de Rusia y disuadir las amenazas rusas, EEUU necesita reinvertir en sus relaciones con los aliados europeos e insistir en que la OTAN se centre en controlar la agresión rusa (…) envalentonar a la OTAN y enviar un fuerte mensaje a Rusia[10]. El informe parecía sostener un cambio radical de dirección en el entorno de Trump respecto a las anteriores posiciones defendidas durante su campaña.

RELACIONES CON LA OTAN DE LA ADMINISTRACIÓN TRUMP

            Días después de la inauguración presidencial, la primer ministro británica Theresa May visitó la Casa Blanca y durante una rueda de prensa conjunta de los dos mandatarios su principal afirmación fue que Donald Trump le había asegurado que estaba al “100% a favor de la OTAN” [11]. Las crónicas señalan que Trump asintió ligeramente, sin pronunciar palabra sobre el tema. Durante aquellas semanas, una de las principales incógnitas respecto a la actuación de la nueva Administración consistió en conocer el grado de compromiso con la OTAN y los aliados europeos que Trump se proponía a implantar. Su apoyo al Brexit o sus ambiguas declaraciones respecto a Vladimir Putin se consideraban desde el lado europeo como más que preocupantes.

El primer movimiento oficial de la nueva administración vendrá protagonizado por la visita del nuevo Secretario de Defensa, General Jim Martins al Cuartel General de la OTAN en Bruselas en Febrero de 2017. Presentará al resto de ministros de defensa un ultimátum respecto a las obligaciones presupuestarias declarando que “los contribuyentes americanos no pueden mantener una carga desproporcionada en la defensa de los valores occidentales. (…). Los Americanos no pueden asegurar mejor el futuro de vuestros hijos que vosotros”[12]. El objetivo a alcanzar sería el mismo por el cual ya presionaba la Administración Obama, los socios deberán lograr un 2% del gasto de su PNB en el ámbito de seguridad y defensa. Pero junto con esta exigencia, Martins reafirmó la posición de anteriores administraciones americanas respecto a la alianza que “sigue siendo una base fundamental para los Estados Unidos y para toda la comunidad transatlántica, unidos como estamos juntos. Como ha declarado el presidente Trump, quién ofrece un gran apoyo para la OTAN” 12.

A continuación, ese mismo mes de febrero, el flamante vicepresidente Mike Pence realizó otra visita a las instituciones europeas y el cuartel general de la OTAN en Bruselas. Su misión principal será asegurar “el fuerte compromiso de los Estados Unidos para continuar con la cooperación y la asociación con la Unión Europea”[13], si bien también reiteró que “América cumplirá su parte, pero la defensa europea requiere el compromiso europeo tanto como el nuestro” 13.

Ambos viajes nos muestran la intención por parte de la nueva administración americana de apostar por un doble objetivo: de un lado tranquilizar a los aliados europeos respecto a las afirmaciones de Trump durante la campaña y por otro presentar ante la opinión pública estadounidense la imagen de que sí se intenta modificar el statu quo existente. No parece haber intención de cambiar la estrategia norteamericana respecto a la alianza, solo se presiona para que los países europeos se responsabilicen en el mantenimiento de la misma.

Apenas regrese el vicepresidente Pence de su gira europea, Donald Trump volverá a la carga con este objetivo en su primer discurso ante una sesión conjunta del Congreso en pleno, reiterando el mismo mensaje: “Apoyamos firmemente a la OTAN, una alianza forjada a través de los lazos de las dos Guerras Mundiales que destronaron al fascismo y una Guerra Fría que derrotó al comunismo. Pero nuestros socios deben cumplir con sus obligaciones financieras” [14]. Claramente es un discurso de consumo interno, pues ya desde ese momento anuncia que “ahora, basándonos en nuestras fuertes y francas discusiones, están empezando a hacerlo. Esperamos que nuestros socios, ya sea en la OTAN, en Medio Oriente o en el Pacífico, tomen una posición directa y significativa tanto en operaciones estratégicas como  militares, y paguen su parte justa de los costes” 14.

Desde esos primeros momentos hasta la cumbre de la OTAN en Bruselas el 25 de mayo de 2017, EEUU mantuvo esa dicotomía entre confirmar a los aliados su compromiso con la alianza y aumentar la presión sobre el coste de la misma. En marzo Angela Merkel visita Washington y Trump reitera su mantra declarando en la rueda de prensa que no es un aislacionista y que apoya completamente a la OTAN, si bien los aliados deben pagar su parte justa del coste de la defensa. Pero al día siguiente, demostrando su conocida inestabilidad de carácter, publicará en Twitter un mensaje despectivo diciendo que Alemania debe enormes sumas de dinero a la OTAN y que Estados Unidos debe ser compensado por la poderosa y carísima defensa que provee a Alemania.

