The Special Relationship (2010)
The Special Relationship (2010)
Director: Richard Loncraine, Guion: Peter Morgan, Producción de BBC Two y HBO
Antes de triunfar con The Crown, Peter Morgan alcanzó fama con su magnífica Trilogía de Tony Blair. En The Deal plasmaba su ascenso al liderazgo del Partido Laborista y su relación con Gordon Brown, The Queen se centraba en su relación con Isabel II nada más ser nombrado primer ministro coincidiendo con la muerte de Diana de Gales. The Special Relationship cierra el tríptico relatando la relación entre Tony Blair y Bill Clinton.
La película comienza retornando al pasado, 1992, momento en que Blair es un simple diputado laborista y viaja a Washington. Clinton acaba de ser elegido, y un seminario con estrategas demócratas le ilumina el nuevo camino que debe seguir el laborismo británico: debe “redefinirse”, abandonar su imagen de despilfarradores del presupuesto, poner límites al Estado de Bienestar, ser duros con el crimen, “es mucho más fácil cambiar lo que piensa tu partido, que cambiar lo que piensa la gente”.
Cuatro años después Blair ya es el líder laborista y presumible próximo primer ministro. Se nos presenta en Paris, de la mano de Chirac, declarándose convencido europeísta frente a las dudas de John Major. Pero el espaldarazo final se lo dará el propio Clinton recibiéndole en el Despacho Oval y dándole categoría de estadista pese a ser tan solo un candidato. Blair está fascinado por la presencia de Clinton quien establece su padrinazgo y conexión con el nuevo laborismo de la tercera vía.
Clinton logra su reelección en 1996 y medio año después Blair consigue una victoria histórica. Desde el primer momento veremos cómo Blair prioriza “la relación especial” con Clinton frente al resto de socios europeos, aunque en su primer viaje a Londres, Clinton relativiza esa “relación especial” entre EEUU y Gran Bretaña: son muchos los países que se apropian de dicho termino en relación a los americanos. La propuesta de Clinton es más ambiciosa, más allá de la relación entre ambos países le propone modificar la hegemonía mundial situando en el núcleo sus políticas “progresistas, de centro izquierda, que son el futuro” y relegando a “las políticas de derecha fuera del negocio por una generación. O tal vez para siempre”, al igual que con “la extrema izquierda”. Conseguir un “consenso mundial para nuestras políticas”, “no hay nada a lo que no podamos llegar”. Los gobiernos de ellos dos, luego ocho años de Gore y la combinación de numerosos líderes progresistas en diferentes países les permiten esta ilusión.
Irlanda del Norte será su primera prueba. Comprometidos ambos en el proceso de paz, será Clinton quien ayude a Blair a desbloquear la situación y conseguir los Acuerdos con el Sinn Fein. Blair sigue presentándosenos como un colegial deslumbrado por su maestro, pero el estallido del escándalo Lewinsky comenzará a cambiar sus roles. Clinton se ira replegando y oscureciendo en su comportamiento. Blair, pese a sus dudas, le ofrecerá todo su apoyo público aludiendo precisamente a esa “relación especial” entre ambos países. Será el momento en que el papel de Blair se sitúe al mismo nivel que el de Clinton, desaparece la admiración, ambos están en deuda el uno con el otro.

El conflicto en Kosovo terminará por enturbiar su relación. Blair está convencido de su imperativo categórico de parar el conflicto, pero necesita la ayuda de EEUU. Clinton es un personaje atado por el escándalo en el que en ese momento está atrapado y solo ofrece sanciones económicas, no puede comprometer más. Europa es inoperante. Kosovo se enquista, Blair presiona buscando medidas militares, incluyendo una invasión. Clinton no quiere arriesgar más que bombardeos selectivos, confía en que ellos y los contactos diplomáticos conseguirán doblegar a los serbios. Pero la campaña de bombardeos será un fracaso, no conseguirá más que empeorar el conflicto. Blair viaja a EEUU y tras no conseguir convencer a los americanos decide jugar la carta de la opinión pública contra el propio Clinton, quien será humillado. Para ello no duda en aliarse con parte de la derecha americana y presentarse como el valedor moral, adalid de la guerra preventiva como guerra justa. Blair declara que esta “no es una guerra por el territorio, es una guerra por la humanidad”, “es una batalla entre el bien y el mal, entre la civilización y la barbarie…la intervención y el derrocamiento de tiranos es nuestra tarea, es una responsabilidad cristiana”. Presenta “los comienzos de una nueva doctrina de la comunidad internacional”, EEUU tiene el deber moral, “las naciones con el mayor poder tienen la mayor responsabilidad… nunca deben caer en el aislacionismo”, deben ayudar a construir “un futuro construido en paz y prosperidad para todos que será lo único que permitirá a la humanidad mantenerse”.
