Política

Bernie Sanders

Bernie Sanders

1.   INTRODUCCIÓN

Ya avisó Lenin que había décadas donde no ocurre nada y semanas donde ocurrían décadas.  El tema de esta monografía se estableció a mediados de febrero de 2020, en otro mundo distinto y lejano al actual. Bernie Sanders encabezaba las primarias demócratas y todos nos dedicábamos a especular sobre sus posibilidades reales de alcanzar la nominación, de si los EEUU estaban preparados para un giro hacia la izquierda, de las verdaderas bases que componían su coalición, de la capacidad del Partido Demócrata para integrar sus propuestas y seguidores, de la coherencia, posibilidad o sinceridad de sus posiciones, de la resistencia estructural del gigante hegemón a una reforma semejante, etc. Tres meses después algunos creen que el neoliberalismo parece estar implosionando, todos los gobiernos han resucitado a Keynes, nadie podría asegurar a ciencia cierta cuál es la correlación de fuerzas existente en cada estado, y Sanders ya no es un candidato a presidente estadounidense, sino que lidera junto a Varoufakis una nueva Internacional Progresista. WTF¡¡

Hoy es 3 de junio y Trump ha desplegado el ejército en Washington tras presentarse delante de una iglesia (quemada dos días antes) enarbolando una biblia. Pasó la noche del viernes en un bunker ante la ferocidad de las protestas delante de la Casa Blanca. Nueva York y decenas de ciudades están en toque de queda, mientras noche tras noche cientos de manifestaciones, revueltas y saqueos se suceden por todo el país. Parece que estas protestas trascienden su motivación racial y comienzan a convertirse en toda una manifestación de rabia, de un descontento social mucho más amplio. Lo que sí es seguro es que gráficamente serán inmediatamente reconocibles en el futuro. Ya veamos fotos o videos en color o en blanco y negro, no vamos a confundirlas con otras protestas raciales de los años 60, los 80 o las antiglobalización más recientes. Ahora, además de algunas capuchas o pasamontañas, la mayoría de sus participantes lleva mascarillas. Porque ante la velocidad de los sucesos nos hemos olvidado por un instante que aún estamos casi todos en casa en medio de una pandemia que está sacudiendo la estructura de todos nuestros estados. Así, con la mitad de población de España, el estado de Nueva York la superó la semana pasada en muertes. Aún hoy, la ciudad de Nueva York, principal centro de las protestas con Minneapolis el, está bajo el estado de emergencia por Covid-19, con todos los negocios “no esenciales” cerrados, prohibición de reuniones o congregaciones de todo tipo y tamaño, y obligación de usar mascarilla y mantener una distancia de al menos 1,83 metros entre personas. Todo ello en medio de una hecatombe económica, donde cerca de 1,5 millones de newyorkinos han perdido sus empleos.

Volviendo al tema del trabajo, Joe Biden es el candidato demócrata in pectore a expensas de una convención que ha sido desconvocada. Tras tres meses encerrado en el sótano de su casa ha reaparecido en público en los últimos días. Al inicio de la crisis del coronavirus, y tras perder varias primarias, Sanders tiró la toalla y comenzó a apoyar públicamente la candidatura de Biden. A diferencia de lo ocurrido con la carrera de Hillary Clinton en 2016, durante estos meses parece ser que el establishment demócrata y el de Brooklyn han aprendido la lección y todo son buenas palabras y colaboración. En cierto modo, Biden ha aceptado buena parte del programa de su contrincante e incluso le presenta constantemente como uno de sus principales consejeros, prodigándose en comparecencias conjuntas. Sanders se deja querer y está jugando a largo plazo, a instalar su coalición y sus premisas en el corazón del propio Partido Demócrata, abandonando en cierto modo su imagen de outsider y abrazando un posibilismo más pragmático. Pero a la vez, y en medio de todo esto, un día nos desayunamos con la sorpresa de una esa nueva Internacional Progresista liderada por Sanders y Varoufakis, con Chomsky, Klein, Correa y García Linera, que busca “conectar, apoyar y movilizar activistas por todo el mundo”, “diseñando políticas que transformen las instituciones, nuestras comunidades y el planeta” y funcionando como “un servicio de noticias a las fuerzas progresistas del mundo, proporcionando una diversidad de perspectivas sobre temas internacionales”[1]

El objetivo de este ensayo es analizar la figura y el discurso de Sanders, con el programa más progresista que cualquiera de los dos grandes partidos norteamericanos hayan enfrentado en unas primarias durante toda su historia. Hasta el punto de que el principal argumento que sus contrincantes utilizan contra Sanders es la irrealidad de sus propuestas, la polarización que estas políticas supondrían para el país o su intento de implantar en los EEUU un “programa socialista” en las antípodas de sus consensos políticos. Mientras, el propio Sanders, habiéndose declarado a si mismo como “socialista” desde sus años de juventud, en las últimas fechas cuando se lo preguntan siempre matiza que se considera “socialdemócrata”.  El objetivo de este trabajo es entender cuál es el concepto de “socialdemocracia” que trasmite, si es asimilable a lo que entenderíamos por socialdemocracia en Europa. Más allá de su fracaso a la hora de alcanzar la candidatura demócrata, la realidad es que el fenómeno Sanders ha alcanzado una magnitud y un impulso que van más allá de la pura anécdota y que justifican esta investigación. Con este trabajo me gustaría investigar el camino que lo ha llevado hasta aquí y como se conforma su andamiaje ideológico. Para ello intentaré centrarme en tres ámbitos diferentes.

El primero de ellos será su propia biografía. Como un judío newyorkino de clase media llegó a alcalde de un pequeño pueblo de un estado norteño durante los 80. Como ese alcalde utilizó su puesto para viajar a la Nicaragua sandinista, a la Cuba castrista, o incluso pasar su luna de miel en la Unión Soviética (llegando a reflejarla en un documental). Como se convierte en congresista y posteriormente senador, llegando a figura con casi 70 años gracias a una treta parlamentaria. Como un político con más de cuatro décadas de carrera y siempre presentándose como independiente llego a convertirse en el posible front runner del Partido Demócrata y en una de sus principales referencias.

En la segunda parte intentaré desarrollar, además de sus propuestas concretas, cual es el núcleo ideológico de Bernie Sanders. Que dice sobre el papel del Estado, las Relaciones Internacionales o la propia democracia. Qué causas ha promovido y apoyado a lo largo de su carrera.

Por último, analizaré la coalición que apoya a Bernie Sanders. Quienes componen la base de sus apoyos, en que ha consistido el movimiento que Sanders ha conseguido mantener en primera fila desde su fracaso en la candidatura de 2016 frente a Hilary Clinton. De la misma forma, nos preguntaremos que puede diferenciar a esta misma coalición de los apoyos tradicionales demócratas y sobre todo que perspectivas de futuro tiene. ¿Son en verdad el futuro del Partido Demócrata?

