Política

De la libertad- John Stuart Mill

De la libertad- John Stuart Mill

On liberty fue concebido como un pequeño ensayo, posteriormente ampliado y reelaborado hasta su publicación en 1859. Se trata de un texto corto, escrito de forma clara y directa. El primer párrafo de la obra establece claramente su objeto, “la libertad civil o social: la naturaleza y los límites del poder que la sociedad puede ejercer legítimamente sobre el individuo”.

La Introducción desarrolla sus principales tesis y conclusiones. Históricamente, la libertad se definía por su conflicto con la autoridad. La protección contra la tiranía se llevaría a cabo mediante dos tipos de soluciones: la defensa de las libertades políticas y la instauración de toda una serie de controles constitucionales. En una época posterior el gobierno representativo supera esa dicotomía gobernantes/gobernados, pero la experiencia histórica demostraría que también “la gente… puede desear oprimir a una parte de ella misma y se hace necesario tomar precauciones contra ello”. Así nace la necesidad de tomar medidas contra esta “tiranía de la mayoría”.

Tiranía que puede ser aplicada por las autoridades públicas, pero cuando se aplica por la sociedad colectivamente llevaría a la forma más agravada de opresión. Equilibrar la necesidad de independencia individual con ese control social es el objeto de esta obra. En sociedad, las normas de conducta deben imponerse, bien legalmente bien “mediante la opinión”. Dicha “opinión” se modularía mediante la Costumbre, como origen de la mayoría de los “criterios de juicio”, pero también mediante la superstición o los prejuicios, el propio interés o la existencia de una clase dominante. En la propia Inglaterra, Stuart Mill ve mayor la influencia de esta “opinión” respecto a los países continentales. La tradición anglosajona de defenderse frente a la intromisión del poder en la esfera de independencia del individuo tendría un origen más influenciado por la costumbre que por una visión del “gobierno como representante de un interés opuesto al público”.

La “propia defensa” se convierte en la única razón por la cual la sociedad o cualquier individuo puede interferir en la libertad de acción individual. Propia defensa entendida como “impedir que dañe a otros”, pues en el ámbito individual la independencia debería ser absoluta, salvo en el caso de los menores de edad y aquellos “estados atrasados de la sociedad que… pueden considerarse menor de edad”.

Hay acciones en las que uno podría ser obligado legítimamente por el propio interés de la comunidad, incluso casos donde la sociedad podría hacer responsable al individuo en sentido negativo: cuando no evite el daño. Pero en todo caso, habría una “región germinal de la libertad humana”, un lugar donde la sociedad solo tendría un interés indirecto. Esta región se compondría de dos grandes campos semánticos: por un lado la libertad de conciencia, opinión y pensamiento, y las consecuentes libertad de expresión y publicación; por el otro una libertad de gustos e inclinaciones, la posibilidad de establecer uno mismo su “estilo de vida” siempre que no perjudiquemos a un tercero. “Ninguna sociedad es libre… si en ella no se respetan esas libertades en su integridad; y ninguna es completamente libre si esas libertades no existen de modo absoluto e incondicional”. La propia especie humana obtendría un mayor beneficio mediante el mantenimiento de dicha libertad.

Para terminar su Introducción, reconoce que su teoría se opone a la tendencia general. Constata que la supervivencia de muchas sociedades les habría llevado a imponerse frente a la libertad del individuo. Así mismo, las sociedades modernas, mediante la represión moral o la religión, impondrían su despotismo sobre el individuo. La tendencia general, inclusive entre los reformadores, sería reforzar los poderes de esa misma sociedad y disminuir los del individuo.

Stuart Mill dedica los siguientes capítulos a analizar los dos grandes ámbitos esenciales de esa libertad que mencionaba anteriormente. Primero, establece una defensa a ultranza de la libertad de pensamiento y discusión. No encuentra lógica en prohibir o impedir la manifestación o difusión de cualquier idea, ya sea está una opinión verdadera, falsa, parcial, herética o equivocada. La imposibilidad de establecer la infabilidad de ninguna opinión, el papel que el debate tiene en el establecimiento y fortalecimiento de las propias opiniones y la visión del dogma como un obstáculo centran su argumentación. Aunque establece la necesidad de desarrollar dichas opiniones con un lenguaje moderado y evitando la ofensa innecesaria, considera que ni la ley ni la autoridad deben restringir dichas libertades, se produzcan estas de la forma que sean.

