Familia Real Española (1931-1945)

4.1. Renovación Española, testaferro de Alfonso XIII. La creación de Renovación Española.

POLÍTICA E IDEOLOGÍA EN LA FAMILIA REAL ESPAÑOLA (1931-1945)

4.1. Renovación Española, testaferro de Alfonso XIII. La creación de Renovación Española.

En Septiembre de 1932 se celebró una cumbre en Paris, con la participación del Rey y las principales figuras monárquicas donde “se decidió articular el movimiento en un frente doctrinal (el futuro grupo intelectual de AE), otro político cifrado en la creación de un partido oficial aparentemente legal y otro militar que impulsaría la propaganda en el Ejército para propiciar un futuro golpe de fuerza. Según Vegas Latapié, ‘aprobó el rey nuestros planes y nos dijo que eran los más serios que le habían sometido desde la caída de la Monarquía. Nos prometió su discreto apoyo’”[1] Otros autores nos dicen que en un principio Alfonso XIII se negó a la creación de Renovación Española (en adelante RE) hasta no estar seguro de la orientación que tomaría Acción Nacional, ahora denominada Acción Popular. En noviembre Goicoechea consiguió una autorización escrita para ello, “con la reserva de que se evitara a todo trance que el partido político que se iba a crear tuviera el menor choque con los otros partidos afines, y que la función de carácter político tuviese únicamente la actividad indispensable para justificar su existencia.” [2]

El proceso de ruptura con Acción Popular llegó poco tiempo después, en enero de 1933, cuando Gil Robles estableció el accidentalismo en la primera línea de su nuevo programa: “1º Acatamiento del poder constituido, según las enseñanzas de la iglesia”[3]. Su objetivo era tender puentes con los partidos del centro republicano, especialmente con el Partido Radical de Lerroux. Este accidentalismo con la estructura orgánica del estado fue considerado desde el lado alfonsino como un casus belli, un elemento fundamental e irrenunciable a la hora de establecer alianzas políticas, convirtiendo en incompatible su militancia dentro del partido. Anteriormente, el accidentalismo ya había sido asumido también por los agrarios, que si bien se presentaron electoralmente como monárquicos agrarios, en seguida manifestaron su intención de no considerar prioritaria la restauración monárquica[4]. Esta actitud de los agrarios fue tomada desde el lado alfonsino como una traición, llegando a romper prácticamente sus relaciones durante todo el periodo republicano.

En consecuencia, días después ABC publicó una carta firmada por 76 personalidades monárquicas buscando “una federación de las derechas españolas”[5], con el “Sr. Goicoechea [asumiendo] la dirección de la cruzada”. Goicoechea presentaba una extensísima carta-programa, basada en una “monarquía no constitucional, sino tradicional”, “clave del arco constitucional y el principio esencial irremplazable para un nuevo ordenamiento”, caracterizada esencialmente por el derecho natural católico.  Proponía “organizar el sufragio”, la “sumisión del Estado al Derecho” y “que el centro de gravedad del edificio constitucional del porvenir se mudara del órgano parlamentario al poder monárquico y al Poder judicial”. Indicaba que hacía “por primera vez uso de la autoridad de que me invisten para reiterar a todos la necesidad de una alianza estrecha y cada vez más íntima con los grupos afines”.

Fue este un programa en consonancia con las tesis sobre su papel que anteriormente deducíamos del pensamiento de Alfonso XIII.  Su principal eje era la restauración de una nueva monarquía basada en la ampliación de las prerrogativas reales, y que pese a extender su llamamiento a la colaboración del resto de fuerzas de derechas, lo que en realidad hizo fue sentar las bases entre sus fieles de la que a partir de ahora será su representación oficial. Esta representación ya no sería liberal, apartidista e imparcial, sino conservadora, profundamente católica, contrarrevolucionaria y antirepublicana (“libres de toda culpa en la progresiva disolución de la sociedad española que pacientemente contemplamos […] entregados pacíficamente los resortes del Poder a los dirigentes de una revolución que fueron los primeros sorprendidos por la explosión de un estado de conciencia colectivo, mesiánico e irresponsable”), presentando un programa basado en “los valores eternos del espíritu español”. Pero por encima de todo ello, la lealtad monárquica aparecía como requisito fundamental para la pertenencia al movimiento. Ante el abandono a la dinastía por parte de la clase política liberal, a partir de este momento, está nueva monarquía fue la defendida por Alfonso XIII. Renovación Española, pese a sus tensiones internas, fue su portavoz y representante oficial hasta julio de 1936.

[1] GONZÁLEZ CALLEJA “El exrey” p. 412

[2] GUELL, F. B. Caudillo, profetas y soldados. Editorial Juventud. Barcelona. 1939. Pp. 70-72. Guell fue un historiador franquista, crítico con Alfonso XIII y los monárquicos.

[3] PLATÓN (1998) p. 358

[4] En palabras del líder de la minoría agraria, Royo Villanova, durante el debate constitucional: “Yo defiendo la República, porque siempre he creído que lo primero es la Patria, lo segundo la libertad y lo tercero la forma de Gobierno” (en GIL CUADRADO, L.T., El Partido Agrario Español, Tesis doctoral. UCM. Madrid. 2006 p. 126

[5] Hacia una federación de las derechas españolas. ABC Madrid. 13 de enero 1933. pp. 27-30. Como curiosidad, entre los firmantes están Albiñana, Fuentes Pila, Maeztu, Quintanar y Sainz Rodríguez, pero se echan en falta las firmas de Pemán, Vegas Latapié, opuesto entonces a la ruptura con los propagandistas o Calvo Sotelo, quien no se sumará al proyecto hasta meses después.