Familia Real Española (1931-1945)

7.2. Postguerra, abdicación y muerte de Alfonso XIII. Abdicación y muerte de Alfonso XIII.

POLÍTICA E IDEOLOGÍA EN LA FAMILIA REAL ESPAÑOLA (1931-1945)

7.2. Postguerra, abdicación y muerte de Alfonso XIII. Abdicación y muerte de Alfonso XIII.

Alfonso XIII abdicó mediante un documento fechado en Roma el 15 de enero de 1941[1]. Comenzaba aludiendo a su Manifiesto de 1931, diciendo que cumplió un “deber de patriotismo”, buscando que no se “vertiera sangre española para defender intereses de un régimen, o de una dinastía”. Aun así “la magnifica epopeya de la liberación de España, el heroísmo de su Ejército y de la juventud española” habían conseguido abrir paso “a la solidaridad de todos, para crear su unidad, su libertad y su grandeza”. Esta clara referencia al Una, grande y libre franquista, así como el reconocimiento del régimen como salvador de la Patria fueron la gran diferencia con su texto de una década atrás. Ya no estamos ante una figura que elegantemente da un paso atrás, sin rencores ni señalando culpas. Ahora Alfonso XIII ha tomado un claro partido. El exrey declara que una vez “asegurada ya la victoria definitiva” pensó en presentar su renuncia, pero fue frenado por su “deseo de madurarla”. Ahora “al reorganizarse políticamente el país es preciso que quede expedito y franco el camino para que […] pueda reanudarse la tradición histórica […] que, durante siglos, ha asegurado la unidad y permanencia de España”. Consideraba que “podría tal vez mi persona ser un obstáculo […] ante algunos, podría aparecer como el retorno a una política que no supo o no pudo evitar nuestra tragedia y las causas que la provocaron”, por tanto ofrecía un nuevo sacrificio personal para que la “persona que encarne la Institución monárquica […] pueda ser llamada a asumir la suprema jerarquía del país”. Este nuevo depositario de la corona debe “encarnar la esperanza de los que desean una España nueva, libre de los defectos y vicios del pasado, en el que un sentido eficaz y vivo del patriotismo vaya unido a una más adecuada organización de la sociedad y del Estado, y a una más equitativa participación de todos en la prosperidad general”. Para todo ello traspasaba su legitimidad histórica, por patriotismo, a su hijo Juan quien “sin discusión posible” podría ser “el día de mañana, cuando España lo juzgue oportuno, el rey de todos los españoles”.

Más allá de justificaciones personales o las referencias a su sacrificio, el texto nos traslada dos ideas principales. La primera es que consideraba que el triunfo militar había cumplido la misión de salvar a España, aquello que él intentó pero no pudo llevar a cabo. La segunda es que ha entendido que la monarquía solo podía regresar reformada, adecuada a esa “España nueva” con “una más adecuada organización de la sociedad y del Estado”. Él personificaba la vieja España, a su pesar, por tanto no le quedaba más remedio que dar paso a quien si pudiera identificarse con esa juventud española. Eso sí, también era consciente de que solo España podía juzgar cuando sea el momento oportuno para una restauración. Y en ese momento decir España era lo mismo que decir Franco. Al final el exrey aceptó sin condiciones el concepto de nueva monarquía que Franco había expresado en su entrevista de 1937 al ABC. De ahí que en ningún momento del documento encontremos exigencias, amenazas o siquiera reivindicaciones. Todo es voluntad de servicio, patriotismo y colaboración.

[1] PLATÓN (1998) pp. 571-572