Historia

CONXITA SIMARRO, DIARIO DE UNA NIÑA EN TIEMPOS DE GUERRA Y EXILIO (1938-1944)

CONXITA SIMARRO, DIARIO DE UNA NIÑA EN TIEMPOS DE GUERRA Y EXILIO (1938-1944)

Hay una escena en la película Casablanca donde Ingrid Bergman le dice a Humphrey Bogart: “el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”[1]. La cita viene perfecta para adornar esta recensión a los diarios de Conxita Simarro, no solo por la combinación que en ella se da de épica e intrahistoria, sino por la coincidencia temporal. Conxita transita por Casablanca entre el 14 y el 20 de noviembre de 1941, apenas unos días antes de comenzar la trama de la película. Es más, la cinta se inicia contándonos como la ciudad marroquí se había convertido en “la puerta a la libertad de las américas” y cómo una “tortuosa ruta de refugiados” llevaba de París a Marsella y de ahí a Orán finalizando en Casablanca. El mismo recorrido que Conxita y su familia recorrerán camino de México.

Este pasaje, apenas una hoja, 20 líneas, ejemplifica perfectamente el tono y las múltiples lecturas que podemos extraer de su Diario. Casablanca le parecerá “estupendo, muy bonito y sobre todo modernísimo”[2], también nos informa que verá allí dos películas americanas de niños con animales, Uña y carne con Mickey Rooney y caballos, y Su primera escapada con Jackie Cooper y Rin Tin Tin. Visitan la ciudad y a unos amigos de su padre con quien pasan un par de días. Además de su familia, viajaban con otro matrimonio en grupo. Conxita denota la preocupación por la separación que han sufrido al llegar al hotel y la falta de noticias. También nos deja intuir su ansiedad ante el viaje definitivo, la incertidumbre constante respecto al mismo, o el sobresalto de no encontrar en la ciudad a quien esperaban. Pero frente al lógico dramatismo del momento en que está viviendo, se impone a si misma un tono positivo. La ciudad cada vez le gusta más, los jardines son bonitos, los edificios estupendos, las calles larguísimas, la iglesia un poco vacía (pero está bien), los amigos de sus padres son simpáticos y buenos. Narra como transcurren 26 horas desde que llegan a puerto hasta que consiguen zarpar, pero lo único negativo es la escalera para bajar al atestado dormitorio común. No hay durante el episodio de Casablanca referencia alguna a la guerra o la situación política internacional que si encontraremos en otras ocasiones a lo largo de los diarios. Estamos sobre todo ante un testimonio personal, el de una adolescente encapsulada en una familia protectora, que transita alrededor de una situación trágica hasta que consigue alcanzar el edén de cierta normalidad.

Conxita Simarro elaboró sus diarios entre 1938 y 1944, entre sus 10 y 16 años. Son anotaciones rápidas, escasas, fragmentadas e irregulares en el tiempo. No encontramos en ellas muchas reflexiones: si bien hay referencias a la situación exterior, la gran mayoría de sus apostillas consisten en la traslación narrativa de sus acontecimientos diarios, de sus deseos, descripciones de su círculo social o principales preocupaciones. Más que un ejercicio meditativo parece intentar poner en orden sus recuerdos. Es más, hay un momento en que ella misma reconoce que no hace “otra cosa que escribir frases insípidas y sin substancia”[3], pero lo excusa diciéndonos que su alma “está tan llena de impresiones y cosas que sería imposible definirlas completamente”3. Uno de los principales aciertos del libro es su verisimilitud, estamos ante un texto que no ha sido editado buscando mayor trascendencia. Nos encontramos ante las reflexiones en crudo de una adolescente que evoluciona ante nuestros ojos, madurando tanto emocional como estilísticamente.

