COMPARATIVA: JOAQUÍN SOLER SERRANO, IÑAKI GABILONDO
COMPARATIVA: JOAQUÍN SOLER SERRANO, IÑAKI GABILONDO
En 1999 Radio Barcelona celebró su 75 aniversario y los Premios Ondas de aquel año decidieron premiar a un conjunto de leyendas históricas de la radio, entre ellas a Joaquín Soler Serrano. Con cierta lógica, fue Iñaki Gabilondo quien le entrego aquella noche el premio especial aniversario. Más adelante, semanas después de su fallecimiento en 2010, cuando las Academias de Televisión y de la Radio decidieron crear un Premio Soler Serrano que reconociera a aquellos profesionales que hubieran destacado en ambos medios, la misma lógica anterior hizo que fuera Gabilondo el primer galardonado. Hay cierta continuidad en las carreras y el significante que ambas figuras han tenido en la comunicación de las últimas décadas en España. Podría decirse que Iñaki Gabilondo recogió una parte del testigo de Soler Serrano como el gran entrevistador del momento. Podemos observar cierto paralelismo en sus carreras, ambos personificaron en cierto modo un modelo de comunicador cultivado, reflexivo sensato y de calidad.
Cuando Joaquín Soler Serrano murió, era un personaje olvidado. Víctima de Alzheimer, pasó sus últimos años ingresado en una residencia de Barcelona. Había nacido en 1919 en Murcia, en una familia militar con la que cambió constantemente de residencia hasta establecerse finalmente en Barcelona. Nada más terminar la Guerra Civil ganó un concurso de locutores para Radio Nacional de España, donde llegaría a ser redactor jefe. Años después pasa a Radio España en Barcelona y se convierte en su locutor estrella. En 1956 se traslada a Venezuela donde comenzó a trabajar en televisión. Regresa en 1959, ya en Radio Barcelona para la Cadena SER y debuta en TVE con numerosos magazines y concursos culturales que le convertirán en un personaje muy popular. Se hace célebre en 1962 con sus campañas en favor de los damnificados por unas inundaciones en Sabadell y Tarrasa. Muy familiar, representa un personaje simpático, pero culto, educado y cercano. Coincidiendo con el inicio de la Transición realizará dos programas de entrevistas para TVE, A Fondo y Perfiles, de gran éxito y valoración, que quedarán como clásicos de la comunicación televisiva, convirtiendo a Soler Serrano en “maestro de la entrevista”. Se mantendrá en antena hasta 1981, cuando por discrepancias con la cúpula directiva abandona TVE y prácticamente la primera línea periodística. Sus últimos 30 años serán anodinos, volviendo incluso a establecerse en Venezuela o Miami, pero sin conseguir mantener su presencia en los medios españoles con un mínimo protagonismo. En cierto modo, Soler Serrano representaba una época anterior, un estilo sin espacio tras la ruptura democrática.
Iñaki Gabilondo nació en San Sebastián en 1962. Estudio periodismo en la Universidad de Navarra y desde el principio de su carrera se dedicó a la radio. Con apenas 30 años ya dirigía la emisora de la Cadena SER en Sevilla, tras haberlo hecho en San Sebastián con la misma SER y con la cadena COPE. En 1978 pasa a dirigir el programa Hora 25 en la Cadena SER, y en 1980 sus servicios informativos. En enero de 1981 es nombrado Director de Informativos de TVE y será precisamente durante el golpe del 23 de febrero la primera vez aparezca en antena, presentando el mensaje a la nación de Juan Carlos I. Durante un par de meses conducirá el informativo estrella de las nueve de la noche, siendo despedido en mayo por “discrepancias de fondo”[1] con la dirección general. Regresa a la SER en 1983, y desde 1986 dirige y presenta Hoy por hoy que llegará a ser el programa de mayor audiencia de la radio española. Estará veinte años al frente de esta franja matinal, compaginándolo con numerosos magacines televisivos. Durante esos años, Gabilondo se convierte en un periodista de referencia, respetado, ecuánime, sosegado y unánimemente alabado. Solo durante sus últimos años en la SER se verá arrastrado por la polarización política existente, convirtiéndose en un elemento destacado dentro de la guerra mediática entre su empresa, PRISA, y otros medios conservadores. En 2005 deja la SER para presentar los informativos de la recién creada cadena televisiva Cuatro hasta 2010, sin mucho éxito de audiencia. Tras unos meses en la versión española de CNN, Gabilondo se convierte en comentarista para El País y la SER y comienza a colaborar con numerosos programas de entrevistas para Canal + (Movistar posteriormente). Hoy día mantiene cierta autoridad moral, siguiendo en la primera línea informativa, más como una figura de referencia que como un comunicador de primera línea de batalla.