En el mismo camino de confrontación, días después el Secretario de Estado Rex Tillerson decide no asistir a una reunión de ministros de exteriores de los miembros de la alianza en preparación de la cumbre de Mayo. Será la primera vez que un Secretario de Estado no asista a una reunión parecida desde 2003. La excusa será atender la visita del presidente chino a Mar-a-lago en Florida. Pero para evitar suspicacias Trump vuelve a confirmar su compromiso con la OTAN, su solicitud de que los miembros contribuyan económicamente a su sostenimiento y su intención de asistir a la cumbre de Bruselas. Finalmente se llegará a una solución de compromiso, modificando la fecha de la reunión y Tillerson asistiendo. Allí volverá a reiterar que “el Presidente Trump lo ha dejado claro, ya no es sostenible para los Estados Unidos mantener una parte desproporcionada de los costes de defensa de la OTAN” [15]. Además anuncia que la Administración americana desea que la OTAN haga más respecto a la lucha contra el terrorismo y que están trabajando en propuestas concretas donde la alianza pueda colaborar.

En Abril, el Secretario General de la OTAN Jens Stoltenberg visita la Casa Blanca y ofrece una rueda de prensa conjunta con Trump, donde éste declara que ya no considera obsoleta a la OTAN, que es una “gran alianza”[16], que la organización debería centrarse en la lucha contra el terrorismo y que deben asegurarse de que los miembros asuman sus obligaciones financieras y paguen lo que deben. Aprovechan la reunión para invitar a Montenegro a convertirse en el 29º miembro de la alianza. Posteriormente Stoltenberg declarará que está de acuerdo con Trump tanto en la doctrina respecto al terrorismo como en su reclamación sobre el gasto compartido en defensa entre los estados miembros. También asegurará que la administración americana apoya fervientemente el incremento de la presencia militar en las regiones del Este de Europa, próximas a la frontera con Rusia.

Durante estas primeras semanas de la presidencia de Trump, Corea del Norte y Siria se van afianzando como los protagonistas de la política exterior norteamericana. Incluso la situación en Siria crea tensiones con Turquía, miembro de la OTAN. La relación bilateral con Rusia también se convierte en un tema principal, mediante una posición ambigua: por un lado se confirma constantemente a los aliados que mantendrán a raya a los rusos, y por otro hay cierta distensión bilateral, acercamiento, intoxicado por las acusaciones de injerencia rusa en las elecciones presidenciales y en la propia campaña de Trump.

La expectación ante la asistencia de Trump a la cumbre de la OTAN del 25 de mayo es enorme. Los aliados no saben a ciencia cierta con que discurso o actitud se van a encontrar. Y Trump no decepciona. Comienza la cumbre de forma arrogante, empujando al primer ministro de Montenegro para colocarse en primera línea de la foto de Familia. A continuación todos los mandatarios se dirigen a inaugurar un monumento conmemorativo del 11-S con restos de las Torres Gemelas, en representación de la primera invocación al artículo 5 del tratado constitutivo de la Alianza que compromete a la defensa de sus miembros. Trump dirige en esos momentos un discurso donde en tono enfurecido recuerda que los miembros deben contribuir con al menos el 2% de su PNB a los gastos de defensa, que 23 de los países no cumplen ahora mismo, que deben cantidades enormes y que es injusto para los Estados Unidos.  Además, recuerda que los aliados deben ser más duros contra el terrorismo y la migración, también sobre Rusia y las fronteras del Sur. Las caras del resto de socios durante el discurso son indicativas de la tensión del momento, pero buscando contentar al socio americano se llega a dos compromisos: se elaborarán planes nacionales de defensa detallando como cumplir el objetivo común de dedicar un 2% del PNB a costes de defensa, y por otro lado se integrará a la OTAN en la lista de miembros de la coalición internacional contra el ISIS que lidera EEUU, si bien el Secretario General Stoltenberg avisa que esto no significa que se vaya a participar en operaciones de combate, aunque posteriormente la OTAN aceptará enviar más tropas a Afganistán. Por el contrario Trump no confirmará en ningún momento si respalda la aplicación del artículo 5 de la alianza, frente a lo manifestado durante la campaña, dejando a los aliados sin el respaldo que esperaban durante la cumbre.

