JAVIER MORENO LUZÓN (COORD.) ALFONSO XIII. UN POLÍTICO EN EL TRONO
JAVIER MORENO LUZÓN (COORD.) ALFONSO XIII. UN POLÍTICO EN EL TRONO
Procedo a realizar la recensión de la obra colectiva Alfonso XIII. Un político en el trono[1], editada en Madrid por Marcial Pons, Ediciones de Historia. Estamos ante una obra coordinada por el catedrático de Historia del Pensamiento y los Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad Complutense, Javier Moreno Luzón. En ella han participado otros once investigadores españoles y estadounidenses. He utilizado la primera edición de 2003, compuesta por 470 páginas.
En el marco del centenario de su mayoría de edad y asunción del trono, dos fueron las principales novedades bibliográficas sobre Alfonso XIII. La primera, una biografía canónica elaborada por Javier Tusell y Genoveva Queipo de Llano[2], y la segunda es el volumen con el que nos encontramos. En el mismo Prólogo nos presentan sus intenciones: “afrontar un nuevo análisis del personaje desde distintos puntos de vista que giran en torno al eje común de la política, [aprovechando] las fuentes accesibles y [abordando] las cuestiones fundamentales de modo sintético con el fin de extraer conclusiones significativas, a menudo en desacuerdo con las tesis al uso sobre el Rey.” (p. 14). De este modo estructuran la obra en trece ensayos temáticos, no cronológicos, independientes los unos de los otros, que van analizando diferentes aspectos de la actuación política del monarca en diferentes ámbitos. Nos encontramos ante doce especialistas en el periodo que consiguen dotar al volumen de una gran variedad de puntos de vista.
Su editor, Javier Moreno Luzón, es un especialista en la vida política de la España de la Restauración. Se dio a conocer en 1998 con una biografía del Conde de Romanones, y desde ese momento ha publicado numerosas monografías sobre el reinado de Alfonso XIII, la clase política y la sociedad de la Restauración, e incluso historias generales sobre el periodo. Él mismo firma el Prólogo y dos capítulos de la obra, el Estado de la Cuestión que la inaugura y el dedicado a la relación del monarca con los liberales.
Tras el Estado de la Cuestión de Moreno Luzón, Morgan C. Hall firma un capítulo dedicado a la construcción política de la imagen del monarca. Hall es un diplomático e historiador estadounidense, especializado en el papel de las monarquías en las sociedades liberales europeas del siglo XIX. Alumno de Edward Malefakis, el mismo año 2003, presentó una biografía de Alfonso XIII[3] traducida posteriormente al español.
A continuación, la exministra y actual Catedrática de Historia del Pensamiento de los Movimientos Sociales y Políticos en la Complutense, Mercedes Cabrera indaga sobre el papel constitucional de Alfonso XIII. Cabrera es especialista en Historia Contemporánea, con numerosas publicaciones sobre el parlamento de la Restauración, la patronal y los empresarios, o biografías como la de Juan March.
María Jesús González Hernández analiza la relación del rey con el partido, los gobiernos y los principales jefes conservadores. González Hernández es Catedrática de Historia Moderna en la Universidad de Cantabria. Especialista en la historia política durante el reinado de Alfonso XIII, su obra más conocida son dos trabajos sobre Antonio Maura de 1990 y 1997.
Tras el capítulo dedicado por Moreno Luzón a los liberales, Pedro González Cuevas investiga la trascendencia del ceremonial y los cortesanos durante el reinado. González Cuevas es Profesor Titular de Historia de las Ideas Políticas y de Historia del Pensamiento Español en la UNED. Su campo de especialización es la historia de la derecha y el conservadurismo en España, siendo muy conocidas sus biografías sobre Ramiro de Maeztu y Gonzalo Fernández de la Mora.
Carolyn P. Boyd fue una prestigiosa hispanista californiana especializada en el militarismo y la vida política española contemporánea, en la construcción de identidad nacional a través de la política educativa y en el estudio del nacionalismo en relación con el catolicismo. En este volumen firmó el capítulo dedicado a la relación de Alfonso XIII con el estamento militar.