La individualidad, la posibilidad de vivir uno mismo en base a sus deseos y convicciones centran el tercer y cuarto capítulo. Partiendo de la premisa de que nadie es tan libre en sus acciones como en sus opiniones, reitera el perjuicio al próximo como límite de la libertad. Pero fuera de él, la sociedad no debe inmiscuirse en el ámbito personal del individuo. La individualidad frente a la uniformidad aparece como una necesidad intrínseca al desarrollo del individuo y de la propia sociedad. Critica la censura social a la espontaneidad y la imposición de la uniformidad, defiende la originalidad, el carácter, y la necesidad de libertad para que pueda prosperar el genio individual y el progreso colectivo. El mantenimiento de las diferencias entre los seres humanos y la diversidad, explicarían, según Stuart Mill, el progreso de Europa (pese a que también constata una tendencia general a la homogeneización), frente al estancamiento de civilizaciones como la China.

Reconoce la necesidad de observar “cierta línea de conducta respecto a los demás” para vivir en sociedad, y aunque acepta la posibilidad de un “justo descrédito” social del individuo, es taxativo en su tesis de no permitir interferencia alguna en “cosas que solo le importan a uno mismo”. En aquellos casos donde el comportamiento individual tiene consecuencias en su entorno o la sociedad misma, deberían tenerse en cuenta dichas consecuencias, no los comportamientos que las causan. Su defensa de la tolerancia es total, ejemplificando toda una serie de ejemplos como la poligamia mormona o la intolerancia religiosa española.

De la Libertad termina con un apéndice donde ofrece “muestras de aplicaciones que pueden servir para aclarar… las dos máximas que … forman la doctrina entera de este ensayo”. Estas máximas serían la responsabilidad del individuo por sus acciones perjudiciales hacia los demás, que le harían responsable y/o objeto de castigos sociales o legales, y su irresponsabilidad “ante la sociedad de sus acciones mientras estas conciernan a sus intereses y a los de nadie más”. Cumpliendo con la solicitud de la PEC, en estas Aplicaciones encuentro las principales relaciones del ensayo con los conceptos Estado Liberal / Estado Liberal Democrático y Nación / Nacionalismo.

 

Respecto al primer tema, la tesis de Stuart Mill es un claro ejemplo de la libertad negativa que definió I. Berlin. Esta definición de la libertad como existencia de un ámbito de independencia que se resuelve cuando nadie se inmiscuye y las obligaciones solo pueden ser fundadas en el consentimiento es paradigmática del Estado Liberal, frente a la concepción de libertad positiva del Estado Liberal Democrático cuyo objeto es la participación en los asuntos que nos conciernen.

Frente a otras obras del autor donde defiende la participación e incluso simpatiza con las corrientes utópicas del socialismo, De la Libertad solo establece una defensa imprecisa de la participación: la libertad del individuo “implica la correspondiente libertad en cierto número de individuos para regular por mutuo acuerdo las cosas que les incumben a ellos en conjunto y a nadie más”. Pero junto a esto nos encontramos una concepción elitista a la hora de afrontar la individualidad y el poder: “el despotismo es un modo legítimo de gobierno cuando hay que vérselas con barbaros, siempre que sea para su mejora y los medios justifiquen el fin con resultados reales”; una visión de la colectividad como un ente mediocre, más peligroso incluso que el dominio por el Estado; junto con la intención de restringir el Gobierno a la mínima expresión, “Sí carreteras, ferrocarriles, bancos, aseguradoras, grandes compañías, universidades y obras benéficas, fueran ramas del gobierno; si, además, las administraciones locales y corporaciones municipales, con todo lo que implican, se convirtiesen en departamentos de la administración central; y si los empleados de esas diferentes empresas fueran nombrados y pagados por el gobierno, y tuviesen que contar con él para cualquier mejora de vida, entonces toda la libertad de prensa y la constitución democrática de la legislatura no harían libre a este país más que en el nombre”.

Ahora bien, su defensa de la tolerancia, la libertad de opinión y expresión, o el derecho a desarrollar cada individuo su “estilo de vida” sin permitir injerencias exteriores, lo convierten en precursor de numerosos principios que se establecerán a partir del Estado Liberal Democrático llegando hasta su plena aceptación y vigencia en el momento actual.

Para terminar, Stuart Mill ha sido considerado un precursor del Nacionalismo Liberal, gracias a otras obras como Consideraciones sobre el Gobierno Representativo o Sistema de Lógica. Su concepción liberal se vincula con los nacionalismos de base cultural, reivindicando la liberación de los pueblos en nombre de la libertad, el trazado de fronteras conforme a criterios de nacionalidad, o su concepción de la nacionalidad como elemento de cohesión. Aun así, establece limitaciones para aquellos casos donde las nacionalidades se encuentren tan entremezcladas que necesiten desarrollar estados compuestos. En De la Libertad no encontramos ninguna referencia a los conceptos nación o nacionalidad, pero su defensa del autogobierno de los individuos que indicábamos anteriormente, su constante llamada a preservar las comunidades locales y sobre todo su concepción del Estado y del Gobierno concuerdan con el pensamiento que mantiene en las obras mencionadas.