5. La Familia Real durante la Guerra Civil.
POLÍTICA E IDEOLOGÍA EN LA FAMILIA REAL ESPAÑOLA (1931-1945)
5. La Familia Real durante la Guerra Civil.
Existe unanimidad en la bibliografía a la hora de resumir la relación de la familia real con la sublevación militar: Alfonso XIII, y en mayor medida aún su hijo, apoyaron sin reservas al bando rebelde, política, económica, moral y entusiásticamente. Su alineación con la “cruzada” nacional y su apoyo a la propia figura de Franco fue incondicional y se mantuvo durante toda la guerra. Pero existen enormes discrepancias y disparidad de análisis, en ocasiones contradictorias, a la hora de establecer su papel en la conspiración, el alcance de su colaboración o las relaciones que establecieron con Franco.
Respecto a su papel en la conspiración serán precisamente los más monárquicos[1] y los más críticos[2] con la monarquía quienes más incidan en la importancia del papel del exrey y sus seguidores en el “Alzamiento”. Otros como González Calleja nos dirá que “el papel del exrey en el golpe militar que se preparaba desde la primavera de 1936 resultó irrelevante”[3], e incluso Aróstegui llega a afirmar que “Sanjurjo aceptaba ejercer un poder provisional, antes de dar paso a la Monarquía, pero excluyendo a los ‘alfonsinos’, a cuyo Rey […] aseguraba detestar”[4]. Existió una trama monárquica detrás del golpe, pero probablemente solo tuvieron un papel relevante alguna de las figuras alfonsinas. Así, es evidente que Sainz Rodríguez o Vegas Latapié estuvieron al corriente, pues viajaron a Burgos (plaza segura) a recibir a Sanjurjo. Otros como Goicoechea o el propio monarca no parece que estuvieran tan al tanto de los acontecimientos, pues al primero le encontraría el inicio de la guerra en Madrid, desprevenido, y teniendo que huir camuflado los primeros días, mientras que Alfonso XIII se fue de cacería a Checoslovaquia. Por último, parece claro que para otros muchos resultó una sorpresa, como fue el caso de Maeztu, en la redacción de AE, teniendo que esconderse durante un mes hasta que fue detenido, o Víctor Pradera en San Sebastián. Ambos fueron las primeras bajas significativas del campo monárquico. Pero de lo que no podemos tener duda, es de que la totalidad de los monárquicos se volcaron desde el primer día en ayudar al “Bando Nacional”.
En los primeros días de la guerra, Mola envió a Luca de Tena a Lausanne con una carta para el Rey. Según el periodista su respuesta fue “cuando veas a Franco o Mola, diles de mi parte que su primer soldado soy yo”[5]. Mola fue también quien envió a Goicoechea a Roma el día 24 de julio para solicitar de Mussolini que pusiera en marcha el pacto firmado en marzo de 1934[6]. Viajó con Sainz Rodríguez y mantuvieron numerosos contactos con Alfonso XIII, quien mediante una llamada personal al Duce consiguió una partida de aviones para los sublevados. Además fue de los primeros y mayores contribuidores a la causa, donando una cantidad que la mayoría de la historiografía establece en un millón de pesetas. Esta donación fue respondida por una carta de agradecimiento por parte de Franco, el primer contacto directo que existió entre ambos[7].
El inicio de la guerra fue el momento en que Juan de Borbón adquirió una personalidad propia. Si hasta ese momento difícilmente podemos atribuirle papel político alguno, cuando termine la contienda sí encontraremos a una figura políticamente independiente, activa y en cierto modo con una agenda personal, paralela a la de su padre. Es durante la guerra cuando creó todo un circulo de contactos propios y una imagen pública, que ahora sí, se caracterizó por su adhesión sin paliativos a las doctrinas defendidas por AE y posteriormente por el Movimiento Nacional. Durante este tiempo se publicaron además algunas obras centradas en presentarlo como un ejemplo modélico de esa nueva juventud española que combatía el marxismo. La principal fue El Príncipe de Bonmatí, con declaraciones de la familia real: “Juan tuvo siempre- me decía doña María de las Mercedes- una fe ciega en los destinos de grandeza de nuestra Patria. Cuando recibía una noticia con la última barbaridad del Gobierno rojo o sus secuaces, se ponía furioso y preguntaba; ‘¿Y los nuestros qué han hecho? Algo habrán hecho, desde luego -decía-, porque has de saber que España es inmortal; de eso no te quepa duda; y yo tengo el convencimiento absoluto de que la Falange en la calle, las minorías monárquicas en el Parlamento, acabarán con toda esa gentuza y con tanta farsa de parlamentarismo, elecciones y monsergas. Sin contar con que el Ejército no lo aguanta. Si no, al tiempo”[8].
El heredero se mostró comprometido con la causa, ansioso por participar y totalmente sumiso y adulador en una correspondencia puramente formal con Franco[9], llegando incluso a recriminar actitudes críticas a ciertos monárquicos[10]. Pero también se mostró siempre obediente a los deseos de su padre. El 1 de agosto de 1936, al día siguiente de nacer su primera hija, entró en España con la intención de combatir en el frente de Madrid, vestido con las flechas falangistas y la gorra carlista. No llegó más allá de Aranda de Duero, tras visitar Burgos, donde celebró una pequeña audiencia con los monárquicos, con el omnipresente Goicoechea incluido. Regresó a Francia tras exigírselo el mando militar. En diciembre de 1936 escribió a Franco proponiendo su participación en la marina, a lo que el Caudillo se volvió a negar en contestación epistolar, aduciendo la necesidad de preservar la integridad del posible heredero al trono. También realizó algún movimiento para rescatar a José Antonio de la cárcel de Alicante[11].