Durante los siguientes meses se mantendrá el mismo juego desde el gobierno norteamericano. Tras retornar de la gira europea, Trump volverá a twittear que las relaciones con Alemania son malísimas para los Estados Unidos, para a continuación enviar al vicepresidente Pence a sentarse con Stoltenberg y reiterar que EEUU está absolutamente comprometida con el artículo 5 y la OTAN.  Días después él mismo pronunciará en una rueda de prensa el solicitado respaldo al artículo 5 del Tratado de Washington. También el Senado estadounidense aprobará una moción a mediados de junio manifestando su adhesión a la alianza y específicamente al artículo 5 de la misma. En Julio en una nueva gira europea se reunirá con Vladimir Putin y hará nuevas referencias a su compromiso con el artículo 5, a la defensa de la civilización occidental y volverá a remarcar que muchos países ya están contribuyendo económicamente de forma justa a la alianza. En octubre el Secretario de Estado en una rueda de prensa vuelve a asegurar que los aliados de la OTAN ya están contribuyendo más a la seguridad compartida. Este será el leitmotiv de la Administración Trump durante los últimos meses del año: han convencido a los aliados de la OTAN a contribuir más a la defensa común.

2017 se cierra con la presentación a mediados de diciembre de la nueva National Security Strategy. Para muchos es una actualización de la doctrina del American First aplicado a las relaciones exteriores y de seguridad y defensa. El prefacio firmado por el propio Trump lo deja claro: “La Estrategia de Seguridad Nacional de mi Administración establece una visión estratégica para proteger al pueblo americano y preservar nuestro modo de vida, promoviendo nuestra prosperidad, preservando la paz mediante la fuerza e incrementando la influencia estadounidense en el mundo. Vamos a perseguir esta maravillosa visión – un mundo de naciones fuertes, soberanas e independientes, cada una con sus propias culturas y sueños, trabajando codo con codo por la prosperidad, la libertad y la paz” [17].

Esta nueva estrategia ha sido recibida con muchas críticas: descrita como una farsa por el New York Times[18], una no-estrategia por Foerign Affairs[19] o poco creíble por The Guardian[20]. Se le acusa de utilizar la política exterior únicamente para alimentar sus bases internas. La crítica esencial que se le ha hecho a la nueva estrategia es la falta de concreción, resultaría realmente difícil conocer la posición oficial de los EEUU en un buen número de ámbitos. Si las estrategias anteriores de la Administración Obama remarcaban la cooperación con los aliados y los socios comerciales, la nueva estrategia insiste en que no rechazará trabajar con sus aliados, pero siempre y cuando la colaboración se realice en términos beneficiosos para los Estados Unidos, America First. Para algunos analistas su visión es una vuelta a conceptos de la Guerra Fría, manifestando clara preocupación por el papel de Rusia o China

Otros analistas han recibido la Nueva Estrategia Nacional de forma más favorable, aludiendo a su vigoroso tono, o a ser una “constatación robusta del liderazgo de los Estados Unidos en la esfera mundial” [21], incluso mostraría un claro rechazo hacia el aislacionismo. Para los analistas de Bloomberg se trata incluso de una estrategia “sorprendentemente normal[22].

Respecto a Europa y la OTAN, el documento afirma primero que los aliados contribuyen ahora más a la defensa común, gracias al incremento de la credibilidad que el nuevo gobierno ha traído, lo que haría más fuerte las alianza. “Queremos dejar claro que los Estados Unidos no volverán a tolerar más agresiones económicas o prácticas comerciales injustas” 17A continuación reconoce las indudables ventajas derivadas de las fuertes relaciones con los aliados, relaciones basadas en la libertad y los intereses compartidos, “desarrollamos políticas que nos permiten conseguir nuestras metas mientras nuestros socios consiguen las suyas” 17. Una Europa libre y fuerte sería de vital importancia para los EEUU. Tras recordar como ayudaron a reconstruir Europa tras la 2º Guerra Mundial, aseguran que “Rusia utiliza medios subversivos para debilitar la credibilidad del compromiso estadounidense en Europa, socavando la unidad transatlántica y debilitando las instituciones y gobiernos europeos (…) Rusia sigue amenazando a sus vecinos con comportamientos amenazantes” 17. Las prácticas comerciales chinas también serían una amenaza al ámbito europeo, así como el terrorismo de ISIS o las crisis migratorias derivadas de la situación en África y Oriente Medio.