Blair recibe por ello todos los parabienes, la prensa lo presenta como el nuevo líder mundial. Pero la relación con Clinton ha quedado rota, se siente apuñalado por el “rey Tony”. La OTAN aumenta su campaña de bombardeos en Serbia y con la ayuda de la presión rusa conseguirá doblegar a Milosevic. El parlamento serbio retira las tropas de Kosovo y un contingente de pacificación de la OTAN tomará el control de la zona. Pese a haber triunfado los postulados de Clinton, será Blair quien se lleve la gloria: “es una victoria de la civilización, de un principio necesario para el progreso humano. Todo ser humano tiene el derecho a vivir libre de persecución… Ahora el mundo lo sabe, no toleraremos genocidios raciales, que nadie dude de nuevo que existe una justificación moral de invadir otros países con fines humanitarios”
El epílogo de la película será el viaje de despedida de Clinton a Inglaterra mientras George W Bush gana la presidencia en el Tribunal Supremo frente a Al Gore. La relación entre Clinton y Blair está rota, pero aun así el americano intenta ponerle en guardia respecto a la nueva administración: “son gente peligrosa, juegan muy duro”. Mientras Clinton desaparece en su helicóptero vemos como Blair ya está jugando a la carta Bush, ahora será el socio “senior” frente al principiante republicano: “es en el mejor interés de mi país”.
La película termina con la imagen real de la primera rueda de prensa entre Bush y Blair en Camp David. La nueva “relación especial” va viento en popa. Bush se declara rendido ante el encanto de Tony quien se deja querer. De fondo suena la canción de Conway Twitty, “My name should be trouble”.
Estamos ante una producción angloamericana de 2010, en pleno inicio de la era Obama y en medio de la caída laborista. En el fondo nos están contando la prehistoria de un desastre. El inicio de un orden mundial que en los siguientes años evolucionaría a consecuencias desastrosas. Tony Blair ejemplifica aquí el refrán que nos dice que el infierno está empedrado de buenas intenciones. El propio Peter Morgan declaró tras estrenar la película que quería continuar la saga, pues “apenas habían comenzado a crear el monstruo”[1]. El Blair que nos presenta la película es un idealista convencido, que irá evolucionando hacia un ególatra convencido de su misión divina. Clinton por el contrario es un pragmático, cosmopolita, continuamente implicado en el multilateralismo y volcado en la diplomacia, que ganará en profundidad y cercanía al espectador según le vemos hundirse y perder el control de la situación.
Respecto al campo de las relaciones internacionales y el momento histórico concreto, la película es una mina de reflexiones, situaciones y diferentes planos. Pero siempre desde una perspectiva más cercana a los postulados dominantes en los propios Estados Unidos y Gran Bretaña. Europa no solo es inoperante, sino incluso ridícula, al final solo son estos dos países el motor que puede llevar al cambio. No solo nos habla de Irlanda, Kosovo, el escándalo Lewinsky, o la lucha entre Bush y Gore, sino del euroescepticismo, de la evolución del propio laborismo, de la globalización, el multilateralismo y el unilateralismo, o el uso de la fuerza, vemos cumbres europeas, reuniones de gabinete, sesiones en los Comunes, política de asesores, y sobre todo nos imaginamos el futuro: ya sabemos parte de las consecuencias de aquellas decisiones y esto permite al espectador entrar de lleno en el propio conflicto, planteándonos qué posición hubiéramos tenido nosotros mismos en cada momento. No deja de ser una película y al final todo se reduce al conflicto personal y las decisiones individuales, pero nos presenta un retrato más o menos creíble del matrimonio Blair y los Clinton, con especial atención al papel y la evolución de Hilary Clinton.
Su factura es impecable. Y llega a tal punto la identificación del Blair real con el personaje imaginado por Peter Morgan en su trilogía, que cuando Blair publicó sus memorias, Morgan le acusó de haber utilizado citas textuales del guion de The Queen cuando describía sus conversaciones con la reina.
[1] “Peter Morgan: I can do one more Tony Blair Film”: The Guardian- 2010- https://www.theguardian.com/media/2010/sep/10/peter-morgan-tony-blair-film