No existen biografías canónicas sobre el personaje. Sí una infinita cantidad de artículos y disertaciones a favor y en contra. Me basaré en ellos, y de cara a desentrañar sus ideas en las propias palabras de Bernie Sanders. Especialmente en los dos últimos libros que ha publicado, Nuestra revolución de 2016 (que posteriormente reelaboro en una versión juvenil) y ¿A dónde vamos desde aquí? de 2018.

2.   ¿QUIÉN ES BERNIE SANDERS?

Sanders cuenta en sus memorias como uno de sus primeros recuerdos fue presenciar un desfile en Brooklyn por el final de la Segunda Guerra Mundial. Nacido en 1941, destaca de su infancia la impresión que le produjo conocer el holocausto, sabiendo que su familia paterna había sido asesinada en Polonia, así como la emoción por la creación de Israel en 1948. Su padre emigró de Polonia con 17 años y trabajó como representante para un fabricante de pinturas y barnices. Crecieron en un piso de alquiler protegido en Brooklyn, en un entorno de clase media baja. Tiene un hermano mayor que desde hace cincuenta años ejerce de trabajador social en Oxford, Gran Bretaña, llegando a ser concejal allí por el Partido Verde. Según Sanders es este hermano mayor su primer referente político, militante de las juventudes demócratas e implicado en la campaña de Adlai Stevenson (del ala más progresista del partido y posterior embajador en la ONU con Kennedy).

Con 19 años se traslado a la Universidad de Chicago, donde se licenció en Ciencias Políticas y comenzó su militancia en diversas organizaciones como las Juventudes de la Liga Socialista o el Congreso por la Igualdad Racial, del que llegará a ser vicepresidente de su delegación en el campus. Participa en numerosas campañas pro derechos civiles (por las que incluso es arrestado), y llegará a asistir a la Marcha sobre Washington de Luther King de 1963. Fue objetor a la Guerra de Vietnam, pero al final consiguió ser excluido del reclutamiento por superar la edad. Huerfano de padres, vuelve a Nueva York con 23 años y casado con una compañera de Universidad de la que se divorciará en unos meses. Trabaja como auxiliar de clínica, maestro o carpintero, mientras realiza algunos viajes por Europa e Israel, donde convivió en un kibutz durante varios meses.

En 1968 se instala en Vermont, un pequeño estado del norte conocido por su liberalismo, donde realiza diversos trabajos en la administración, como periodista o incluso en la construcción. Vive en un pueblo minúsculo y tiene un hijo, Levi, de una relación extramatrimonial que no durará mucho. En 1971 toma contacto con el Liberty Union Party, del que llegará a ser presidente y con quienes se presentará al Senado o a gobernador sin mucho éxito. El Liberty Union es un partido local, de tendencia socialdemócrata, antibélico y feminista, federado al People’s Party. Lo abandona en 1977 y durante los siguientes años crea una productora audiovisual con el que realiza numerosos documentales para escuelas. Entre estos documentales destaca uno sobre la figura de Eugene Debs, el fundador del Partido Socialista Americano, que conseguirá distribuir por todo el país con cierto éxito.

En 1980 decide volver a la política y aspirar como independiente al cargo de alcalde de Burlington, la mayor ciudad del estado. Conseguirá establecer una coalición de descontentos y ganar por la mínima una alcaldía en manos demócratas durante las pasadas cinco décadas. Se mantendrá como alcalde hasta 1989, ganando cuatro elecciones seguidas. En sus memorias titulará este periodo como “socialismo en una ciudad”. Conseguirá cierta notoriedad nacional al entrar en diversos listados de “mejores alcaldes de América”. Su gestión es popular y pragmática, en cierto modo crea un laboratorio de política local. Durante los primeros momentos no duda en gobernar con los republicanos ante el veto que encuentra de los demócratas, o mejorar las condiciones de la policía local y bomberos. Se enfrenta públicamente a especuladores y empresas, consiguiendo establecer una de las mas exitosas sociedades públicas de alquiler del país, mejora radicalmente las instalaciones sanitarias, pero tampoco duda en enfrentarse a parte de su propia plataforma cuando apoya la permanencia de una planta de General Electric que fabrica armamento, y ante la que él mismo se había manifestado como activista. Son los años de Reagan y Sanders utiliza la alcaldía como altavoz presentando una concepción crítica, especialmente en política internacional: “¿Qué ciudad de 40.000 habitantes tiene una política internacional? Bién, nosotros sí”[2]. Invita a Chomsky, Ginsberg, Studs Terkel, Abbie Hoffman, David Dellinger o la mismísima Ella Fitzgerald a diferentes eventos y decide hermanar Burlington con dos ciudades: una sandinista y otra soviética. Para ambos hermanamientos realiza dos viajes, a Nicaragua y Cuba (donde intenta sin éxito entrevistarse con Castro) y a la Unión Soviética de la Perestroika. De este segundo viaje realizará un documental, pues acaba de casarse con Jane O’Meara, una funcionaria municipal, y le parece el mejor sitio para ir de luna de miel. El propio Sanders mantendrá un programa televisivo local durante sus últimos años como alcalde.

En 1989 decide no presentarse a la reelección como alcalde y buscar un escaño en la Cámara de Representantes. Lo conseguirá por Vermont al segundo intento en 1990, siendo el primer congresista que consigue entrar como independiente, fuera de los dos grandes partidos, desde la década de los años 40. Pese a ello se afilia al grupo parlamentario demócrata y entra en dos comités, el financiero y el de reforma gubernamental. En este primer momento funda un caucus progresista de representantes, que dirigirá sus primeros ocho años y que hoy es uno de los más concurridos en el Congreso. Estará 16 años en la Cámara, siendo reelegido ocho veces seguidas. Primero se involucra en temas sanitarios, será enlace del fracasado intento de reforma sanitaria de Hillary Clinton en los 90, posteriormente en la lucha contra la desregulación de Wall Street, contra las exenciones fiscales de las grandes corporaciones, los beneficios de las farmacéuticas, la tenencia de armas, o en la oposición a las diferentes guerras del golfo y la Patriotic Act de G.W. Bush. Votará contra el NAFTA o contra los tratados comerciales con China. Es de los pocos congresistas que se opuso al Acta Gramm-Leach-Billey, promovida por Clinton, y que destruyo las barreras entre la banca comercial, la de inversiones y las compañías de seguros. Su historial refleja una coherente y continua actuación a favor de los derechos sindicales, el feminismo, el ecologismo o la defensa de los derechos LGTB.