Antonio Niño analiza el papel del monarca en las Relaciones Internacionales y la política exterior. Niño es Catedrático de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad Complutense. Su especialidad es la historia de la propaganda y la diplomacia durante el siglo XX, en concreto las relaciones de España con EEUU, Francia y América Latina. También tiene numerosas publicaciones dedicadas a la historia de las relaciones culturales internacionales.
Las relaciones con la iglesia y su autoafirmación como Rey Católico son tratadas por Julio de la Cueva Merino. Profesor Titular de Historia en la Universidad de Castilla La Mancha, ha centrado sus investigaciones en el catolicismo y el laicismo en la España del siglo XX, sobre todo en el anticlericalismo y el conflicto político-religioso durante la II República y la Guerra Civil.
Santos Juliá indaga sobre la relación del monarca con los intelectuales. Fue uno de los historiadores más conocidos de España, especializado en la Historia Social y del Pensamiento Político del siglo XX, con incidencia en la II República o figuras como Manuel Azaña.
El papel de Alfonso XIII durante la dictadura de Primo de Rivera y el final de su reinado son investigados por José Luis Gómez-Navarro y Miguel Martorell Linares. Gómez-Navarro es Profesor Titular de Historia Económica y Social Moderna y Contemporánea de España en la UNED. Tras una tesis basada en el impacto comparado de la dictadura de Primo de Rivera, ha publicado trabajos sobre parlamentarismo, militares y pensamiento conservador de la España de la Restauración. Martorell también es Profesor Titular de Historia Política y Social en la UNED. Esta especializado en historia económica y política de la España contemporánea, llegando a firmar un manual de Historia Política y Social de España con Santos Juliá.
Por último, Eduardo González Calleja firma el capítulo dedicado al exilio de Alfonso XIII. Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Carlos III, sus principales ámbitos de investigación han sido la violencia política en la España Contemporánea, la evolución de los grupos de extrema derecha y fascistas en Europa de entreguerras, la II República e incluso la dictadura de Primo de Rivera.
Como decíamos, la estructura de la obra no es cronológica o lineal. Estamos ante trece ensayos que buscan romper con “las visiones monolíticas de Alfonso XIII” (p.15), dándonos la oportunidad de asomarnos a los principales hitos de su reinado desde los diferentes puntos de vista de algunos de los principales especialistas en la materia.
A la hora de analizar el contenido de la obra, en lugar de ir capítulo por capítulo he preferido señalar las conclusiones que podemos extraer del volumen. De ahí la amplia referencia que he hecho en el apartado anterior a su estructura en capítulos y los principales intereses de cada autor, pues considero que sería demasiado reiterativo ir en cada punto indicando a quien pertenece cada una de las opiniones. Me basaré en el magnífico estado de la cuestión que inaugura el volumen, donde se establecen los principales debates en torno al personaje, e iré poco a poco detallando que tratamiento da el libro a los mismos, cual es la imagen que obtenemos de Alfonso XIII y como se posicionan respecto a estas controversias.
Para comenzar, si bien en sus intenciones los autores del volumen ya nos indican que buscan centrarse en su vertiente pública, “excluyendo los siempre morbosos detalles de su vida privada” (p.14), también encontramos continuamente reflejadas numerosas referencias a su carácter, personalidad, forma de proceder, intereses privados o incluso circunstancias personales que pudieron influir en su toma de decisiones. En líneas generales, Alfonso XIII fue presentado como “soldado, deportista, diplomático, hombre de Estado, hombre de negocios, hijo amantísimo, devoto padre de familia y apuesto gentleman moderno [pero] también se configuró en la imaginación popular como niño mimado, enfermo, bromista, autócrata, mujeriego, especulador y dandy” (p. 61). En el libro que tratamos, la imagen del monarca no sale precisamente bien parada, pues es definido continuamente como superficial, caprichoso, con un “carácter frívolo e intrigante” (p.420), dubitativo, indiscreto, entrometido y algo embustero. Se llega a afirmar que carecía de “un sólido pensamiento ni de una elaborada ideología, y más bien tendiera a la superficialidad y a la elementalidad en sus análisis” (p. 340), reflejándose también su antiintelectualismo superficial e irreflexivo. Es habitual que todos estos autores se refieran constantemente a “su tendencia personal […] a manejar según su personal conveniencia varias alternativas políticas de forma simultánea, sin reparar en las contradicciones y las tensiones internas qué tal actitud pudiera generar” (p. 413). La imagen que sacamos de Alfonso XIII es de un personaje orgulloso, egoísta a la hora de entender y establecer su papel, imprudente y condescendiente, con una “inteligencia viva, pero poco reflexiva” (p.247).