Este tercer trabajo para la asignatura nos solicita un análisis comparativo de la forma de entrevistar de ambos comunicadores. La web de RTVE mantiene en acceso público la totalidad de las emisiones de A fondo y Perfiles. Por otro lado, en Internet o Movistar Plus es sencillo encontrar multitud de entrevistas de todo tipo con Iñaki Gabilondo. He decidido analizar dos entrevistas a dos personajes que mantienen cierta similitud, del mismo modo que los contextos en las que fueron realizadas son también paradigmáticos y totalmente definitorios del contenido de las mismas. De Soler Serrano analizaremos la entrevista que realizo en A fondo a Ramon J. Sender, de Gabilondo la entrevista que realizó en un programa de Canal + llamado Iñaki a José Luis Sampedro. En ambos casos se entrevista a dos escritores/pensadores de éxito, en los momentos finales de sus vidas, y buscando tanto indagar sobre sus vivencias pasadas como compartir sus impresiones respecto al momento actual o el futuro que nos espera. Son dos entrevistas televisivas, amables, que reconocen en todo momento la admiración del periodista hacia el entrevistado, pero que nos ayudan enormemente a intuir las técnicas y las motivaciones detrás de cada uno de los entrevistadores.
La entrevista a Ramón J. Sender[2] se emitió el domingo 4 de julio de 1976, durante la primera temporada de A fondo. Desconocemos su fecha de realización, pero el contexto es sumamente esclarecedor de su contenido. Precisamente el día anterior a su emisión, en la tarde del sábado, Adolfo Suarez fue elegido Presidente del Gobierno dentro de la terna que Fernández Miranda presentó al rey. Estamos en el inicio de la Transición, en un momento de pequeñas aperturas en la televisión pública.
Sí Delibes fue quien inauguro el programa, Sender fue el primer exiliado que aparecía en él. Había regresado a España intermitentemente desde 1974, en medio de una gran atención, dando numerosas entrevistas y conferencias, pero esta fue la primera vez que la televisión pública le dedicaba un espacio preferente. Y un cierto espíritu de conciliación gobierna la totalidad de la entrevista, hasta su emocionado momento final en el que el entrevistado agradece entre lágrimas la oportunidad a Soler Serrano, a Televisión Española y “al maravilloso pueblo madrileño que me acompaña” (01:06:04).
Ramon J. Sender no era en aquel momento una personalidad neutra. Fue un escritor muy prolífico, reconocido internacionalmente y con gran éxito en la propia España. A su vez había sido un conocido militante anarquista, con gran protagonismo durante la II República (llegó incluso a ser Premio Nacional de Literatura), que participó activamente en la guerra, donde protagonizo toda una serie de polémicas con la dirección militar republicana. Tal era la dimensión de su figura en aquel momento, que las fuerzas nacionales fusilaron a su mujer al no poder apresarlo a él. Tras esto, la república le envió como propagandista a EEUU y Francia, de donde no regresaría. Exiliado primero en México, desde 1942 ejercería la docencia en numerosas universidades estadounidenses, finalizando en la Universidad de California del Sur en San Diego, donde fallecería seis años después de conceder esta entrevista. Si el franquismo prohibió en un principio la difusión de sus obras, a partir de mediados de la década de los 60 la editorial Destino comenzó la publicación de sus obras completas con gran éxito, llegando incluso en 1969 a ganar el Premio Planeta. Así que Sender tampoco era ningún desconocido en el momento de la entrevista.
En un momento dado de la entrevista, Soler Serrano afirma que el suyo no es un programa de temas coyunturales, sino de perspectiva. Y en cierto modo el invitado se comporta coherentemente con esta intención. Estamos más ante un homenaje, un acto de desagravio, de conciliación, que ante una batalla dialéctica o un intento de indagar en la realidad de sus afirmaciones o profundizar en el mismo. No hay solicitud de aclaraciones, ni confrontación de sus incoherencias, ni mención alguna a cualquier motivo que pudiera disgustar al entrevistado o indignar al espectador. En todo momento el entrevistador alaba sin recato al entrevistado, llegando a la adulación: no hay disputa posible respecto a su categoría, lo único que parece importarnos es aprender del personaje, conocer su discurso (no juzgarlo), regodearnos en su grandeza y escuchar.