Reconoce la estrategia que “Estados Unidos es más seguro cuando Europa es próspera y estable y puede ayudar a defender nuestros intereses e ideales compartidos” 17. Directamente califica la OTAN como una de nuestras grandes ventajas frente a nuestros competidores y asegura que EEUU mantiene su compromiso con el artículo 5 del Tratado de Washington. También reconoce el esfuerzo europeo con miles de tropas destinadas a luchar contra el terrorismo en Afganistán, estabilizar Iraq y luchar contra organizaciones terroristas en África y Oriente Medio. Por último afirma que la “OTAN será más fuerte cuando todos sus miembros asuman mayor responsabilidad y paguen su parte justa para proteger los intereses mutuos, la soberanía y los valores 17.

Tres son las grandes prioridades respecto a Europa y la OTAN. Primero desde el ámbito de las relaciones exteriores: trabajar juntos para “contener la agresión y subversión rusa, así como las amenazas creadas por Irán y Corea del Norte” 17. En segundo lugar el ámbito económico, asegurar prácticas comerciales justas y reciprocas entre los dos lados del Atlántico, eliminando barreras para crecer, buscando inversiones europeas para crear puestos de trabajo en los Estados Unidos, asegurando la seguridad energética y luchando contra las prácticas comerciales injustas chinas. En último y tercer lugar, en el ámbito de la defensa y la seguridad asegurar que los socios europeos incrementen su gasto en defensa al menos al 2% de su PNB para 2024, fortalecer el flanco fronterizo del Este de Europa, mejorar las capacidades de la OTAN respecto a la defensa aérea y antimisiles, especialmente los dirigidos desde Irán, e incrementar la cooperación en contraterrorismo y ciberseguridad.

CONCLUSIONES

Es evidente que del desarrollo precedente podemos establecer es que la presidencia de Donald Trump provocará un cambio notable dentro de la propia OTAN y de las relaciones estadounidenses con sus aliados europeos. Otra cosa será pronosticar en que magnitud o dirección. Aún es pronto para establecer conclusiones firmes, pero intentaré indicar ciertas tendencias que creo serán fundamentales en la evolución de las relaciones. Esquematizando las mismas:

  • Primero podemos constatar que hay un enorme grado de impulsividad, falta de coordinación y precipitación, no solo en las nuevas relaciones de EEUU con sus aliados en la OTAN sino con toda la estrategia global en materia de seguridad y defensa. Las posiciones se van modificando prácticamente semana a semana, sin dar pasos claros y manteniendo siempre la puerta abierta a modificaciones transcendentes de última hora.

Junto a la variedad de declaraciones y actuaciones contradictorias, el equipo del Presidente relacionado con estos asuntos sufre además de continuos vaivenes que demuestran la precipitación y falta de coordinación: así la dimisión del Consejero de Seguridad Nacional Michael Flynn tras un mes en el cargo, el despido de Steve Bannon Jefe de Estrategia de la Casa Blanca y aparente inspirador de las apuestas más controvertidas en política exterior del Presidente, los continuos rumores de dimisión o cese del Secretario de Estado Rex Tillerson supuestamente enfrentado al Presidente en la práctica totalidad de los asuntos, o la afición de Trump a rodearse de cada vez más militares en puestos de su Administración (como es el caso de su nuevo Director de Gabinete, el General John Kelly). También son características de esta falta de coordinación situaciones como la producida durante los meses estivales respecto al aumento de las fuerzas destinadas en Afganistán: no solo se contradice con su promesa inicial de no enviar más fuerzas al exterior, sino que el mismo proceso de toma de decisión se vio envuelto en multitud de polémicas, anuncios, rectificaciones, frenos y contra frenos nunca vistos en este tipo de materias.

La impulsividad de Trump en política de seguridad y defensa, por otro lado, comienza a ser proverbial. Así sus imprecaciones a Corea del Norte más propias de la literatura de ciencia ficción o fantástica que del mundo real, su decisión unilateral de reconocer Jerusalén como capital de Israel, su involucración en la Guerra de Siria llegando a desvelar secretos militares al mismísimo Vladimir Putin (y luego contándolo él mismo) o sus continuas salidas de tono con sus propios aliados: no solo su inquina hacia Angela Merkel, sino sus exageradas alabanzas (temporales) a Enmanuel Macron o su apoyo a grupos de ultraderecha británicos que han terminado en recriminaciones directas entre Theresa May y el propio Trump vía Twitter.

