Familia Real Española (1931-1945)

4.4. Renovación Española, testaferro de Alfonso XIII. El heredero, objeto de disputa.

POLÍTICA E IDEOLOGÍA EN LA FAMILIA REAL ESPAÑOLA (1931-1945)

4.4. Renovación Española, testaferro de Alfonso XIII. El heredero, objeto de disputa.

Juan de Borbón tenía 17 años en el momento del exilio, y durante todo el periodo republicano, pese a la relevancia que partidarios y opositores le quisieron dar posteriormente, tuvo un papel pasivo y meramente decorativo en el transcurso de los acontecimientos. Las principales razones para esta ausencia fue su edad, su absoluta sumisión a los designios de su padre y su lejanía de todos los centros de decisión durante los cinco años que duró la República.

Se reunió con su familia los primeros días en París, pero inmediatamente viajó a Londres, donde su padre había conseguido un puesto para él en la Royal Navy. Tras unos meses de instrucción en una escuela naval inglesa, se embarcó en diversas expediciones alrededor del mundo hasta ser licenciado en marzo de 1935. Solo disfrutó de tres cortos permisos durante estos cuatro años. Una vez licenciado se le envió tres meses a “Florencia donde estudia Historia, Ciencias Políticas, Derecho, Sociología y Religión”[1].  En junio ya estaba de vacaciones que alargó hasta la celebración de su boda en octubre. Tras ella viajó por todo el mundo en una luna de miel que durará hasta su establecimiento en Cannes, lugar de residencia de su madre, en mayo de 1936, sin protagonizar acto público, contacto o declaración alguna hasta el momento del “Alzamiento”.

En definitiva, difícilmente podemos adjudicarle ninguna adscripción o gesto porque simplemente no estuvo. Solo realizó cuatro actos antes de julio de 1936. El primero fue la entrega por su padre de una placa que le acreditaba como Príncipe de Asturias, durante una escala en Malta en 1934. El segundo fue la entrevista con Carretero Novillo en Paris, donde no encontramos más que generalidades y buenos deseos por su parte. La tercera fue la reunión con los líderes monárquicos en aquellos mismos días[2]. Su cuarta y última aparición fue durante las diferentes bodas familiares de 1935, no existiendo constancia de que mantuviera ningún contacto ni realizara manifestación alguna en las dos primeras, si teniendo algo más de relevancia su presencia durante la suya propia, pero en todos estos casos sin protagonizar ningún acto por sí mismo.

No sabemos si esta ausencia del heredero fue deseo personal, irresponsabilidad por parte del exrey o una calculada estrategia de mantenerle lejos de los círculos de poder. Desde el mismo día de su nacimiento en 1913, y conociendo la situación personal de sus dos hermanos mayores[3] es de difícil comprensión que no se preparará a Juan para heredar un trono que con toda probabilidad caería en sus manos. Una prueba sería la carta de agosto de 1931 del pretendiente carlista donde ya le daba como heredero, dos años antes de ser producirse el hecho. Tampoco hay una planificación respecto al momento en que es nombrado: la crisis viene provocada por la decisión del príncipe Alfonso de casarse sin consentimiento de su padre.  De no haberse producido este hecho probablemente la línea de sucesión se habría mantenido indefinidamente. También sorprende la rapidez con la que una vez Alfonso renuncia se pone en marcha una operación para convencer a Jaime inmediatamente de ceder sus derechos. De ahí el asombro que muchos achacan a Juan en el momento en que telegráficamente su padre le anuncia su nueva situación. Aun así, siguió todavía dos años embarcado, fuera del foco y de sus principales obligaciones.

Sorprende también la forma en que Alfonso XIII le presentó oficialmente en 1934 ante el Carretero Novillo: primero se duele de las insinuaciones acerca de una posible abdicación: “Mira. Esas son tonterías; ganas de separarnos a éste y a mi…. […] ¡Y eso no lo conseguirá nadie nunca!” [4]. A continuación pasó a describirle de forma poco considerada; “Este muchacho no está todavía en condiciones de echar sobre sus hombros la enorme carga de gobernar un pueblo… No ha sido preparado como yo lo fui por mi madre. Esto es lógico, porque era el tercero de mis hijos y no pudimos prever que las circunstancias lo pusieran en trance de ser el heredero del Trono…. No ha recibido, pues, la educación necesaria para regir a una nación…Además, aunque, gracias a Dios, es ya físicamente todo un hombre, en lo demás sigue siendo un niño… Tú mismo, hablando con él, lo verás”. Pero la clave nos aparecerá tras un par de párrafos: “Así que puedes decir terminantemente que, mientras yo viva o lo CREA OPORTUNO, no hay más rey de España que Alfonso XIII. Y en esto estamos perfectamente identificados éste y yo”. El exrey acababa de cumplir 48 años, consideraba aún muy lejano el momento en que pueda plantearse el problema sucesorio, y más lejana aún la posibilidad de compartir mínimamente su dominio de la constelación monárquica.

[1] ANSON (1994) p.133.

[2] Ibidem p. 131. Anson lo narra diciendo que “le visita la plana mayor del monarquismo. Oye por primera vez la palabra abdicación y no le gusta. Siente veneración por el Rey. Le informa a Alfonso XIII del asunto y el Monarca se irrita”. También asegura que cena en privado con Sainz Rodríguez. Pero conociendo el contexto de aquellos días, esta versión nos parece más una recreación, siendo muy difícil que en todos estos actos no estuviera omnipresente Alfonso XIII acompañando a su heredero.

[3] El príncipe Alfonso era 6 años mayor y desde su primera infancia manifestó continuos problemas de salud debido a su hemofilia. Jaime quedó sordo tras una intervención en 1912, antes del nacimiento de su hermano Juan. Su hermano menor, Gonzalo, también era hemofílico, causa de su fallecimiento tras un accidente en 1934.

[4] CARRETERO NOVILLO (1934) pp. 98-100