En 2006 dará el salto al Senado, donde aún hoy conserva una silla que ha revalidado en otras tres ocasiones. Se sigue presentando como independiente, pero desde el primer momento recibe la adhesión de numerosas figuras demócratas, que lo ven como uno de los suyos. Y será allí, el 10 de diciembre de 2010, cuando verdaderamente se convierta en una figura popular a nivel nacional. La administración Obama había pactado con los líderes republicanos prorrogar unas exenciones fiscales a las rentas más altas, establecidas por la anterior administración de G.W. Bush. Ante la evidencia de su aprobación, Sanders decide llamar la atención sobre el hecho realizando un acto de filibusterismo, acaparando el micrófono de la Cámara y ofreciendo un discurso ininterrumpido de ocho horas y media. Es el primer ejercicio de filibusterismo en décadas. En aquel momento, con casi 70 años, se convierte en una estrella política, con la atención constante de los medios. A tal punto llega el éxito de su maniobra que durante la misma Obama tendrá que improvisar una conferencia de prensa conjunta con el expresidente Clinton para defender el acuerdo fiscal y desviar la atención que estaba recibiendo. Dese ese instante será continua su presencia mediática a nivel nacional y los rumores sobre su posible candidatura a la presidencia. En principio parece que cedió a las presiones para no presentarse en las primarias demócratas contra la reelección de Obama en 2012, pero públicamente se dejará querer, rechazando esta posibilidad hasta que finalmente se presente en mayo de 2015.

Sanders aduce en sus libros que se presenta a presidente por cuatro razones. La primera era la posibilidad de que los candidatos fueran Hillary Clinton y Jeb Bush (front runner republicano en aquel momento); le parece inconcebible el establecimiento de dinastías políticas, una muestra clara de la oligarquía que gobierna los EEUU. La segunda es la convicción de que la candidatura de Hillary Clinton no haría más que preservar las mismas élites y sus modelos económicos. Sanders consideraba las elecciones presidenciales una ventana de oportunidad para mostrar un programa alternativo, una visión progresista, que era sistemáticamente ignorada por los medios y el propio establishment. La tercera razón que invoca es su falta total de ambiciones, se presenta como un senador anciano y coherente que no tiene nada que perder, más allá que añadir adhesiones a su programa. Por último, demostrar que no es únicamente una anomalía local más de Vermont, un estado considerado como una fortaleza aislada del progresismo, sino que a nivel nacional su discurso también puede ser recibido y aceptado.

Desde 2013 viaja a lo largo de todo el país construyendo alianzas y añadiendo voluntarios. Presenta su campaña como un movimiento más allá del partidismo tradicional, algo que ya ha hecho como alcalde, representante y senador. Él es independiente, su base es todo aquel dispuesto a ayudar y apoyar sus políticas, venga de donde venga. Comienza a tener un gran éxito a la hora de recaudar fondos, de abarrotar sus actos y obtener espacio en los principales foros mediáticos. Su campaña tendrá también un gran éxito online, mejorando los apoyos y voluntarios recibidos en su día por la emblemática campaña de Obama. El primer lema que consigue hacer popular es el Run Bernie Run, posteriormente llegarán otros como Bernie Bears o el Feel the Bern. Sin el apoyo del aparato demócrata, recibe por el contrario el de otras organizaciones de activistas como MoveOn o Democracy for America.

Finalmente, en febrero de 2016, empatará con Hillary en Iowa, la primera de las primarias, ganándole en las segundas, New Hampshire, por más de veinte puntos. La carrera hacia la candidatura es cosa de ellos dos y establecen una competición descarnada, Sanders no tendrá ningún reparo en ir a degüello con Hillary, sus apoyos y propuestas. La presenta constantemente como un ejemplo del establishment y las corruptas élites, conservadora en políticas económicas, un halcón en política exterior, y descaradamente apoyada por la estructura demócrata. La relación entre ambos es inexistente y la polarización y los enfrentamientos entre sus bases crecen hasta límites pocas veces vistos en unas primarias. Además, Sanders se niega a retirar su candidatura hasta el final, pese a los numerosos llamamientos en pos de pacificar el partido ante la confrontación que se avecina con Trump. Solo acepta apoyar a Hillary en Julio durante la misma convención demócrata, con poca convicción y tras imponerla algunas medidas de su programa. En la propia convención dará un discurso donde establece que su campaña ha terminado, pero que su revolución política no ha hecho más que comenzar, que es evidente que tiene un montón de discrepancias con Hillary, pero que su objetivo es implantar un Congreso y una presidencia demócratas.

La responsabilidad de Sanders y sus seguidores en la victoria de Trump se convertirá en un mantra para muchos analistas y buena parte de la clase política demócrata, Hillary Clinton incluida. Según esta versión, la desgana en su apoyo y la deserción a la hora de votar de buena parte de sus seguidores habrían desestabilizado la balanza a favor del republicano en la mayoría de estados clave. Se consideraba que la coalición formada por Sanders tenía un alto componente de jóvenes y los sectores más liberales del partido, que fueron también los que tuvieron tasas más abstencionistas durante la votación. El haber calificado constantemente en sus discursos a Hillary como claro integrante de la misma elite que combatía habría llevado a la desmotivación de buena parte de este electorado. Es un análisis simplista, pero con evidentes visos de verosimilitud. Es más, también se realizaron múltiples análisis a posteriori intentando demostrar que Sanders hubiera obtenido un mejor resultado como candidato al haber accedido al voto del descontento social que finalmente se decantó por Trump.

El caso es que desde el primer momento Sanders anunciará su intención de repetir como candidato presidencial en 2020 y mientras tanto se dedicará a construir una base electoral y política que le allane el camino. Su primer objetivo será el voto de las minorías raciales, donde no había conseguido gran éxito en las primarias. El mismo agosto de 2016, en medio de la campaña presidencial, lanza su nueva plataforma, “Our Revolution”, una organización de activistas centrados en lograr la elección de representantes progresistas para las cámaras y los gobiernos de los estados. Busca establecer una nueva generación política que consiga implementar sus ideas. Our Revolution federa estos contactos, ayuda en la obtención de fondos y voluntarios y en cierto modo consigue establecer un “nuevo partido” adosado al Partido Demócrata. Apoyan candidatos demócratas e independientes, sobre la base de los principios defendidos por Sanders. En las elecciones parciales de 2018 lograrán varios éxitos sorprendentes, entre ellos la elección de dos congresistas afiliadas al DSA, Socialistas Democráticos de América (organización socialista y laborista): Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib, y otra del Partido Demócrata Laborista Agrícola de Minnesota, Ilhan Omar. Estas tres mujeres personifican una revolución en la política estadounidense (se las conoce como The Squad) y Sanders se configura como el gran referente detrás de las mismas. Nadie duda que su candidatura en 2020 parte como una de las favoritas, lo que desata cierta histeria en las propias filas demócratas, pues muchos lo ven como un candidato demasiado radical a la hora de enfrentarse a Trump.