Denotamos una joven obediente, agradecida, responsable, estudiosa, religiosa, enamoradiza y en cierto modo objetiva. En todo momento se muestra abnegada ante las circunstancias, no encontramos apenas quejas o reproches, siempre veremos como intenta reflejar en sus diarios aquellos acontecimientos o predicciones que tienen un componente positivo para ella. Así nos narra las dificultades del final de la guerra y el exilio con el tono más neutral posible. En los primeros años veremos continuas referencias a una posible guerra europea o a la victoria de los “criminales fascistas” en España. Las referencias a los horrores de la guerra son escasas y lejanas a su foco personal, así parece que le afectan más las consecuencias de las inundaciones de 1940 que el desarrollo de la contienda. Nos narra su situación en Francia y los continuos cambios legislativos a su alrededor con enorme sobriedad y austeridad. Con la detención de su padre y su confinamiento muestran algo más de preocupación, pero sin cargar los tintes dramáticos. Nos trasmitirá el mal trato que han recibido en Francia los españoles solo cuando se encuentre en Santo Domingo, mientras que durante toda su estancia en Francia solo nos habrá referido la amabilidad y la ayuda prestada por los propios franceses que se cruzan en su camino. Tan solo a partir de noviembre de 1942 nos habla de su deseo de volver a España. Es a partir de ese momento cuando los diarios se llenan de referencias políticas e internacionales, pero siempre reflejando el optimismo de una futura solución acorde a sus deseos. Nos cuenta que asiste a una conferencia de Martínez Barrios, que se espera en cualquier momento la restauración monárquica en España, enumera los fracasos de Alemania y la Italia Fascista o el próximo y seguro desembarco de los aliados en Europa. De España le llegan noticias contradictorias respecto a los presos y la evolución del régimen. El diario se cerrará con el optimismo del desembarco en Normandía y el pesimismo que le provoca saber que Inglaterra no ayudará a los republicanos tras unas declaraciones positivas de Churchill sobre Franco, aunque intuimos que la autora se encuentra perfectamente integrada y feliz en México. España para ella es una referencia familiar, nublada y lejana.

El núcleo principal de los diarios de Conxita es la narración de su día a día. Sus preocupaciones respecto a las diferentes acomodaciones que recorre, la comida a su alcance y el dinero. Sus diferentes amistades son detalladas y descritas constantemente, así como su vida social y las diferentes escuelas por las que pasa. Tanto al principio del diario, como sobre todo en su final, asistimos a sus divagaciones amorosas. Intuimos que su padre pertenece a cierta élite republicana. Pese al exilio y las penurias, está bien relacionado, siempre consigue establecer una mínima red de seguridad alrededor de su familia. Siempre se expresa en términos positivos y optimistas sobre su padre y cita en muy pocas ocasiones a su hermana, mientras que la figura de su madre es presentada de forma más negativa, a menudo enferma, preocupada y casi siempre expuesta como un elemento pasivo. Conxita utiliza a su madre y sus vicisitudes para ejemplificar la dureza del contexto en el que están. Ella, por el contrario, hace un esfuerzo por presentarse siempre como una buena chica, optimista, echada para adelante e incluso feliz en dicho entorno. Las diferentes amistades que va haciendo son siempre positivas, las escuelas estupendas, los profesores maravillosos, México el paraíso, sus constantes éxitos académicos, etc…

El diario de una niña como Conxita nos permite analizar una fuente de primer nivel a la hora de acercanos a la intrahistoria, lejos del protagonismo o la trascendencia que pudieran tener otros autógrafos de protagonistas de primera línea. Siempre ha sido fundamental en cualquier investigación el trabajo con autógrafos de personajes principales (un ejemplo claro es el papel de los diarios de Azaña respecto a cualquier indagación sobre la II República), pero la historiografía se ha abierto en las ultimas décadas a ampliar su campo de visión mediante la inclusión de diarios u otros testimonios de voces subalternas. Es el caso de los testimonios infantiles, que aportan números elementos que nos ayudan a desarrollar la historia cotidiana del día a día en un contexto determinado. Conxita nos muestra (en la mayoría de los casos sin ser consciente) una enorme gama de matices, comportamientos y situaciones que nos ayudan a encuadrar y definir el entorno en el que se encuentra. Frente a la presunta simpleza e incluso banalidad de sus afirmaciones, intuimos constantemente la influencia que los acontecimientos externos tienen respecto al desarrollo de su propia cotidianidad y personalidad. Sus características de ingenuidad e inmediatez proporcionan incluso a estos documentos de un marchamo de verosimilitud y objetividad muy difíciles de encontrar en otros testimonios adultos, donde el narrador tiene sesgos mucho más marcados respecto al discurso que busca reflejar.

Pero, por otro lado, los diarios infantiles y juveniles no están exentos tampoco de la problemática en la que incurren otras fuentes o documentos históricos: también nos muestran una mirada tangencial sobre el pasado, una perspectiva única y sesgada, sobre la que tenemos que trabajar en pos de reconstruir un pasado más completo. Sosenski y Altied nos indican en sus introducciones al volumen el papel que las voces infantiles tienen en la historia y la capacidad de dichos documentos como fuente histórica. En ambos casos, el diario de Conxita se configura como un elemento de primer nivel.

 

[1] La traducción textual es: “con el mundo entero derrumbándose, elegimos este momento para enamorarnos”

[2] SIMARRO, C. Diario de una niña en tiempos de guerra y exilio (1838-1941). Madrid. Editorial UNED. 2015. P. 143

[3] SIMARRO, C. (2015) P. 170