Resumiendo, Estados Unidos, a diferencia de la situación precedente durante la Administración Obama, ya no es visto como un actor estable y confiable en el ámbito internacional, y en muchos casos es visto incluso como un factor de peligro e inestabilidad.

  • Pese a lo anterior, y en relación a la OTAN o los aliados europeos, en la práctica aún no se han confirmado políticas diferentes a las ya definidas por la anterior administración americana. En diferente tono, pero ya existía una presión presupuestaria sobre los aliados para aumentar su aportación a la Alianza. La frontera Este de Europa, en especial los países bálticos, Polonia y Turquía, debido a la amenaza rusa, ya se había confirmado como el esfuerzo esencial en la defensa europea. Trump ha mantenido la misma línea de actuación, aumento de tropas y presupuesto que Obama al final de su mandato, quien también solicitaba una orientación de la organización hacia la lucha contra el terrorismo o hacia la gestión de crisis como las migratorias o humanitarias, dentro y fuera de las fronteras europeas.
  • La nueva estrategia de seguridad nacional, más allá de su retórica, tampoco parece avanzar cambios significativos. Claramente apuesta por un mundo multipolar (quizá en mayor medida que las anteriores estrategias), y quizá amplíe el concepto de seguridad incorporando sobre todo más implicaciones económicas y sociales que ninguna otra estrategia anterior. Pero si algo caracteriza el cambio es su nacionalismo exacerbado. Nada parece importar más allá de los Estados Unidos y los americanos, no hay impostación en la presentación de sus propuestas: todo es y será dirigido al utilitarismo directo de sus votantes. Nos encontramos ante lo que podríamos llamar un “realismo maleducado”. No hay mención a una sociedad internacional peo tampoco parece apostar por ser aislacionista: está claro que su idea es utilizar el multilateralismo en único y exclusivo beneficio propio. Vladimir Putin en una entrevista a Oliver Stone ha definido este año a la OTAN como “un instrumento de la política exterior de EEUU, no tiene aliados, solo vasallos” [23]. De su actuación podríamos inferir que el Presidente Trump piensa algo parecido.
  • Por último me referiré a la situación y la visión que los aliados europeos tienen de todos estos cambios. Claramente las relaciones bilaterales se han deteriorado en la mayoría de los casos, sin llegar en ningún caso a la ruptura o posiciones radicales, exceptuando el caso de Turquía, que si sea visto amenazada directamente por EEUU si continua su acercamiento a Moscú. Por el contrario, otros casos como el polaco, a quien el propio Obama se permitía advertir por su deriva totalitaria, han visto mejorar sensiblemente su valoración en la Administración americana. Para algunos, la situación podría derivar en el definitivo lanzamiento de la tantas veces pospuesta “autonomía defensiva” europea (incluso con la sorpresa de incorporar en ella a la Gran Bretaña post-brexit, antigua “Relación Especial” americana). Pero también parece claro que lo más probable será un aggiornamento a la nueva situación entre los aliados europeos, siempre que la situación actual no llegue a mayores por la parte americana. Claro ejemplo es el anuncio del Ministerio de Defensa español a finales de año[24].

OTRAS FUENTES UTILIZADAS 

[1] Barak Obama (2016) “Remarks by President Obama at Press Conference After NATO Summit July 9, 2016”, U.S. Mission to the NATO, https://nato.usmission.gov/remarks-president-obama-press-conference-nato-summit/

[2] Christian Nünlist, (2016): “The Legacy of Obama’s Foreing Policy”, CSS Analyses in Security Policy Nº 188 – http://www.css.ethz.ch/content/dam/ethz/special-interest/gess/cis/center-for-securities-studies/pdfs/CSSAnalyse-188-EN.pdf

[3] Stephen M. Walt (2017): “ Barak Obama was a Foreign – Policy Failure” – Foreign Policy- 18-01-2017 – http://foreignpolicy.com/2017/01/18/barack-obama-was-a-foreign-policy-failure/

[4] Geoff Dyer  (2017): “Obama’s messy foreign policy legacy”: Financial Times 16-01-207 https://www.ft.com/content/f08c3476-d7a4-11e6-944b-e7eb37a6aa8e

[5] Antonio Caño (2010) : “Entrevista a Barak Obama: Ante cada desafío, EEUU consulta con Europa para hacerle frente”, EL PAIS 19-11-2010                                                  https://elpais.com/diario/2010/11/19/internacional/1290121201_850215.html