En febrero de 2020, Sanders comienza ganando las primeras primarias frente a una serie de candidatos centristas que se van intercambiando en las encuestas. Solo Elizabeth Warren parece disputarle su posición ideológica a la izquierda demócrata, pero sus resultados serán siempre muy decepcionantes. Finalmente, la estructura del partido llamará a filas al resto de candidatos, consiguiendo la retirada prácticamente al unísono de todos ellos de cara a fortalecer la candidatura de Biden. Este logrará por fin resucitar en una serie de victorias asombrosas, lo que unido a la aparición de la crisis del coronavirus convencerá a Sanders de retirarse pronto, apoyar a Biden y concentrarse en su legado y la lucha contra Trump. Esta vez parece que asistiremos a una verdadera tregua entre el partido demócrata, el candidato y los partidarios de Sanders. Desde el primer momento Biden aceptará de buen grado buena parte del programa de su opositor, presentando a Sanders como uno de sus principales consejeros y realizando numerosas comparecencias conjuntas. Por su parte Sanders ha continuado manteniendo un perfil muy alto en público, con constantes intervenciones y repetidas alabanzas hacia el propio Biden. La crisis del coronavirus y las protestas tras el asesinato de George Floyd han evidenciado la actualidad y conveniencia de muchas de las propuestas de Sanders, que el partido ha convertido en propias, asumiéndolas con una naturalidad que solo semanas antes hubiera resultado sospechosa.

3.   ¿QUÉ DICE BERNIE SANDERS?

Antes de entrar directamente en su discurso, sería buena idea analizar cómo se presenta la figura de Bernie Sanders, pues en cierto modo rompe con el molde clásico al que estamos acostumbrados en la política nacional estadounidense. Lejos del canon de político patriarcal, amable, conciliador, elegante, eternamente joven, triunfador, familiar, religioso, educado y cercano al pueblo, Sanders se presenta como un anciano sabelotodo, cabezón, desarrapado y algo huraño. No presta mucha atención a su indumentaria, sus desastrosos cortes de pelo se han hecho legendarios, así como su discurso directo e incisivo, falto de cualquier tipo de disimulo o búsqueda de complacencia. No duda en contradecir a sus interlocutores, fuera de la generalización habitual en otros candidatos especializados en discursos motivadores, patrióticos, metafóricos o sensibleros, Sanders suele dar alocuciones largas y densas donde repite insistentemente sus mantras y las medidas a implantar que cree más necesarias. Es bronco, pero también es difícil encontrar algún momento en que pierda las formas o se muestre emocional. Tampoco se presenta como ese “perfecto vecino” tan habitual en las campañas americanas. No lo veremos practicando deporte como uno más, ni besando niños, ni llorando ante los testimonios de todo tipo de víctimas. Sus campañas tienen dirección, un ejército de asesores, publicistas, encuestadores, al mismo nivel que cualquier otro candidato presidencial, pero por otro lado, es uno de los políticos más constantes y que menos han modificado sus campañas y mensajes de la historia americana. Hay una sorprendente coherencia y línea estratégica, prácticamente inamovible, desde el inicio de sus campañas nacionales en 2015 (e incluso anteriormente) hasta el momento actual. No varía ni sus discursos, ni su marketing, objetivos o estrategias ya vaya ganando o perdiendo, esté luchando por un tipo de estado industrial y rico o por otro agrícola y pobre, o se encuentre en según que audiencia. Más que ganar unas elecciones, Sanders parece querer implantar su semilla en la sociedad estadounidense. Utiliza como altavoz la cobertura que supone una elección presidencial, pero nos imaginamos que le daría igual utilizar una temporada de Big Brother o el Saturday Night si tuvieran el mismo efecto. No muestra ambición por el cargo.

Su mujer es la presidenta del Instituto Sanders, un think tank fundado por la pareja, y desde sus tiempos de alcalde ha sido una de sus principales asesoras, pero tampoco forman la típica familia de candidato en perpetua campaña electoral. Es más, en los últimos años ha sido muy criticado al negarse a apoyar la candidatura de su propio hijo Levi al Congreso en 2016 o la de su hijastra a la misma alcaldía de Burlington que él ejerció. Dice que se niega a implantar dinastías políticas. Ambos perdieron. Religiosamente se considera judío, pero no practicante, su mujer es católica. Con el tiempo. y sobre todo gracias a sus derechos de autor. ha conseguido acumular una pequeña fortuna, por la que también es criticado, pero más allá de sus actividades políticas no ejerce una vida VIP en ningún sentido, ni tiene aficiones o hobbies conocidos. En resumen, Sanders es un tipo de político “intelectual” y profesional, poco dado al consumismo mainstream. Una figura habitual en la política local o estatal estadounidense, pero toda una rareza que en el panorama de la nacional.

Respecto a su discurso, cualquier asistente a un encuentro con Sanders sabe perfectamente lo que va a escuchar. No hay sorpresa. Repite una y otra vez el mismo texto y con el mismo esquema. Primero enumera una serie de trazas generales, de causas de la situación y objetivos que cree fundamentales para mejorar el sistema, más bien para sobrevivir a una estructura que considera insostenible, a continuación enumera una serie de medidas concretas a aplicar de forma inmediata que corregirían radicalmente el punto en el que estamos. En medio, numerosos ejemplos que confirman sus afirmaciones (siempre los mismos) y constantes llamamientos a la involucración personal en la revolución en marcha, a asumir como propia la lucha colectiva, a consolidar las nuevas generaciones como garantía de la realización de sus mensajes. “Transformar América va más allá de las elecciones. Consiste en cambiar nuestra cultura”[3].

Cualquiera de sus discursos nos serviría para concretar estos puntos programáticos, pero nos basaremos en sus dos últimos libros. El primero, Our Revolution lo publica en 2016, nada más perder las primarias con Hillary. En él repasa sucintamente su vida y nos cuenta el camino que ha recorrido durante aquella campaña, para pasar a establecer su programa máximo, la herencia que quiere dejar a sus seguidores. El segundo, Where we go from here, lo publica en septiembre de 2018, a dos meses de las elecciones de medio mandato. Primero elabora un relato más detallado de la convención de 2016 y sus relaciones con Hillary durante la campaña, una defensa frente a los ataques recibidos por su actuación entonces. Pero el grueso del libro vuelve a ser la presentación de todo su entramado ideológico y su programa de cara a las siguientes elecciones, ampliándolo esta vez a su visión de la política internacional, prácticamente ausente en el anterior libro.

¿Cuáles son sus batallas? La principal es la lucha contra la oligarquía. Su principal objetivo es conseguir unificar democráticamente a los votantes para que puedan decidir el futuro del país. “La Democracia es el derecho de un pueblo libre a decidir el futuro de su sociedad”[4]. Pero EEUU está dirigido por una banda de billonarios egoístas que solo buscan incrementar su poder y disminuir el poder de la gente común, que compran las elecciones a base de impedir el voto de los pobres o de la gente de color. Así, el país tiene los mayores porcentajes de abstención y abandono electoral de todo el mundo occidental. La solución es luchar por una “democracia vibrante” que consiga que la clase política deje de representar los intereses de unos ricos cada vez más ricos, en un país cada vez mas desigual. Los Koch son los máximos representantes de esa oligarquía, financiando constantemente cualquier candidato que busque reducir los recursos del estado, eliminar impuestos y dar más poder a aquellos que poseen el dinero.