Junto con estos defectos de carácter también se le reconoce en términos generales buena intención, basada en una personalísima concepción de amor a España y del papel encomendado. Se nos dice que “decidió anteponer los supuestos deberes para con España a la defensa del orden constitucional” (p.110). Habría actuado con la convicción de personalizar los deseos e intenciones de la verdadera opinión pública y ciudadanía frente a la clase política o los estamentos sociales. También hay cierta unanimidad en considerar que ayudó a modernizar la imagen pública de la propia corona, partiendo de la corte de María Cristina, definida como un espacio anacrónico, debido a su beatería, aislamiento y conservadurismo. La boda con Victoria Eugenia ayudará a modificar esta imagen, en la misma forma que su carácter campechano, jovial, abierto y simpático, siempre dentro de un comportamiento acorde con los usos aristocráticos, pero del mismo modo configurando un personaje oligárquico, estricto e inaccesible con un especial celo por remarcar constantemente la significación y trascendencia de su figura. Por último, también se le reconoce independencia de actuación y opinión, frente a su entorno familiar, palaciego o político. Eso sí, frente al tradicional mito de haber sido una simple marioneta en manos de la corte o la clase política, del volumen podemos extraer la conclusión de que siempre mantuvo un amplísimo margen de independencia en su actuación y sus posicionamientos, frente a su entorno familiar, palaciego, político o social, como, por ejemplo, denota su ejercicio de la política exterior, donde se desmarca claramente de la desarrollada durante la regencia de su madre.
Hay unanimidad en destacar su falta de formación, debido a numerosas carencias en su etapa educativa. La influencia religiosa y militar durante esta época serían trascendentales en la construcción de la personalidad de Alfonso XIII y se reflejarían claramente en sus actuaciones posteriores. Tuvo una “educación cortesano-aristocrática, clerical y militar” (p.194), “dirigida por militares y clérigos con idiosincrasia providencialista y voluntarista” (p.116) y marcado acento conservador. De su etapa formativa también se destaca la influencia de su madre y tías, claras partidarias de una concepción absolutista y providencialista de su figura. Como resultado, no se le reconocerán aspiraciones culturales o intelectuales, más allá de cierta pasión por los inventos, la tecnología moderna, los transportes y la velocidad o los deportes.
Respecto a su pensamiento habría transitado “de un nacionalismo liberal con tintes regeneracionistas a un cierto nacional-catolicismo militarista y reaccionario” (p.15). Prácticamente todos los autores reflejan esta evolución, marcando 1917 como la frontera entre uno y otro. Si encontramos a un joven rey imbuido de un cierto liberalismo regeneracionista en sus primeros años, el rey adulto tomará claro partido apoyándose en aquellas instituciones y sectores sociales más conservadores y reaccionarios. Todos reflejan su obsesión a partir de esta fecha por evitar cualquier peligro revolucionario que pudiera cernirse sobre España. También el final de la Gran Guerra acentuaría su visión antiparlamentarista y su desconfianza hacia el propio régimen constitucional. Así mismo su concepción del devenir de España estaba marcada por un regeneracionismo que ponía como gran objetivo la tarea de frenar la decadencia del país, incrementando el bienestar de sus habitantes, y recuperando su grandeza, sobre todo en el concierto internacional, y equiparando la misma al poderío militar y la expansión territorial.
