Familia Real Española (1931-1945)

8.4. El camino a Lausanne. Los monárquicos en el interior.

POLÍTICA E IDEOLOGÍA EN LA FAMILIA REAL ESPAÑOLA (1931-1945)

8.4. El camino a Lausanne. Los monárquicos en el interior.

Franco llevaba la razón cuando indicaba el escaso sentimiento monárquico existente en aquellos momentos en España. Los monárquicos se habían integrado perfectamente en el régimen, pero seguían siendo una minoría aristocrática, escasa, con nula incidencia popular, y mal vista por otros elementos del Movimiento Nacional, principalmente aquellos más próximos al falangismo[1]. La dimensión de su posible oposición al franquismo durante estos años (siendo parte integrante de él), es un debate abierto en la historiografía. Tusell[2] lideró la corriente que los consideraba los mayores adversarios democráticos del régimen. Anson se suma a esta tesis, de la misma forma que lo hace De la Cierva, si bien éste último les niega su carácter democrático. Heine y Borrás reconocen la existencia de una oposición entre 1943 y 1945, pero minimizan su importancia. Aróstegui es quien más reticencias nos ofrece a la hora de considerar su importancia: “hasta bien entrado el decenio de los sesenta, en España no hubo una opinión promonárquica digna de consideración. […] las manifestaciones más influyentes de ese monarquismo discordante se situaban, desde luego, en los medios de mayor influencia social, los más cercanos al poder: en la aristocracia, en el Ejército, en el poder económico y financiero, en ciertos intelectuales representantes del pensamiento antiliberal, y contaba con simpatías en chancillerías extranjeras. […] Antes del final de la Guerra Mundial, este tipo de monarquismo de ‘elites’ promovió ciertas acciones que podrían entenderse como una tibia, y por lo demás, inoperante, ‘oposición’ a Franco en el Interior”[3]

Sobre todo a partir de la carta del pretendiente en marzo de 1943 encontramos toda una serie de gestos frente al régimen por parte de estos monárquicos del interior. Todos estos sucesos no habrían supuesto una censura radical o una verdadera oposición a Franco, sino más bien fueron manifestaciones simbólicas de fe monárquica. Heine aclara que su motivación “se nutría principalmente de la incertidumbre que existía en cuanto a las intenciones de los aliados con respecto a una España cuya estrecha colaboración con las potencias del Eje seguía simbolizada por Franco y la Falange. Este ambiente de temor y recelo fue el que transformó una simple postura estética en una posición política más o menos definida”[4]

En el verano de 1941 se había formado una junta de generales con Kindelán, Saliquet, Solchaga, Aranda y con Orgaz como jefe nominal[5]. Orgaz y Aranda se habrían presentado ante Franco para transmitirle sus quejas por la preminencia de Serrano Suñer y la germanofilia del gobierno. Esta junta habría conspirado preparando un golpe contra Falange, que llevaría a un Consejo de Regencia, pero se desintegró al no estar la mayoría de acuerdo en actuar contra Franco. La participación en esta conspiración de Sainz Rodríguez y Vegas Latapíé fue el motivo por el que el régimen les amenazó con arresto domiciliario o destierro en junio de 1942, provocando su inmediato exilio. Del mismo modo un desafiante discurso del general Espinosa de los Monteros en la misma línea produjo su cese. También se rumoreó que un atentado a Girón en abril de 1942 pudo haber sido obra de los jóvenes monárquicos, sin esclarecer aún hoy su procedencia. Por último, el 10 de marzo de 1943 se exilió el general Alsando a Portugal tras un incidente durante una comida donde supuestamente habría propuesto que Kindelán facilitara el desembarco aliado en Cataluña[6].

Tras la apertura de la confrontación entre dictador y pretendiente, en junio de 1943 un grupo de procuradores dirigieron una carta a Franco. Entre los principales firmantes encontramos al duque de Alba, Goicoechea, Yanguas Messía o Galarza. Le indicaban que “no es posible realizar eficazmente la labor encomendada a las Cortes, sin resolver el problema esencial de la definición y ordenamiento de las instituciones fundamentales del Estado”[7]. Esta definición era “la Monarquía católica tradicional”, y la urgencia de la situación venía determinada por el contexto internacional. Pedían la restauración como complementación del régimen, pero confirmaban su adhesión al régimen y su nula intención de introducir ninguna nueva doctrina. El tono era respetuoso con Franco y el documento fue privado, aunque circularon copias “libremente en la capital y en otras ciudades del país”[8]. El régimen no se dio por aludido.

Cuarenta y cuatro días después de la caída de Mussolini, en septiembre de 1943, un grupo de generales (Orgaz, Kindelán, Dávila, Solchaga, Ponte, Saliquet y Varela) firmaron una carta dirigida a Franco donde reafirmaban “la mayor disciplina y sincera adhesión al Generalísimo de los Ejércitos de España y Jefe de su Estado”[9] y le solicitaban en medio de todo tipo de adulaciones “no demorar más el retorno de aquellos modos de gobierno, genuinamente españoles, que hicieron la grandeza de nuestra patria, de los que se desvió para imitar modas extranjeras.”. El dictador recibió uno a uno a los firmantes, comenzando por Kindelán, quienes en su mayoría ratificaron sus convicciones. No hubo represalias en aquel momento para ninguno de ellos.

Por último, en enero de 1944 se produjo un tercer comunicado de adhesión a la causa del pretendiente, esta vez por parte de catedráticos. Manifestaban que “España necesita recobrar su Monarquía y su Rey. En la Monarquía y en la Persona de V.M. [Franco] está nuestra esperanza de un régimen estable, de autoridad, de derecho y de paz, que permita a España restañar sus heridas y realizar sus aspiraciones en el futuro concierto de los pueblos”[10]. El texto tuvo numerosas adhesiones dentro y fuera de España (Heine menciona incluso la de Ortega y Gasset[11]), pero sus cuatro principales firmantes sí sufrieron en este caso las consecuencias. Julio Palacios, Jesús Pabón, Alfonso García Valdecasas y Juan José López Ibor fueron multados levemente y desterrados a diversos pueblos de España. No obstante, pese a este castigo, el pretendiente no realizó ninguna condena o manifestación pública al respecto defendiendo a sus partidarios.

[1] BORRÁS (1996) pp. 159-160. Este autor, como la mayoría, apoya esta tesis. “una gran masa neutra, procedente en parte de las filas de la antigua CEDA, que con el tiempo constituirá el llamado franquismo sociológico, es indiferente a las formas de gobierno.

[2] TUSELL (1977)

[3] ARÓSTEGUI (2002) pp. 89-93

[4] HEINE (1983) pp. 252-253.

[5] Seguimos a partir de este momento el orden de acontecimientos como nos lo presenta HEINE (1983) pp. 251-295. Creemos que es el autor que mejor refleja y detalla todos estos acontecimientos.

[6] TUSELL (1977) p. 48

[7] BORRÁS (1996) pp.167-169

[8] HEINE (1983) p. 271

[9] BORRÁS (1996) p.169

[10] TUSELL (1977) p. 80

[11] HEINE (1983) p.275