¿Cuál es el principal síntoma? La economía. La decadencia de la clase media, el incremento de la desigualdad de las últimas décadas y la cantidad de norteamericanos que viven en la pobreza, más de 43 millones. En definitiva, la distribución de la riqueza, que en los últimos 35 años habría ido en la dirección equivocada. Si en 1978 el 1% más rico del país poseía el 7% de los recursos, hoy poseen el 22%. La desregulación de los mercados, especialmente el financiero ha llevado al declive de esa clase media, ahogada por la bajada de los salarios y la falta de beneficios sociales. Ya no es solo un problema de desempleo, sino de precariedad y falta de calidad del empleo existente. Pero la economía sigue creciendo y generando recursos, la solución es modificarla para que funcione para todos, no solo para los que están en la cumbre. ¿Cómo?, reduciendo la desigualdad, estableciendo el principio básico de que si tu trabajas 40 horas no pueda ser posible que sigas siendo un pobre. El salario mínimo son 7,25 $/ hora, debe elevarse al doble para que pueda ser un salario digno y de verdadera subsistencia. Pero hasta ahora, el gobierno federal no ha hecho nada por mejorar la situación de los subalternos, de aquellos trabajadores con menores ingresos. Para recuperar la clase media también es necesario facilitar y relanzar la afiliación sindical: los sectores sindicados ganan un 27% más que los que no lo están, un 76% tienen planes de pensiones, frente a solo un 16% de los que no lo están, un 82% mantienen su salario en caso de enfermedad, frente al 62% de aquellos trabajadores que no pueden sindicarse. La economía debe dirigirse hacia el objetivo del pleno empleo, mejorando las infraestructuras del país, prácticamente devastadas por el abandono. Mediante medidas keynesianas de inversión pública, asegurando la cobertura sanitaria de todos los trabajadores y su derecho a vacaciones, favoreciendo la creación de cooperativas y las pequeñas empresas, y sobre todo aplicando una reforma fiscal y  un plan de lucha contra el fraude y la evasión que distribuya radicalmente la riqueza desde aquellos que más tienen a quien más lo necesita, exactamente en el sentido contrario al seguido hasta ahora, donde los directivos de las empresas pagan un menor porcentaje fiscal que sus secretarias. Continuamente detalla ejemplos sangrantes, como el de Johnson Controls que con 1 billón de beneficios en 2015, en lugar de pagar impuestos, recibió 477 millones de reembolsos de la hacienda pública. También es necesaria una nueva política comercial, que reduzca el poder de las multinacionales, recupere empleos de calidad nacionales y limite sus beneficios. La globalización y los tratados comerciales son en buena parte los culpables de la desigualdad creciente, del déficit comercial, de la perdida de millones de empleos y del desplome de los salarios.

Wall Street es su blanco favorito a la hora de ejemplarizar todos sus demonios. Directamente el modelo de las compañías financieras es un fraude. Wall Street necesita ser reformado de raíz. “Codiciosos, deshonestos, tramposos y arrogantes”3. Son los grandes lobistas que nos han llevado a la situación actual. Es Wall Street quien regula al Congreso y no al revés. La solución pasaría por leyes antimonopolio que no permitieran la existencia de los megabancos “too big to fall”, por regular los arriesgados mercados de derivados, por impuestos contra la especulación, reformar las agencias de rating y la Reserva Federal y sobre todo prohibir la usura, con comisiones bancarias absurdas o intereses de demora del 20 o el 30%.

Dentro de esta crítica a las élites, junto con los billonarios y Wall Street, su otro gran objetivo son las corporaciones mediáticas. Un puñado de multinacionales (15 billonarios) controlan la mayoría de los medios y deciden que podemos ver, oír o leer. “Es una amenaza directa a la democracia americana”[5].  Los media definen nuestras propias vidas, deciden lo que es importante y lo que no, lo que es “realista” y lo que es imposible. Mas importante que lo que enseñan es aquello que esconden. Se siente castigado por sus posiciones, malinterpretado y acosado constantemente. Las grandes corporaciones son los grandes censores y defensores del corrupto sistema elitista. “Una de las grandes razones por las que tanta gente abandona la lucha política es porque no ven reflejadas la realidad de sus vidas en el discurso político que aparece en las pantallas de sus televisores”5. La primera enmienda a la constitución garantiza el derecho de expresión y la libertad de prensa, pero esta concentración mediática lo impide.

El acceso a la sanidad es su segundo gran campo de batalla. La salud es un derecho, no un privilegio. EEUU debe equipararse al resto del primer mundo y garantizar una sanidad pública y accesible a todos, que no puede depender del puesto de trabajo que tengas, tu riqueza o tus ahorros. El sistema de salud de EEUU es el más caro e injusto del mundo. Su problema es la cantidad de planes de seguro existentes y la codicia de las empresas sanitarias. Hay que unificar todos los seguros en uno. Del mismo modo hay que asegurar que el precio de los medicamentos no sea el doble en EEUU que Canadá o Europa. Las farmacéuticas son una de las industrias que mas invierte en publicidad y presiones, hay que terminar con su codicia. Además, hay áreas sanitarias como la dental o la salud mental, donde amplísimos sectores sociales han quedado abandonados.

La educación superior debe ser de calidad y gratuita. Hay que solucionar el gran problema que supone el endeudamiento estudiantil para asistir a la universidad. Los institutos y universidades deben ser públicos, las tasas universitarias gratuitas. Hay que terminar con la educación que solo busca beneficios y apoyar a aquellos estudiantes con las rentas más bajas, mejorar la calidad en la enseñanza media y establecer itinerarios compartidos para todo el país.

Respecto al cambio climático, no hay debate posible. Los científicos han hablado, no solo es real, sino que sus causas residen en la actividad humana. Es imperativo para el futuro del planeta transformar nuestro sistema energético de los combustibles fósiles a los sostenibles. En los últimos años han subido las temperaturas, el nivel del mar y son constantes las catástrofes naturales. El cambio climático no es una histeria, sino una realidad que debemos combatir con energía, desde todos los frentes y ya. Promover e invertir en energías verdes, terminar con los subsidios a los productores de combustible fosil, apoyar el reciclaje y las reformas de la infraestructura energética, adherirse a todos los protocolos internacionales y promover una justicia del clima. EEUU debe abanderar la lucha contra el cambio climático y no estar en el vagón de cola.