Ejemplo de esta transición en su pensamiento sería su relación con la Iglesia Católica. Si bien desde un principio muestra su orgullo de Rey Católico, manteniendo una estricta continuidad a la hora de mostrarse como un perfecto cumplidor de la liturgia, mediante una mezcla de catolicismo primario y convencional, también es claro que en su vida personal la religiosidad dista mucho de configurarse como uno sus principales caracteres. Así la elección de una princesa anglicana como consorte o su posible simpatía a medidas secularizadoras de sus primeros gobiernos liberales nos presentan a un monarca consciente de la necesidad de avanzar hacia una sociedad más laica. Pero ya desde 1911, con su protagonismo en el Congreso Eucarístico de Madrid, buscando la reconciliación con el Vaticano, nos muestran un cambio en su postura pública hacia la vinculación de la Iglesia respecto a España y la propia monarquía. Este cambio se radicalizará más adelante con episodios como la consagración de España al Sagrado Corazón en 1919, su patrocinio sobre campañas sociales de los sectores más reaccionarios de la Iglesia española en 1922, o su obstruccionismo a la hora de sancionar reformas secularizadoras del gobierno ese mismo año. Esta radicalización en su pensamiento llegará a sus máximos niveles durante su visita a Roma en 1923, donde realizará un discurso ante Pio XI, considerado como extemporáneo y radical. Desde ese momento, el compromiso entre la corona y la jerarquía eclesiástica queda indudablemente establecido como una de las principales bases del régimen.
Hay unanimidad entre todos los autores en definir su relación con las Fuerzas Armadas: “se alió repetidamente con el Ejército, legitimando las pretensiones militares y retardando la vacilante evolución hacia un régimen basado en la soberanía popular” (p.223). Este habría sido el gran error de su reinado, su desbordado militarismo. Sin ser el responsable del auge del pretorianismo durante su reinado, sí lo habría agravado con su actitud. Desde muy joven estuvo convencido de su papel de rey-soldado y defensor del ejercito frente a los caprichos de los políticos. Tras numerosas crisis entre ambos estamentos, esta simbiosis se acrecentará peligrosamente una vez comiencen los episodios junteros y la Guerra del Rif, donde siempre se posicionará del lado militar, actuando con total independencia de la opinión y necesidades de sus diferentes gobiernos. Su actuación torticera a la hora de favorecer unos u otros sectores del ejército también es denunciada. En septiembre de 1923, con el golpe de Primo de Rivera, se llegará al cenit del compromiso entre monarquía y ejercito como depositarios de la regeneración nacional y defensores de los verdaderos intereses de la patria. Dicho pronunciamiento resultaría de la combinación de debilidad civil y predisposición militar a intervenir en política. Alfonso XIII habría contribuido enormemente a ambas, y con su aquiescencia al mismo habría dinamitado toda posibilidad de evolución hacia un sistema civilista.
Más discutido es su desempeño como monarca constitucional. Si en ocasiones actuaba de forma perfectamente constitucional, en otras lo haría claramente al margen de la misma, acabando por imponerse sobre ella con la consagración de la Dictadura. En la conclusión principal que podemos obtener pesa más el fracaso de la monarquía doctrinaria, de un sistema incapaz de evolucionar hacia una parlamentarización democrática. Esto sería debido principalmente a la fragilidad de los partidos políticos y a un sistema electoral fraudulento basado en un caciquismo deslegitimador, que los propios partidos fueron incapaces de desmontar. Aun así, también el papel de Alfonso XIII sería fundamental en dicho fracaso. Ya desde su discurso inaugural asegura que “la constitución podía poner límites al ejercicio del poder real, pero no a los deberes del monarca con su pueblo” (p.87). No solo era su intención, sino que la propia cosoberanía que establecía la constitución permitió el desbordamiento de su papel y su incapacidad para mantenerse en un mero poder moderador o en un monarca al estilo del que predicaba Bagehot. Sin la legitimación electoral o la fuerza de los partidos existentes en un sistema como el británico, la evolución del español se vería continuamente quebrantada, más aún con la presión que suponía la insubordinación militar. Más allá de su intervención en el liderazgo de los partidos, favoreciendo a unos u otros personajes, el uso de sus prerrogativas, o su intervención directa en política exterior, militar o de orden público, durante la segunda parte de su reinado dio reiteradas muestras de situarse a si mismo fuera de su papel constitucional. Sus discursos en la Real Academia de Medicina de 1916, en Córdoba 1921 o en presencia de militares en Barcelona en 1922, nos presentan a un Jefe de Estado en rebelión abierta con las propias normas de funcionamiento del régimen. Será el propio Alfonso XIII quien legitime la dictadura que rompe directamente el régimen constitucional, no solo al aceptar a Primo de Rivera, sino al negarse a convocar las Cortes como establecía el precepto constitucional. Y en ningún caso habría apoyado intento alguno de reforma constitucional, pues consideraba como una obligación imprescindible no modificar el sistema legado por su padre.