[6] Estrategia global para la política exterior y de seguridad de la Unión Europea (2016)“Una visión común, una actuación conjunta: una Europa más fuerte”- Unión Europea – https://europa.eu/globalstrategy/sites/globalstrategy/files/eugs_es_version.pdf

[7] Ashley Parker (2016): “Donald Trump says NATO is “obsolete”, UN is “Political Game””: The New York Times 02-04-2016 – https://www.nytimes.com/politics/first-draft/2016/04/02/donald-trump-tells-crowd-hed-be-fine-if-nato-broke-up/

[8] Nick Gass (2016)- “Trump earns endoserment of 88 retired generals, admirals”- POLITICO 06-09-2016https://www.politico.com/story/2016/09/retired-generals-admirals-endorse-trump-227755

[9] Jens Stoltengberg (2016): “Now is not the time for the US to abandon NATO- nor should its European allies go it alone”- The Guardian- 12-11-2017 – https://www.theguardian.com/commentisfree/2016/nov/12/us-must-not-abandon-nato-europe-go-alone-jens-stoltenberg

[10] Katie Glueck (2016) : “Trump’s shadow transition team”- POLITICO- 22-11-2016 – https://www.politico.com/story/2016/11/trump-transition-heritage-foundation-231722

[11] Laura Kuenssberg (2017): “ Theresa May visit: UK and US ‘committed’ to NATO”- BBC News- 27-01-2017 http://www.bbc.com/news/world-us-canada-38777263

[12] David Herszenhorn (2017): “Mattis gives NATO spending ultimatum”- POLITICO 15-02-2017 – https://www.politico.com/story/2017/02/jim-mattis-nato-warning-spending-235063

[13] AFP (2017) : “ Pence reassures Europe, demands NATO funds”-  SBS News- 20-02-2017 – https://www.sbs.com.au/news/pence-reassures-europe-demands-nato-funds

[14] Donald Trump (2017): “Donald Trump’s Congress speech (Full text)”- CNN 01-03-2017 – http://edition.cnn.com/2017/02/28/politics/donald-trump-speech-transcript-full-text/index.html

[15] Michael Birnbaum (2017): “Tillerson clashes with NATO allies on defense spending at Brussels meeting”- The Washington Post 31-03-2017 – https://www.washingtonpost.com/world/tillerson-clashes-with-nato-allies-on-defense-spending-during-brief-meeting/2017/03/31/0d34906c-1618-11e7-924b-58851f3a675d_story.html?utm_term=.70abec326853

[16] Kevin Liptak / Dan Merica (2017) : “Trump says NATO no longer obsolete”- CNN 13-04-2017- http://edition.cnn.com/2017/04/12/politics/donald-trump-jens-stoltenberg-nato/index.html

[17] National Security Strategy (2017) – The White House- Seal of the President of the United States- http://nssarchive.us/wp-content/uploads/2017/12/2017.pdf

[18] Roger Cohen (2017): “Trump’s National Security Strategy is a farce”- The New York Times 19-12-2017https://www.nytimes.com/2017/12/19/opinion/trump-national-security-strategy-tillerson-haley.html

[19] Rebecca Friedman Lissner (2017): “The National Security Strategy is not a Strategy”- Foering Affairs – 19-12-2017 – https://www.foreignaffairs.com/articles/united-states/2017-12-19/national-security-strategy-not-strategy

[20] The Guardian (2017) : “The Guardian view on Trump’s national security strategy: a veneer of credibility”- The Guardian 19-12-17- https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/dec/19/the-guardian-view-on-trumps-national-security-strategy-a-veneer-of-credibility

[21] Mark Lander / David E. Sanger (2017): “Trump delivers a mixed message on his national security approach”- The New York Times 18-12-2017 – https://www.nytimes.com/2017/12/18/us/politics/trump-security-strategy-china-russia.html

[22] James Stravridis (2017): “Trump’s National Security Strategy Is shockingly Normal”- Bloomberg 18-12-2017 – https://www.bloomberg.com/view/articles/2017-12-18/trump-s-national-security-strategy-is-shockingly-normal

[23] (2017): “Putin: en la OTAN no hay aliados, hay vasallos” –Sputnik Mundo – https://mundo.sputniknews.com/video/201706131069927645-oliver-stone-alianza-atlantica-paises/

[24] Miguel Gonzalez (2017): “España se compromete con la OTAN a aumentar en un 80% su gasto militar para 2024”- EL PAIS 27-12-2017 – https://politica.elpais.com/politica/2017/12/26/actualidad/1514312944_214046.html