Soler Serrano deja hablar a Sender, sin entrecortarle ni dirigirle. Son largos soliloquios, donde intuimos que el escritor fabula constantemente, relativiza todo aquello donde no le interesa profundizar, e incluso elude descaradamente episodios o periodos completos de su biografía que por si mismos justificarían la entrevista. El periodista solo aparece para apoyarle en aquellos momentos donde parece que pierde el hilo, para recalcar el camino que el propio entrevistado establece o para abrir nuevos capítulos donde indagar. En cierto modo es una entrevista decepcionante, pues no encontramos la narración o la explicación de todos aquellos episodios o controversias que a priori nos gustaría conocer en un diálogo con Ramon J. Sender. Pero por otro lado tenemos la suerte (y ambos lo saben) de estar ante un ejercicio de gran valor documental, un momento atemporal, ante una oportunidad (probablemente irrepetible) de conversar con alguien de enorme trascendencia.
La médula argumental de la entrevista es la necesidad de pasar página, de olvidar todo aquello que nos puede hacer daño y avanzar hacia una modernizada España en paz, pero “con justicia social creciente” (01:05:20). Tenemos la sensación de que Sender busca amoldarse ideológicamente a las indicaciones que va marcando Soler Serrano, sin ser este tampoco demasiado inquisitivo (Soler Serrano: “esa década de los 30 nos trajo la guerra, le trajo después a usted el exilio” (50:55), “cree que los intelectuales no son por general buenos políticos” (47:45), “usted cree que la lección aprendida, sobre todo en tantos años de exilio, es que una España unida, una España en convivencia, una España en paz, puede dar un paso de gigante” (57:42), “hacemos votos porque esa España próxima, inmediata, en concordia, para todos los españoles sea una realidad pronto y para siempre” (01:05:05) ). El escritor desea ser aceptado en esa nueva España, lo último que quiere ser es un elemento disruptivo. Así la mayor parte de la entrevista transcurre en la narración de una infancia y juventud utópica y feliz, que ambos glosan generosamente. Sender desdramatiza sus anteriores posicionamientos ideológicos. Presenta su anarquismo como un pecado de juventud, en realidad lo que siempre ha amado es la libertad. Con ayuda de Soler Serrano se presenta como un personaje independiente, solitario, nada gregario. La república solo se menciona negativamente y la guerra directamente se elude, el exilio es únicamente un camino de éxito para el intelectual. No hay referencias al franquismo, la censura o sus dramas personales. Constantemente intenta mostrar un distanciamiento incomodo respecto a la política o los políticos. “No quiero saber absolutamente nada que huela a discrepancias de razones, motivos políticos, […] de política de partidos no sé absolutamente nada” (56:40). Solo quiere una España en paz donde todos prescindamos de nuestros radicales puntos de vista. Elogia constantemente el progreso actual de Madrid y la propia España, de la sociedad vigente. Pero en numerosos momentos atisbamos que debajo de ese discurso late aun un compromiso político que no desea mostrar. Critica a la República, pero alaba a Prieto o a Pablo Iglesias. Hay un momento en que se emociona cuando Soler Serrano trata de profundizar, pero rechaza entrar en asuntos más escabrosos: “el pudor de lo trágico- y no debemos hablar de esas cosas” (44:36). Al final reconoce que la libertad es el centro de su vida, sin molestar a nadie, pero que siempre tomaría ese camino final. Alaba la libertad de pensamiento que ha disfrutado en América. Durante toda la entrevista se ha mostrado nervioso, forzando su simpatía y sencillez, pero siempre al borde de la emoción. Incluso podríamos pensar que Sender está realizando un ejercicio de contrición del que no está muy orgulloso.
