Erasmo – La escolástica no es palabra de Dios
Erasmo- La escolástica no es la palabra de Dios
«Esta nueva teología está tan adulterada por Aristóteles, por insignificantes invenciones humanas y por las regulaciones humanas, que dudo si conoce algo del puro y genuino Cristo. Al detener tanto sus ojos en la instrucción humana, pierde de vista el arquetipo. En lógica consecuencia, los teólogos más prudentes se ven con frecuencia obligados a hablar en público de manera diferente a como piensan en sus corazones o a como dicen a sus amigos íntimos. Y hay veces que no saben qué respuesta dar a los que les consultan, sabiendo que Cristo dice una cosa y la enseñanza heredada del hombre prescribe otra. Te pregunto: ¿Qué tiene que ver Cristo con Aristóteles o los misterios de eterna sabiduría con la sutil sofistería? ¿Qué se busca con ese laberinto de temas a debate que en su mayoría son una pérdida de tiempo o una ponzoña, sino la simple gresca y disensión que crean?»
Erasmo de Rotterdam: Elogio de la locura
Erasmo publica en Inglaterra su Elogio de la locura en 1511 en plena explosión del pensamiento renacentista, inaugurando una década donde Maquiavelo escribirá el Príncipe, Tomas Moro publicará Utopía o Lutero clavará sus 95 tesis en la puerta de la Iglesia del palacio de Wittenberg. Su ‘Elogio de la locura’ es un claro ejemplo del espíritu humanista y crítico renacentista, considerando los asuntos religiosos bajo una nueva luz que puso en cuestión la autoridad y los viejos maestros.
Este fragmento resume perfectamente el punto de vista erasmista respecto a la teología: debería centrarse en conocer al “puro y genuino Cristo”, liberándose de un “laberinto de temas (…) que en su mayoría son una pérdida de tiempo o una ponzoña”. Así mismo nos presenta uno de sus principales leitmotiv respecto a la reforma de la Iglesia, la necesidad de mayor libertad de pensamiento, eliminando la hipocresía.
La tradición escolástica aparece en el texto como la gran barrera a la hora de dilucidar el verdadero sentido de la revelación divina. La mezcla entre filosofía, razón, fe y teología habría llevado a la corrupción del verdadero mensaje cristiano que debería presentarse libre de toda “intervención humana”. Aquí la filosofía aparece asimilada a la imagen despectiva del Sofista, como charlatán de la sabiduría. No es una refutación de la filosofía, Aristóteles tendría una entidad individual por si mismo, el problema vendría de la intervención de esos “sofistas” que mezclan campos adulterando la “eterna sabiduría”. “La enseñanza heredada del hombre” se nos presenta como un error a solucionar mediante la legitimación del pensamiento verdadero que es “de manera diferente (…) como piensan en sus corazones”, clara reivindicación del humanismo renacentista.
Así, no solo esa teología mal entendida estaría ocultando la sencillez y pureza primitiva del mensaje evangélico, sino que también estaría provocando un conflicto permanente en la comunidad cristiana debido a la hipocresía que supone. “Los teólogos más prudentes” se verían impelidos a ocultar su individualidad. Encontramos aquí la base de todos los movimientos de renovación religiosa: la necesidad de una devoción más personal, una religión más interiorizada y profunda, un diálogo directo de cada persona con Dios, que rompe radicalmente con la tradición anterior.