Durante todo el volumen se desarrolla su relación con la clase política y los diferentes partidos. Como regla general, los autores reconocen que gran parte de la culpabilidad del fracaso del sistema radicó en la debilidad partidaria y su continuo fraccionalismo. Cuando Alfonso XIII se encontraba ante fuerzas unidas y respaldadas políticamente, se plegaba a las mismas, reduciendo su intervención. No obstante, estas habrían sido las mínimas ocasiones. En la gran mayoría se reconoce su abierta manipulación a la hora de formar gobiernos y liderazgos en los partidos. Habría buscado constantemente aquellos políticos más dóciles a su persona y prescindido de los incómodos, provocando constantes crisis ministeriales y manejando las diferentes mayorías según su propia concepción de la opinión pública reinante. Habría socavado constantemente sus gobiernos, siendo muy escasas las ocasiones en que los habría respaldado en aquellos enfrentamientos contra otras instituciones como el ejercito o la iglesia, o sus propios intereses. En definitiva, con su actuación habría erosionado gravemente un sistema ya débil de por sí.
Paradójicamente serían los gobiernos conservadores quienes más habrían intentado mantener la corona dentro de sus funciones constitucionales, regulando su funcionamiento y poniéndola al margen de la lucha política diaria. Maura habría sido el principal ejemplo de esta tendencia. Por el contrario, los liberales y reformistas habrían sido los más partidarios de que el monarca se excediera de sus funciones y tomara un papel más activo en el día a día político. Canalejas representaría esta directriz, con su convicción de que dado el cuerpo electoral y el sistema de la Restauración, solo la “reforma desde arriba” sería capaz de hacer evolucionar el sistema. Romanones, García Prieto, o el primer Dato serían ejemplos por su parte de políticos acomodaticios a sus intereses, impulsados desde Palacio al liderazgo de sus partidos y del gobierno. Moret, el último Dato, Alba o Sanchez Guerra serían ejemplos de lideres que intentaron imponerse al margen de dicho patrocinio real.
En todo caso la Dictadura también marca un punto de no retorno frente a la clase política anterior. Prácticamente todos ellos abandonan al monarca, y tras 1930 será prácticamente imposible su reincorporación a un régimen herido de muerte. También es paradójicamente Primo de Rivera quien conseguirá, pese al papel esencial del rey en su consolidación, limitar su papel y mantenerle en un segundo plano. Será durante estos años cuando Alfonso XIII se vea más incapaz de intervenir en la vida política, llegando a perder sucesivamente los diferentes pulsos a los que el dictador le somete, hasta casi el momento de su descomposición.
Respecto a diferentes episodios del reinado muy discutidos en la historiografía, el volumen se muestra prudente en la mayoría de las ocasiones, evitando entrar de lleno en dichas polémicas. Así, ante la caída de Maura en 1909, se nos presenta a un Alfonso XIII que se habría comportado correctamente, de manera perfectamente constitucional e incluso impelido a tomar una decisión contraria a su opinión. De las conocidas como “crisis orientales” de principio de su reinado, se pone más el énfasis en el comportamiento y las luchas dentro de los partidos que sobre la participación real, mientras por otro lado sí se pone mucho énfasis en su intervención directa en los últimos gobiernos antes de la dictadura. Salvo en contadas ocasiones, el libro no entra a discutir sobre la situación patrimonial o los negocios del monarca, ni en su situación matrimonial o familiar. Se refleja su total implicación en la Guerra de Marruecos, si bien se discute que esta tuviera su patrocinio inicial. Tampoco se asegura, más bien se insinúa, su responsabilidad en el Desastre de Annual, mediante el azuzamiento a Silvestre. Respecto al golpe de estado de 1923 se elude afirmar si Alfonso XIII tuvo un papel activo en su realización, pues se considera que hay demasiados datos que afirman sus deseos en los meses anteriores, así como que la entusiasta ratificación que hizo del mismo dejarían en irrelevante conocer o no su implicación. Para terminar, los últimos meses de su reinado nos presentan a un monarca completamente desbordado, incapaz de corregir la trayectoria del régimen, si bien abierto a todo tipo de componendas y reformas que permitieran su mantenimiento. Aun así, también en este momento, buena parte de estas soluciones habrían sido finalmente abortadas por su actitud dubitativa o caprichosa.