Otro de sus constantes leitmotiv es la necesidad de reformar el sistema penal estadounidense. No tiene lógica que EEUU sea el país con más población carcelaria del mundo. Tampoco es justa la desproporción de minorías en las cárceles, que solo se explica por el racismo. Hay un racismo estructural e institucional, que se denota desde la propia infancia. Lo principal es reformar el funcionamiento de los departamentos de policía. “Entre las numerosas luchas en las que debemos participar para combatir el racismo en este país, debemos detener la brutalidad policial y el asesinato de afroamericanos desarmados. Esto ha surgido como uno de los grandes problemas de derechos civiles”[6].  La policía debe ser desmilitarizada, hay que finalizar la “guerra contra las drogas”, invertir en tratamientos y prevención, legalizar la marihuana. La cárcel no puede ser el resultado cuando nos enfrentamos a problemas mentales y de adicción. Los derechos de voto deben ser garantizados a los reclusos, hay que combatir la discriminación hacia los expresidiarios. Es necesario prohibir la venta de armas automáticas y regular el acceso a cualquier arma. Por último, prohibir las prisiones privadas, el sistema penal no puede ser utilizado para obtener beneficios, y abolir la Pena de Muerte que solo sirve para alinearse con los regímenes más injustos del mundo. 

El sistema migratorio está destrozado. Hay que reformarlo en un sentido humanitario y solidario, de defensa de los derechos humanos y civiles de los inmigrantes y proveyendo un sistema claro y justo de obtención de la ciudadanía para todos los que se encuentran en las sombras. EEUU es un país de inmigrantes, y por su propio interés necesita seguir siéndolo.

En política exterior siempre se manifiesta antibelicista y antiimperialista. No duda en calificar de dictaduras feudales las monarquías de Oriente Medio o los regímenes sirios, libios o iraquíes. Pero las guerras del golfo solo han servido para sembrar más guerras. La solución es actuar constructivamente en un mundo comunitario. Los pueblos buscan conectar y crear vínculos, bajo las bases del entendimiento y la paz. EEUU se enfrenta a un mundo muy diferente al de 1946. Hay amenazas terroristas muy serias para la seguridad, pero diferentes vías de enfrentarse a estos retos y solucionarlos. Las principales, perseverar en los principios democráticos y potenciar la creación de una comunidad internacional basada en las reglas y la justicia. Potenciar una ONU reformada, que deje de ser burocrática e ineficaz. El mayor éxito de EEUU en política exterior fue la pacificación de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, y esta se hizo mediante la ayuda y la colaboración, no mediante el castigo y la humillación de los vencidos. La ayuda al desarrollo no es caridad, sino que sirve a la propia seguridad nacional. América debe liderar la ayuda al resto de las naciones en conseguir sus derechos políticos y civiles contra las tiranías. “América debe buscar sus socios no entre gobiernos, sino entre pueblos”[7]

Por último, siempre remarcará la necesidad de ocuparnos de las clases subalternas, de aquellos sectores más vulnerables, con solidaridad y compasión. EEUU es el país más rico del mundo, pero de los últimos en el primer mundo a la hora de establecer una red social o proveer para aquellos más débiles o vulnerables. Hay que proteger a los jubilados, mejorar y asegurar la Seguridad Social, mejorar las prestaciones a los 53 millones de ciudadanos con discapacidades, ocuparse de los veteranos y reconocer los derechos de los nativos americanos.

Todos estos temas que hemos resumido serán enumerados uno por uno, y en similar orden en cualquier aparición que haga. Junto a ellos, presenta toda una serie de medidas concretas que llevarían a modificar el “corrupto sistema elitista” actual. Son mantras cortos y directos que consigue colocar fácilmente en la audiencia. Salario mínimo de 15 $/hora, Medicare para todos, cancelación de toda deuda médica, Seguridad Social ampliada para todos los medicamentos, garantizar la atención mental y el soporte a todo tipo de discapacidad, tasas gratis en las universidades, cancelación directa de deudas estudiantiles, guarderías gratis en todo el país, un amplio programa de construcción de 10 millones de viviendas para terminar con las crisis inmobiliarias, establecer límites al importe del alquiler, endurecer los desahucios, prohibir las prisiones privadas y los centros de detención, reducir la población carcelaria a la mitad y asegurar un servicio público de defensa digno, legalizar la marihuana en sus primeros 100 días y amnistiar a todo aquel con algún delito derivado de ella, asegurar la regulación y vigilancia de las fuerzas de seguridad, reducir las comisiones e intereses bancarios, asegurar el acceso a Internet barato y de calidad, hacer festivos los días electorales y asegurar la posibilidad de voto directo para todos los mayores de 18 años, subir los impuestos a los ricos estableciendo una fiscalidad progresiva, acabar con los beneficios fiscales para las grandes compañías y billonarios, crear un impuesto contra la especulación de Wall Street, separar de nuevo la banca comercial y la de inversión, endurecer la deslocalización internacional de empresas y empleos, crear 20 millones de empleos al implementar el Green New Deal, asegurar el pleno empleo mediante una “garantía federal”, potenciar el empleo de cuidados y en la educación, reparar los daños de los huracanes Irma y María reconstruyendo Puerto Rico, etc..

4.   ¿QUIÉN SIGUE A BERNIE SANDERS?

El pasado 7 de abril, tras la renuncia de Sanders a seguir siendo candidato, Trump emitió un tweet donde apelaba a la “gente de Bernie” a irse al Partido Republicano[8]. Más allá de la boutade, la apelación tiene cierta coherencia dentro de la desquiciada lógica trumpiana. En su cabeza, Donald se ve a si mismo también como un outsider, antiestablishment, con cercanía a algunas posiciones de Sanders (como cierto proteccionismo contra la globalización). Podría ser natural que buena parte de la base sanderista le votara a él en lugar de a un candidato tan identificado con las élites y el establishment tradicional como Biden. Para nuestro alivio, las cosas son mucho más complejas y no parece que pueda existir un trasvase significativo de los apoyos del uno al otro. En su discurso de renuncia el pasado abril, Sanders aseguró que, pese a la derrota, su campaña se basaba en presentar una nueva visión para América y “de hecho, hemos triunfado”[9]. Hay cierta verdad en sus palabras, así como la seguridad de que este triunfo solo puede desarrollarse dentro del Partido Demócrata.