La entrevista es larga, más allá de la hora y no parece estar editada. Soler Serrano la inicia con una amplia introducción al personaje, en un estilo épico y poético, totalmente elogioso: “ilustre español”, “cerebro de las américas”, “glorioso”, “estupenda y soberana integridad que le ha hecho querido y estimado por todos”. Su estructura es cronológica, va enumerando diferentes efemérides que den pie a las reflexiones del entrevistado. Finaliza con consideraciones más generales. Las intervenciones de Soler Serrano tienen profundidad, están muy documentadas y utiliza un lenguaje sencillo, claro, pero culturizante, intentando cierto lucimiento cada vez que interviene. Eso sí, sin pedantería. El ambiente es distendido, siempre amable, con la sonrisa en la boca, sus preguntas e intrusiones tienden a ser breves y directas, busca que el personaje se explaye. No hay ningún momento en que contradiga o enfrente al entrevistado, hay una clara simbiosis entre ambos. Estamos ante una entrevista del tipo semblanza, biográfica, ejecutada mediante una conversación abierta, cordial. En todo momento Soler Serrano parece conocer las aristas del personaje, su objetivo no es tanto extraerle información sino ilustrar, presentarle ante el público.
Por su parte, la entrevista de Iñaki Gabilondo a José Luis Sampedro[3] se emitió el 23 de junio de 2011. En un momento dado aluden a la publicación de un artículo de Manuel Vicent[4], con lo que intuimos que fue realizada el 6 o el 7 de junio. Conocer en este caso su fecha de realización es esencial. Estamos en medio de la crisis económica, en plena explosión del movimiento 15M, con las acampadas vigentes en plazas de toda España y una enorme efervescencia política. Aquí el hilo argumental serán precisamente todos esos debates ideológicos y consignas que se están dando en las plazas. Sampedro se nos presenta como una referencia de la mayoría de esas reivindicaciones, pero sorprendentemente ambos eluden mencionar la actualidad que está sucediendo en las calles. Algo paradójico, pues el propio escritor ha elaborado la introducción a la edición española del Indignados de Stéphane Hessel, biblia del movimiento. Es más, solo hay un pasaje donde hablan al 15M, y de forma algo despectiva: Gabilondo se refiere a “la rebelión de estos chicos”, a lo que Sampedro rápidamente matiza “con la que estoy completamente, ya lo he dicho” (32:06).
Gabilondo inicia la entrevista con dos preguntas que son toda una declaración de intenciones: “¿Qué ocurrirá? ¿Qué cabe vaticinar que ocurra?” (00:01). Nos presenta brevemente a un anciano de 94 años que para él es un referente ético e intelectual, además de dejar claro desde un principio que les une una relación de amistad. Sampedro se muestra muy locuaz durante toda la entrevista, Gabilondo apenas interviene más que para enunciar preguntas cortas y directas, en ocasiones solicitando una aclaración a las afirmaciones del invitado. Hay un primer bloque de la entrevista donde indagan respecto a la trayectoria, primero profesional y luego literaria de Sampedro. Con la máxima educación, Gabilondo busca en ocasiones enfrentar al personaje a sus propias contradicciones; “Cuándo te ves en ese pasado, ¿Qué José Luis Sampedro ves?” (06:40), “cuesta imaginar a José Luis Sampedro como subdirector general de un banco, ¿no?” (07:40). El segundo bloque de la entrevista se destina a desgranar las opiniones del entrevistado respecto a esos debates y consignas que están en la calle, pero desde una perspectiva general y atemporal, se busca claramente desligar la conversación del día a día. Probablemente, como en el caso anterior, estemos ante una entrevista en la que ambos saben que tiene un marcado carácter histórico, de legado, un valor documental. Sampedro está en la recta final de su vida y ya no se prodiga en los medios. Denuncia la deriva del capitalismo, pero se muestra muy cauto a la hora de asegurar hacia dónde va, enfatiza la necesidad de educarse a uno mismo, de alcanzar un pensamiento crítico, profetiza la transformación profunda de la sociedad y el ser humano en una nueva era tecnológica. Es optimista ante el futuro, cree que existen márgenes suficientes para una evolución democrática y en libertad. Considera desfasada la política y los políticos, anunciando la necesidad de un nuevo lenguaje. Durante toda la entrevista mantiene un discurso lúcido, fluido y repleto de constantes referencias a la ética, la filosofía o la ciencia. Se ve cómodo en el papel de rebelde comprometido, en palabras de Gabilondo de ser “la mente lúcida más joven de España” (01:05). En definitiva, de ejercer como una especie de faro para generaciones más jóvenes. En esta línea irá su mensaje final: “cuando te ocurra algo que no quieres, dite a ti mismo no, y si puedes di hacia fuera no, y si puedes dile en la cara al que lo hace: no. Si no puedes, por lo menos sigue viviendo en el no. Se puede ser más libre con el pensamiento dentro de un calabozo que ser comprado como primer ministro de un tirano importante” (43:48).