El capítulo que nos habla del rey en el exilio quizá sea el que trasmita la imagen más negativa del mismo. Nos sitúa ante un personaje orgulloso y mezquino, miserable con sus partidarios y su propia familia, preocupado únicamente por su legado y su futuro, incapaz de un gesto de grandeza que le solicitan desde todos lados.
El mejor resumen de la imagen que podemos tener del monarca tras terminar este libro se encuentra en su propia Introducción. Allí Moreno Luzón declara que Alfonso XIII fue “un actor capaz de adoptar iniciativas y de llevarlas a cabo, cuyos cometidos y actitudes le permitían moldear algunas de las orientaciones esenciales del sistema político, dentro o fuera del marco constitucional. Sin olvidar los límites impuestos por las estructuras y por el comportamiento de otros participantes, […] no favoreció, sino todo lo contrario, la conversión del régimen liberal de la Restauración en un régimen parlamentario y democrático. Dado el lugar que ocupaba en el edificio institucional español, su postura, por ejemplo, en el terreno de las relaciones entre poder civil y poder militar, resultó decisiva” (p.15)
Estamos ante un volumen que permite ampliar y reflexionar sobre los principales capítulos del reinado de Alfonso XIII, y, ante todo, sobre su propia figura. No es un libro de divulgación, ni una introducción al periodo. Al carecer de una estructura lineal o narrativa, y centrarse en divisiones conceptuales muy específicas, su lectura requiere unos mínimos conocimientos previos del protagonista y su contexto. Pero en todo caso estamos ante una obra esplendida, probablemente fundamental a la hora de acercarse e investigar al personaje. Hay una clarísima labor de edición en la misma, no solo en la elección de sus autores y contenidos, sino en procurar las mínimas repeticiones entre los diferentes capítulos y probablemente en armonizar sus conclusiones. Sin esa labor de edición sería muy difícil haber conseguido la coherencia que desprende partiendo de tan diferentes objetivos y fuentes. Todos los capítulos consiguen centrarse en la figura de Alfonso XIII en relación a cada una de las materias. Quizá tan solo el de Santos Juliá dedicado a los intelectuales, sea el único que discrepe del tono general, ofreciendo más una perspectiva de conjunto que un análisis del personaje en particular. También hay una clara apuesta por encontrar un tono divulgativo, y lo más objetivo posible, huyendo en todo momento tanto de la hagiografía como de la denostación. Continuamente se nos indican las diferentes hipótesis sin miedo a presentar junto a ellas diferentes argumentos a su favor o en su contra.
Hay aciertos indudables en la elección de los ensayos, introduciendo numerosos puntos de vista difíciles de encontrar en una biografía al uso. Así, el Estado de la Cuestión que la inaugura, o los capítulos sobre la imagen real, la relación con la Corte o su papel en la política exterior. Echamos en falta quizá algo de arrojo a la hora de enfrentarse de forma más directa a la situación familiar, su economía, su ocio o los diferentes condicionantes personales, tan importantes a la hora de definir al monarca. Así mismo, quedan fuera de foco también su relación con otras fuerzas políticas o sociales, más allá de los partidos de turno o el Partido Reformista. Sindicatos, republicanos, socialistas o anarquistas no aparecen durante los textos mas que como elementos muy secundarios. El subtitulo del libro refleja claramente que quiere centrarse en la labor política del Rey, pero personalmente hecho en falta mayor atención a otros aspectos sociales o culturales.
La redacción de todos los capítulos es clara, muy cuidada, y está suficientemente documentada. La bibliografía es más que suficiente en su extensión y calidad. Quizá peca de exceso de concreción. Un volumen de estas características hubiera merecido mucha mayor amplitud y tamaño. Prácticamente todos sus capítulos deberían haberse desarrollado con mayor detalle.
[1] MORENO LUZÓN, J (ed.)- Alfonso XIII. Un político en el trono. 2003. Madrid. Marcial Pons, Ediciones de Historia.
[2] GARCIA QUEIPO DE LLANO, G; TUSELL, J- Alfonso XIII. El Rey polémico. 2012. Madrid. Taurus
[3] HALL, M.C.- Alfonso XIII y el ocaso de la monarquía liberal 1902-1923. 2006. Madrid. Alianza Ensayo.