Durante estos años continuaron las presiones sobre Alfonso XIII para lograr su abdicación. Franco abrió el camino con una entrevista a ABC donde abrazaba completamente el ideario de AE, postergando la decisión sobre el futuro régimen, y sobre todo advertía: “Sí el momento de la Restauración llegara […] la nueva Monarquía tendría que ser, desde luego, muy distinta de la que cayó el 14 de abril de 1931: distinta o diferente en el contenido y, aunque nos duela a muchos, pero hay que atenerse a la realidad, hasta en la Persona que la encarne.” [12] Posteriormente, en noviembre de 1938 hubo un intentó en Lausanne por parte de varios monárquicos de convencer a Alfonso XIII en la necesidad de su abdicación[13]. El exrey ya no se negaba en redondo a esta posibilidad, pero siempre condicionada a la rehabilitación de sus derechos. El resultado fue el decreto emitido por Franco el 15 de diciembre anulando el Acta de acusación republicana. Anteriormente, en marzo de ese mismo año, ya había tenido otro gesto hacia la familia real al nombrar un secretario diplomático para el heredero (Ramón Padilla, quien se mantendría en el puesto hasta 1966). Ambos agradecieron efusivamente estos gestos, que en cierto modo mantenían la ilusión de una posible restauración. Durante toda la guerra la colaboración fue fluida y constante. Los monárquicos fueron los que mejor aceptaron el Decreto de Unificación. Muchos autores destacan la filiación monárquica de generales como Kindelán, Ponte y Orgaz, así como la influencia de Berenguer sobre Franco. Habría sido Alfonso XIII, por medio de estos generales quien consiguió el mando único para el Generalísimo. Este incluso aceptó sus consejos diplomáticos[14] en ocasiones.
Pocos gestos más significativos que las celebraciones al finalizar la guerra. Tras un cruce de telegramas de exaltación entre ambas partes, Alfonso XIII presidió un Te Deum en Roma, al tiempo que anunciaba la concesión a Franco de la Gran Cruz Laureada de San Francisco. Uno de los grandes reproches que se le harán posteriormente al monarca será su nula intención durante todo el transcurso de la guerra de siquiera intentar cualquier ejercicio de mediación o arbitraje entre las partes[15]. La confraternidad entre la familia real y los vencedores fue total.
[1] Como ejemplo Anson, que siguiendo a Sainz Rodríguez nos dirá que Alfonso XIII estaba completamente informado y había dado su aprobación a la conspiración militar, liderada por Sanjurjo y con el objetivo de devolver el trono al exrey, quien abdicaría y se lo pasaría a su hijo ANSON (1994) pp.124-126. Es la opinión también de De la Cierva.
[2] Casó de Cardona o más recientemente Ángel Viñas, quien en su libro ¿Quién quiso la Guerra Civil? Critica. Madrid. 2019 asegura que el “Alzamiento” consistió en una conspiración entre militares, monárquicos y Mussolini, con protagonismo de Goicoechea.
[3] GONZÁLEZ CALLEJA “El exrey” p.426. Es una opinión similar a la mantenida por Tusell y Queipo de Llano, que también tienden a relativizar el apoyo del monarca a los sublevados: TUSELL/QUEIPO DE LLANO (2003) Posición 11423: “la posición de Alfonso XIII fue menos explicita, sobre todo en un principio, y, quizá, más discreta”.
[4] PLATÓN (1998) p. 491. La cita corresponde al libro de Julio Aróstegui, La Guerra Civil, 1936-1939: la ruptura democrática. Temas de Hoy. 1996
[5] Ibidem p.491
[6] Ibidem p.496
[7] Ibidem p.515
[8] BONMATÍ, J. (1938) p.151.
[9] Quizá el ejemplo más destacado sea su carta manuscrita del 28 de diciembre de 1937 donde se desvincula de cualquier actuación que ponga su nombre como posible futuro político de España, en PLATÓN (1998) p. 535 “asegurarle que a ninguna persona, española o extranjera, he autorizado a expresar otras ideas que mi deseo de obedecer las órdenes de V.E.”
[10] PLATÓN (1998) p. 537- Carta que envía a Vegas Latapié el 6 de abril de 1938 recriminándole su postura crítica: “es mejor que no cojas ‘al toro por los cuernos’ en estos momentos tan difíciles de la política española”
[11] SAINZ RODRÍGUEZ (1981) p.277-278. Lo cuenta el propio Juan de Borbón, diciendo que la familia Primo de Rivera había acudido a Victoria Eugenia, y él contacto con la marina inglesa para preparar un rescate, pero se habrían negado desde Salamanca. Alfonso XIII también habría contactado con León Blum, el jefe de gobierno francés en aquel momento, sin éxito.
[12] Una hora con el Generalísimo. ABC Sevilla. 18 julio 1937. pp. 3-5. Alfonso XIII le enviaría una carta a Franco por esta entrevista, que el general tardaría seis meses en responder, justificando la indefinición del régimen y dejando abiertas las esperanzas a una restauración; la reacción de Alfonso XIII a la carta habría sido de indignación” parece escrita por un demócrata cristiano cualquiera” PLATÓN (1998) pp. 529-534
[13] GONZÁLEZ CALLEJA “El exrey” p. 429
[14] PLATÓN (1998) p. 522. Cita una carta del exrey a Kindelán.
[15] Es una tesis defendida por Rafael Borrás en El Rey de los Rojos y en su libro sobre Alfonso XIII El rey perjuro. Ediciones B. Barcelona. 2007