Sampedro es un personaje blanco, quizá sin las contradicciones o necesidades que reflejábamos en el caso de Sender. Refleja mayor verisimilitud y confianza en sus reflexiones. También estamos ante una entrevista larga, relajada, pausada y reflexiva, que no parece estar editada. Gabilondo mantiene siempre un tono muy cercano al invitado, con un lenguaje muy claro y directo e interviniendo mínimamente. Evita todo tipo de artificialidad, consiguiendo crear una burbuja de conversación entre dos amigos, dejando que su entrevistado sea el que abone las afirmaciones, mientras desconocemos cual es su posicionamiento. Detrás de sus preguntas encontramos dudas respecto al entramado lógico del invitado, busca que este se explique, que desarrolle su discurso. Vemos que hay una fuerte preparación detrás, pero no deja que su visión del personaje se imponga. Su estilo es suave, trasmite un deseo de aprender y cierta capacidad de sorpresa y empatía con lo que escucha.
Es difícil elaborar una comparación entre las técnicas periodísticas de Soler Serrano y Gabilondo. En el fondo encontramos más coincidencias que diferencias. Seguramente el mayor contraste entre ambos venga determinado por los diferentes contextos temporales en los que han desarrollado sus carreras. Soler Serrano es un periodista que, por afinidad, y probablemente por necesidad, centró su actividad en el entretenimiento y la divulgación cultural. Gabilondo ha podido desarrollar una carrera más amplia, siendo un excelente analista y entrevistador político, cultural y social. Ambos tienen un estilo amable, poco incisivo, muy respetuoso con sus invitados. Es prácticamente imposible encontrarles un momento en que pierdan la compostura pese a la provocación de sus invitados o la urgencia del momento (dos ejemplos: la entrevista de A fondo a Francisco Umbral u otra de los informativos de Cuatro a Esperanza Aguirre). Son profesionales que preparan muy bien sus entrevistas, las elaboran con enorme seguridad y confianza, están perfectamente estructuradas, y buscan reflejar la voz de sus invitados, con entrevistas abiertas y extensas, evitando su lucimiento personal. Ambos, diferencias técnicas mediante, buscan un tipo de conversación en burbuja, estableciendo un espacio cerrado de diálogo, de intimidad y confianza. Son conscientes del público, pero este no existe.
Hay naturalmente diferencias que vienen marcadas más por el “estilo de cada época”. Así la expresión y el tono de Soler Serrano es más recargado, más retórico y literario. Gabilondo usa un estilo muy sencillo y comprensible, es muy difícil encontrarle una metáfora, un cultismo o una adjetivación excesiva. Soler Serrano denota también mayor trascendencia en su mensaje, es más épico y en cierto modo solemne, mientras Gabilondo se cuida mucho de imponer opinión en sus entrevistas o aseverar enfáticamente.
En todo caso, estamos ante dos comunicadores que consiguen dar a su trabajo una atmosfera y un valor atemporal. Los dos ejemplos que hemos analizado nos demuestran como años después de cada una de estas entrevistas, aun podemos dialogar con ellas y encontrar múltiples matices e información.
[1] Destituido el director de los servicios informativos de Televisión Española. EL PAIS. 22 MAYO 1981. https://elpais.com/diario/1981/05/22/espana/359330409_850215.html
[2] SOLER SERRANO, J. Ramon J. Sender. A Fondo. 4 de julio 1976*. En https://www.rtve.es/alacarta/videos/a-fondo/ramon-sender-fondo-1976/1204959/ (* el archivo tiene un problema de visualización, hay que bajar su calidad a “media” para poder escuchar su sonido)
[3] GABILONDO, I. José Luis Sampedro. Iñaki. Canal +. 23 junio 2011. En https://www.youtube.com/watch?v=97cJuC2EJAw
[4] VICENT, M. Coraje. El País. 5 junio 2011. En https://elpais.com/diario/2011/06/05/ultima/1307224801_850215.html

