Marx – Crítica de la Declaración de los Derechos del Hombre
Marx - Crítica de la Declaración de Derechos del Hombre
«Les droits de l’homme, los derechos humanos, se distinguen en cuanto tales de les droits du citoyen, los derechos políticos. ¿Quién es ese hombre distinto del citoyen? Ni más ni menos que el miembro de la sociedad burguesa. ¿Por qué se le llama “hombre” a secas? ¿Por qué se llaman sus derechos humanos? ¿Cómo explicar este hecho? Por la relación entre el Estado político y la sociedad burguesa, por lo que es la misma emancipación política.
Constatemos ante todo el hecho de que, a diferencia de los droits du citoyen, los llamados derechos humanos, los droits de l’homme, no son otra cosa que los derechos del miembro de la sociedad burguesa, es decir, del hombre egoísta, separado del hombre y de la comunidad (…) el derecho humano de la libertad no se basa en vinculación entre los hombres, sino al contrario en su aislamiento. Es el derecho de este aislamiento, el derecho del individuo restringido, circunscrito a sí mismo. La aplicación práctica del derecho humano, de la libertad, es el derecho humano de la propiedad privada.»
MARX: La cuestión judía.
Estamos ante uno de los textos más conocidos de Marx, donde expone una tesis que reiterará en numerosos trabajos a lo largo de su vida, los Derechos Humanos no son más que la naturalización de los valores burgueses.
Según el fragmento, los Derechos Humanos se distinguen de los derechos del ciudadano que identifica con los derechos políticos. Pero aquí el concepto hombre solo se identifica con el miembro de la sociedad burguesa. No habrá razón para llamarlos derechos humanos, la única explicación es la constitución del propio Estado, que en lugar de aspirar a la universalidad funciona como instrumento al servicio de esa sociedad burguesa.
Continúa reiterando que, a diferencia de los derechos políticos, los humanos solo verifican una visión del hombre como un ser aislado de la comunidad y egoísta. Expone el ejemplo del derecho a la libertad, que no se basaría en la vinculación a la colectividad sino en su aislamiento, su aplicación práctica sería de este modo el derecho de la propiedad privada.
Para Marx, el Estado no garantiza la igualdad entre los seres humanos, sino que por el contrario, al ser una institución burguesa, contribuye a fortalecer la desigualdad social, instituyendo mecanismos de encubrimiento de las condiciones materiales que favorecen los intereses de clase sobre la colectividad. Estos Derechos Humanos serían un ejemplo perfecto de como las ideologías aspiran a la universalidad y la verdad absoluta, pero solo representan los intereses particulares de una determinada clase social.
También refleja el texto su relación crítica respecto a la democracia liberal. Los Derechos Humanos heredados de la Revolución Francesa no dejan de ser uno de los fundamentos del sistema liberal. Habría una contradicción irresoluble en el hecho de que la sociedad liberal primara la igualdad individual mientras el sistema capitalista potenciaría la existencia de individuos desiguales. Así la aspiración a una democracia liberal construida bajo la premisa de individuos libres e iguales es una farsa.
El texto manifiesta claramente la dialéctica materialista marxista, heredada en gran medida del pensamiento de Hegel. Si un sector de la sociedad, una clase, se convierte en soporte de un principio, en este caso la burguesía respecto a los Derechos Humanos, el sector opuesto, el proletariado que en Marx representa a la mayoría, se convierte en antagonista. Solo la lucha de clases, la acción política, podrá derrumbar este sistema permitiendo el nacimiento de uno mejor. El Estado como superestructura siempre es un órgano en manos de las clases dominantes, no es capaz de superar las propias contradicciones sociales. La propiedad privada de los medios de producción es el hecho que estratifica la sociedad en clases sociales y el gran obstáculo para eliminar la dominación de una clase sobre la otra. Esa propiedad privada, entre otros, viene garantizada por esos Derechos Humanos que critica.

