Monarquía Comparada- 2. i- El monarca y la organización territorial
Monarquía Comparada- 2. i- El monarca y la organización territorial
Refiriéndonos a la organización territorial, la única competencia directa que la Constitución española atribuye al Rey es el nombramiento del presidente de los diferentes consejos de gobierno, una vez estos son elegidos por sus respectivas asambleas. Se ha discutido mucho en la doctrina respecto a la posición del monarca en relación al mandato genérico del artículo 2 que establece la “indisoluble unidad de la Nación española” a la vez que “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”, y en relación a su papel como “símbolo de su unidad [del Estado] y permanencia” que indica el 56.1. Algunos han visto también en el artículo 57.1 y su alocución al Rey como “legítimo heredero de la dinastía histórica” o el 56.2 donde expone que “su título es el de Rey de España y podrá utilizar los demás que correspondan a la Corona” como ámbitos donde desplegar atribuciones ulteriores respecto a la organización territorial del Estado.
En todo caso, es evidente que otros ordenamientos europeos sí establecen con mayor claridad competencias en materia de organización territorial por parte del monarca. El ejemplo histórico más claro es el británico, con una monarquía que aun se rige mediante el Act of Union de 1707 que modificó una situación de unidad de reinos donde la corona era el único vínculo entre ellos. Posteriormente la regulación de la Commonwealth le ha otorgado un claro papel en la materia. El caso danés también es paradigmático, con la situación de práctica independencia de Groenlandia donde la corona se ha convertido en el único vínculo compartido. Por último, el caso belga se ha convertido, sobre todo tras la reforma federalista de 1993, en el mayor ejemplo de competencias reales respecto a la organización territorial. Ahora mismo el “Rey de los belgas” desarrolla un claro papel simbólico de moderación entre las distintas comunidades, discutido sobre todo entre los flamencos por alguna toma de partido por parte de Alberto II.