En líneas generales la gran base de apoyo de Sanders siempre han sido los “progresistas”, la base más izquierdista del propio Partido Demócrata, basada en toda una constelación de movimientos, grupos de presión y minorías en su órbita. El sistema electoral y la clase política estadounidense imposibilita el éxito o la capacidad de intervenir políticamente fuera de los dos grandes partidos. De esta forma, a diferencia de la estructura de partido que pudiéramos encontrar en Europa, en realidad tanto el Partido Demócrata como el Partido Republicano son más un conglomerado abierto, un punto de reunión, una estructura electoral, que una organización cerrada y jerárquica. Así, alrededor de la órbita demócrata encontramos desde los años 60 toda una serie de sindicatos, activistas, asociaciones, lobbies, minorías, etc.. buscando colocar sus intereses a los diferentes candidatos, que son en definitiva quienes establecen la ideología de cada momento. Si en el universo republicano se integra desde la extrema derecha al centro más conservador, el demócrata da cauce del centro más moderado a la izquierda mas extrema. Y Sanders no es la primera ocasión en que la izquierda demócrata ha encontrado un candidato con sus hechuras y que pudiera representarles con mayor fidelidad que la generalidad de figuras habituales. Ocurrió con McCarthy y Bobby Kennedy en 1968, George McGovern en el 72, Gary Hart en 1984 y Jesse Jackson en 1988. Todos ellos ilusionaron al ala más progresista del partido, pero solo McGovern logró la candidatura presidencial, cosechando el mayor fracaso histórico del partido durante la reelección de Nixon. McGovern, recordemos que en 1972, ya llevaba en su programa terminar con Vietnam, reducir el presupuesto militar un 40%, amnistiar a los desertores, acabar con la desigualdad, una especie de renta básica de 1.000$, reducir la pobreza, ampliar los programas sociales y, oh sorpresa, legalizar la marihuana. Desde aquella hecatombe, el aparato demócrata y buena parte de sus bases han demonizado constantemente aquellas propuestas o candidatos provenientes de su ala más izquierdista, argumentando que solo desde el centro y la moderación se podía acceder al electorado.

La gran diferencia que reúne Sanders es su independencia de la estructura del partido. Es el único político profesional estadounidense de las últimas décadas que ha podido sustentar campañas nacionales al margen de estos grandes partidos. Y además el primero que se ha autoproclamado como socialdemócrata, desde sus primeros pasos y sin renunciar nunca al adjetivo, pese al carácter peyorativo que tiene para buena parte de los medios y la sociedad norteamericana. No es una anomalía absoluta como pudiera parecernos desde fuera de los EEUU. En realidad, su política local o estatal es mucho más rica y variada de la imagen que proyectan sus campañas nacionales. Pero es un hecho que es imposible alcanzar los medios y la financiación que supone una campaña nacional desde una posición totalmente independiente, de ahí su uso del paraguas demócrata. A la contra solo lo han intentado varios multimillonarios, financiándose ellos mismos sus campañas, y cosechando fracaso tras fracaso.

Sanders es un hijo paradigmático de los años 60. Un personaje forjado en las organizaciones de lucha de los derechos civiles, marcado por una profunda ideologización y una clara base izquierdista. Es un modelo directo y coherente de la contracultura de los años 60 y 70, su propia trayectoria personal lo ejemplifica. Y en cierto modo su aparición estelar es un error del sistema, algo que no debería haber ocurrido. Sanders carece de una base de apoyos concreta, más allá de su feudo en Vermont, pero en un momento dado ve como los focos se han situado sobre él y aprovecha la ocasión. Se lanza a la prospección del terreno nacional y contra todo pronóstico tiene éxito. Más que utilizar una estructura existente, crea una nueva.

Su principal círculo de confianza son todos viejos conocidos de Vermont, como J.P. Weaver que dirigirá sus campañas, habiendo sido su chofer en los años 80 y ya ejerciendo como su jefe de gabinete desde los tiempos de la Cámara de Representantes. En Vermont siempre ha tenido el apoyo (pese a no integrarse en su estructura) del Grupo Progresista, un partido creado durante sus años de alcalde y que ha conseguido cierta implantación en aquel estado. Pero a nivel nacional su único aliado serán las redes sociales. Utilizará el ejemplo de la campaña de Obama, con el hándicap de que no tendrá detrás el apoyo de ningún Super PAC, ni de las ONGs, ni de los superdelegados, ni de los superdonantes del entorno demócrata. Aun así, cuando llegan las primarias de 2016 ha conseguido crear un ejercito de voluntarios y pequeños donantes a lo largo de todo el país, estructurados mediante plataformas online que conseguirán donaciones de más de 3,2 millones de votantes, superando ampliamente las recaudadas por Hillary durante los mismos meses de las primarias. Su procedencia será sobre todo joven, a la que continuamente alude como “la generación más progresista de la historia”, de clase trabajadora y blanca, la mayoría decepcionados por el comportamiento demócrata y muchos desactivados hasta que han encontrado un discurso motivador. También incluirá un gran número de jubilados, activistas comunitarios, ecologistas, miembros de sindicatos y jóvenes profesionales. Su presentación es en forma de movimiento, ilusionante, de revolución en marcha. Pero en aquel momento carece prácticamente de apoyos en las grandes minorías demócratas, las mujeres (que se vuelcan con Hillary), los afroamericanos y los hispanos. Siempre tendrá la adhesión de pequeños grupos como los Socialistas Democráticos de América, pero estos conseguirán mayor visibilidad por el apoyo a Sanders que al contrario. Será por ello que en medio de la campaña cree Our Revolution, que aspira se convierta en el catalizador de sus apoyos y una base organizada estable desde la que operar en el futuro. Durante cuatro años va añadiendo apoyos y manteniendo su estructura. Tendrá gran éxito con los hispanos, pero siempre se le resistirán apoyos de otras minorías como los afroamericanos, mucho más estructurados y habituados a negociar directamente con el aparato demócrata.

Cuando lleguen las primarias de 2020 repetirá su éxito a la hora de reclutar voluntarios y recaudar fondos. Uno de sus principales argumentos durante esta campaña será su financiación mediante pequeñas aportaciones de los votantes, no mediante las sospechosas grandes donaciones que reciben el resto de candidatos. Hay cierta unanimidad en considerar que la base de todo el partido demócrata es sanderista[10], mientras su aparato se mantiene atrincherado y compuesto por los elementos más moderados. Es clara la infiltración de la base de Sanders en todos sus ámbitos, pero sorprendentemente durante estas mismas primarias también comienzan a aparecer señales de debilidad en la supuesta coalición que ha compuesto. Así perderá apoyos en algunos estados debido a la significativa abstención de los sectores más jóvenes, que se suponen forman la base principal de su plataforma. Del mismo modo no consigue penetrar tampoco en el voto afroamericano ni en el feminista, dos de los grandes caladeros demócratas. Aun así, hay ciertos indicios de que Sanders ha conseguido unificar un movimiento, el progresista, dotándole de discurso y programa, y demostrando que pueden alzarse con el control del propio partido. No obstante, también parece que no es un proceso en modo alguno finalizado o avanzado. Aun existiría una gran resistencia dentro del Partido Demócrata a dejarse engullir por la revolución sanderista.

