Familia Real Española (1931-1945)

8.2. El camino a Lausanne. El contexto de la Guerra Mundial.

POLÍTICA E IDEOLOGÍA EN LA FAMILIA REAL ESPAÑOLA (1931-1945)

8.2. El camino a Lausanne. El contexto de la Guerra Mundial.

Parte de la bibliografía de Juan de Borbón convierte este periodo coincidente con la IIGM en una novela de espionaje, conspiraciones e intrigas políticas[1]. Pero Aróstegui aclara que “ni en Yalta ni en Potsdam […] se tomaron acuerdos para acciones concretas en España, aunque existen calenturientos juanistas que cuentan, sin aducir documento alguno comprobatorio, lo contrario.”[2] De lo que no nos cabe duda es de la influencia que el transcurrir de la guerra y las distintas correlaciones de fuerzas internacionales durante su evolución tuvieron tanto en la política interior y exterior del franquismo, como en las actitudes de Franco y Juan de Borbón, así como en la relación entre ambos. Cotejando los diferentes episodios de esta relación con un cronograma de la IIGM comprobaremos como se trasladaban miméticamente los posicionamientos del pretendiente hacia el hito liberal-democrático que supondrá el Manifiesto de Lausanne, al compas que avancen las posibilidades de los aliados a la hora de ganar la guerra. Y del mismo modo, crecía la ansiedad y la sensación de amenaza en Franco, así como su necesidad de reacomodar su régimen y su propia figura.

La siguiente comunicación entre ambos fue una carta de Franco de 30 de septiembre de 1941[3]. Ofrecía una lección de historia y doctrina al pretendiente, en un tono cordial, pero lleno de las obsesiones del Dictador respecto al papel y las amenazas que tiene el régimen. Se presentaba como la culminación de una Revolución Nacional, de “la coronación de un proceso histórico que volverá a reproducirse si quedan perennes las causas que lo motivaron”. Para que esto no ocurriera, “los altos intereses de la Patria, tanto en el exterior como en el interior, se encuentran plenamente ligados a la realización de los programas de nuestro Movimiento”. Siempre y cuando mantuvieran la unidad frente a los enemigos de la “cruzada” que habían despertado “los naturales y encubiertos ataques de las naciones que ayer jugaron contra nosotros y hoy luchan contra Europa”. La principal novedad de esta carta consistía en el reconocimiento del pretendiente: “y para Vuestra Alteza y el régimen que representáis, es también el único camino por el que, en el día que el servicio de España os llame para que coronemos la obra con la instauración de un régimen tradicional del que para mí sois el único y legítimo representante”. No solo le reconocía, sino que abría la posibilidad de una próxima instauración donde “ambos” coronemos de esta forma la “Cruzada”. Desde este momento introdujo la dicotomía entre instauración, de algo nuevo y conforme a la institucionalización del régimen, y restauración, que fue la formula utilizada por el conde de Barcelona, pese a haberse manifestado siempre como proclive a esa monarquía nueva que indicaba Franco. Eso sí, junto con las esperanzas reiteraba que se cuidara mucho de la “ceguera y torpeza de muchos que, titulándose monárquicos, confunden vuestro interés”. Terminaba diciendo que había querido explicarle el “momento político actual, ya que pocos de los que hoy se titulan vuestros adictos sabrían comprenderlo”.

Juan de Borbón recogió inmediatamente el guante respondiéndole en una carta aún más larga, redactada por Vegas Latapié, y que supuso el primer traspiés político del pretendiente[4]. Le reconocía su labor, agradeciendo su confirmación como único aspirante a esa monarquía tradicional, pero se lanzaba al vacío metiendo prisa al Caudillo y solicitándole la formación de una regencia. Aseguraba que “la monarquía, que no es solo el Rey, sino todo un sistema político y de gobierno, no es algo aparte de la nación”. La “Regencia, orientada clara y públicamente hacia la monarquía, deberá de informar desde el principio al país de su decidido propósito de organización política […] durante su vida deberían de liquidarse los asuntos de justicia relacionados con la cruzada”. Ofrecía una solución de continuidad para su gobierno, “así se fundirían en uno solo, desde el principio de la Regencia y después de la coronación del Rey, el Poder Real y los que se ejercen como consecuencia de la cruzada nacional”. Franco, ofendido, tardaría ocho meses en contestar a esta ocurrencia.

[1] Así Anson, para quién hubo un plan de invasión de Canarias por parte de los aliados para formar un gobierno provisional de Juan de Borbón al estilo de De Gaulle en Londres. Posteriormente en Yalta se habría decidido la reinstauración, aprovechando la invasión maqui en Pirineos, pero finalmente Truman en Postdam traicionaría al pretendiente, decidiendo la permanencia de Franco. Borrás también acepta parte de sus tesis, sin llegar a basar todo el comportamiento del pretendiente en ellas. De la Cierva también relata numerosas conspiraciones y estrategias internacionales, añadiendo una posibilidad de instaurar una nazimonarquía con el apoyo de los alemanes.

[2] ARÓSTEGUI (2002) p. 101

[3] DE LA CIERVA (1997) p.170-172

[4] Ibidem p. 173-177