 

5.   CONCLUSIONES

¿Es Sanders socialdemócrata? Esta era la gran pregunta que nos hacíamos al comienzo del ensayo. Pero la misma pregunta incluye la gran trampa de definir que es ser “socialdemócrata”. Desde la perspectiva europea actual, con el término socialdemocracia equiparado al programa de la mayoría de partidos socialistas europeos, Sanders sería más socialista que socialdemócrata. Comparativamente su propuesta está mucho más cercana al resto de movimientos europeos de izquierda (Podemos, el laborismo de Corbin, el primer Syriza, la Francia Insumisa de Melenchon o los alemanes de Die Linke) que a cualquier otro partido socialista europeo. Dentro de la cosmología demócrata, Biden o Elizabeth Warren encajarían mejor en el tipo de candidato o programa que pudiera presentar cualquier socialdemocracia europea. Toman partido por una política reformista, de ampliación del Estado de Bienestar, defensa de los DDHH o democratización de las estructuras estatales, pero siempre desde un posicionamiento pactista, moderado, de pequeños pasos y asumiendo constantemente las contradicciones del esquema neoliberal existente. Warren es una candidata paradigmática de esta forma de actuar. Pese a militar como republicana hasta 1996, hoy se le reconoce sin fisuras su militancia progresista, sus aportaciones en la lucha contra el neoliberalismo y su intención reformista. Pero no deja de ser parte de esa misma élite académica y política que dirige el país, no es un elemento disruptivo. En estos momentos se habla mucho de ella para compartir el ticket electoral con Biden, como un gesto hacia el sector más progresista de los votantes, pero sabiendo que no sería un actor que concite el rechazo de los sectores mas moderados o el terror de las élites. Warren podría ser un ejemplo perfecto de socialdemócrata progresista en Europa, ya moderada al haberse enfrentado a la realidad de la experiencia de gobierno, y por tanto ajena a las “exageraciones” más izquierdistas.

Sanders no es reformista, su programa y su propia personalidad son rupturistas. No es acomodaticio, cree que el Zeitgeist actual ha superado el neoliberalismo y es el momento para imponer un nuevo modelo, basado en elementos comunitarios frente a la dictadura de los mercados. La desigualdad social, la mercantilización de todos sus ámbitos, la insostenibilidad del sistema actual está detrás de todas sus propuestas. Conceptos como la lucha de clases, los sesgos y la discriminación existente, o la selectividad estratégica de un sistema elitista y corrupto, son los fundamentos de su discurso. Su objetivo es batallar por el Estado mediante una nueva correlación de fuerzas, romper la hegemonía del neoliberalismo como el sentido común asentado. Pero sigue manteniendo su fe en el estado, en el gobierno, como el instrumento fundamental a la hora de cambiar las cosas, en un constitucionalismo nacional que permita mejorar la distribución de la riqueza y las condiciones de vida. Cree que el sistema actual está colapsando, la solución debe pasar por frenar el vaciamiento de la democracia existente, reformular el sistema económico hacia otro mas incluyente y equitativo, revolucionar las estructuras de poder nacionales e internacionales por otras más constructivas, integradoras y sostenibles. Coincide en la misma intención de establecer un momento constituyente con otros movimientos de la izquierda latinoamericana o europea, con los que también comparte rasgos de un populismo articulador. En su discurso hay una clara distinción entre “ellos” y “nosotros”, una tentativa de despertar o articular un pueblo estadounidense ahora oprimido y olvidado. Por último, asume en su totalidad las luchas que definen hoy en día la izquierda internacional: el racismo, el feminismo, la defensa de los indígenas, los derechos LGTB, el pacifismo, la ecología, el derecho internacional, o el comunitarismo. De ahí que no suponga extrañeza alguna su adhesión a otras figuras internacionales en esa Internacional Progresista, más cercana a movimientos emancipadores que a la socialdemocracia realmente existente.

Sanders exterioriza para ello un programa radical, utópico en muchas ocasiones, pero lo hace de una forma sencilla y sensata. Lo presenta además mediante una estructura liquida, de movimiento, poco estructurada, lo más inclusiva posible. Creemos que detrás hay más intención instauradora que ambición de gobierno. Nos presenta un nuevo modelo político y social ilusionante y cerrado, de oposición frontal, libre de toda la contaminación habitual que sucede en todos aquellos que en algún momento han asumido labores de gobierno. Nos presenta un “debe ser” sin necesidad de argumentar ninguna contradicción anterior, es pura lucha por la hegemonía gramsciana. Y además lo hace con valentía, defendiendo su etiqueta de socialista y su programa en uno de los entornos más hostiles a los mismos, consiguiendo modificar para gran parte de su sociedad toda una serie de prejuicios y estereotipos, introduciendo una nueva concepción de lo que debe significar un Estado y un gobierno.

Otra cosa muy distinta es calibrar su trascendencia o el influjo que su aparición puede tener en un futuro. Los más optimistas recuerdan que la revolución de Reagan tuvo sus bases en la fracasada coalición conservadora de Goldwater en 1964, y que el triunfo de Obama y el Partido Demócrata actual no se entiende sin las bases que puso Jesse Jackson y su Rainwob Coalition del 88. Pese a las promesas actuales de Biden por asumir buena parte de su programa, no parece que la estructura política demócrata o estadounidense sea capaz de asumir el mismo en un corto plazo. De nuevo los más optimistas tienen sus ojos puestos en el papel que en el futuro puedan tener figuras emergentes de la izquierda como Ocasio-Cortez, ahora mismo la alumna más aventajada del sanderismo.

GETTY IMAGES. Alexandria Ocasio-Cortez sube al estrado durante un mitin de la campaña de Sanders, en Ames, Iowa, Enero 2020

6.   BIBLIOGRAFÍA

SANDERS, B. Our Revolution. New York. Thomas Dunne Books St. Martin’s Press. 2016

SANDERS, B. Bernie Sanders Guide to Political Revolution. New York. Henry Holt and Company. 2017.

SANDERS, B. Where we go from here. New York. Thomas Dunne Books St. Martin’s Press. 2018

[1] Traducción propia de los propósitos de la organización según su web: https://progressive.international/

[2] SANDERS (2016) Part I. Cap 2. Traducción Propia.

[3] SANDERS (2016) Conclusion. Traducción Propia.

[4] SANDERS (2016) Part II. Cap 1. Traducción Propia.

[5] SANDERS (2016) Part II. Cap 10. Traducción Propia.

[6] SANDERS (2016) Part II. Cap 7. Traducción Propia.

[7] SANDERS (2018) Cap September 21, 2017. Traducción propia.

[8] BOWDEN, E. Trump lobbies Bernie Sanders supporters to join Republican Party. New York Post. 8 abril 2020. https://nypost.com/2020/04/08/trump-lobbies-bernie-sanders-supporters-to-join-republican-party/

[9] NICHOLS, J. Bernie Sanders Lost. But he won. Político, Ideas. 9 abril 2020.

[10] KRUSE, M. Is it Bernie’s Party Now?. Politico. 10 febrero 2020