Familia Real Española (1931-1945)

2.1. Estado de la Cuestión. Las Historias de Alfonso XIII

POLÍTICA E IDEOLOGÍA EN LA FAMILIA REAL ESPAÑOLA (1931-1945)

2.1. Estado de la Cuestión. Las historias de Alfonso XIII

Alfonso XIII tiene una ingente cantidad de bibliografía dedicada, siendo uno de los personajes más discutidos dentro de la historiografía española.

Carlos Seco Serrano fue el historiador más influyente en las últimas décadas a la hora de transmitir una imagen positiva del monarca y su reinado. En 2003 aprovechó para refundir sus diversos estudios en un ciclo de conferencias sobre “la figura del Rey- cuyo esfuerzo personal no puede desligarse de tan brillante balance- [y que] había sido objeto de críticas negativas, y más que negativas difamatorias [por parte] de la República y […] del Franquismo”[1]. Siempre habría abordado sus decisiones buscando el país real, y solo en 1923 se le planteó una disyuntiva entre observar la Constitución u oponerse a sus deberes con España. El fracaso posterior “de la Dictadura en su intento de renovar sobre bases reales el artificioso partidismo de la Restauración, implicó el fracaso de la monarquía”[2]. Fue un “Rey liberal y democrático […] se esforzó en integrar y no dividir”[3]. Durante su exilio, su comportamiento fue ejemplar, quiso evitar la Guerra Civil y su respaldo a los nacionales fue “perfectamente lógico, cuando le era imposible escapar a una definición ante los dos bandos, y el llamado republicano había derivado a una revolución tercermundista de la que las víctimas preferentes eran los monárquicos”4. Abandonado durante sus últimos años, además de los problemas familiares sumaría otro “de carácter moral: la convicción creciente de su impotencia para poner en pie la España que amaba apasionadamente”[4]. Según Seco Serrano, mantuvo constantemente una concepción integradora y democrática de la corona, luchando contra una quiebra irreparable de los españoles. Su principal adjetivo sería el de regenerador, siempre al servicio de la patria y en constante batalla contra “una caterva de políticos chochos”[5], contra la oligarquía y el caciquismo. Para el autor, en el interior de Alfonso XIII no había pulsión ideológica, solo amor a España y voluntad de servicio.

Javier Tusell y Genoveva Queipo de Llano también publicaron su biografía de Alfonso XIII en 2003. Nos presentan una figura discutida, el rey polémico, a quien definen como indiscreto, frívolo y carente “de una idea global sobre hacia dónde debía contribuir a llevar a su país”[6], pero que tampoco se habría comportado de forma absolutista o clerical. Ponderan su patriotismo (auténtico para aquel momento), su modernidad en las formas monárquicas y su concepción liberal. Un liberalismo para nada demócrata, sino entendido como “poder político limitado y ejercicio de determinados derechos”[7], y que le impulsaba constantemente a adaptarse a los cambios en coherencia con dicha modernidad de carácter. Habría sido objeto de todo tipo de injustos reproches, pero en ultima instancia el fracaso de su reinado fue atribuible a la sociedad española, no a la corona. Respecto a su posición tras 1931, se equivocó al considerar el nuevo régimen como reversible. En un principio aceptó sus propios errores, con numerosos llamamientos a la concordia, pero el fervor antimonárquico y la vehemencia de las Cortes constituyentes republicanas radicalizaron su posición, unido a diversos sinsabores familiares y personales.  Si hay una constante del comportamiento del exrey durante su exilio fue la defensa de sus derechos personales, así como la necesidad de solicitar reparación por la injusticia que se le había hecho. Para ello no dudó en jugar a varias bandas, apoyándose en los monárquicos pero manteniendo constantemente las vías abiertas con los posibilistas y buscando una solución similar a la Restauración de 1876. Los autores creen que el Rey consideraba demasiado intransigentes a sus propios partidarios, pues entre los nuevos monárquicos (con actitudes radicalmente antiliberales) y los anteriores dinásticos mediaría un abismo ideológico. Para muchos de estos nuevos partidarios, Alfonso XIII representaba una figura anclada en el pasado, lo que les llevó a buscar su abdicación en la figura de su hijo, quién experimentaba “un mucho mayor impacto de las nuevas doctrinas antidemocráticas”[8], siendo un joven de “tan sólo veinte años, lo que puede contribuir a explicar una parte de su comportamiento inicial, sin duda muy influido por los más jóvenes dirigentes de la causa monárquica”[9]. Con diversos episodios, estas tensiones llegaron hasta 1941, si bien no deterioraron la relación paterno filial. El exrey también tuvo acercamientos al tradicionalismo, pero pese a ciertas declaraciones privadas, nunca manifestó públicamente el credo tradicionalista, ni dio el paso de cerrar un acuerdo concreto con los carlistas. También aquí se diferenciaría del heredero, quien si se manifestó públicamente en numerosas ocasiones a favor del credo más tradicionalista y conservador. Al iniciarse la contienda, ambos se identificaron con la causa nacional, más explícitamente Juan, pues Alfonso XIII sólo hizo explicita su adhesión con un telegrama en febrero de 1937. A lo largo de la contienda, el monarca dio “la sensación de haber perdido la conciencia de la realidad política”[10], si bien pronto descubrió la poca disposición de Franco para convertirse en impulsor de una restauración. Las felicitaciones, los despechos, las ilusiones y las decepciones se sucedieron en la familia real durante los siguientes años.  El final de la Guerra Civil y el comienzo de la mundial les acabaron convenciendo de la nula intención monárquica del nuevo régimen, pese a seguir ensalzándolo y mostrarse sumisos a sus requerimientos. La abdicación en Juan se produjo un mes antes del fallecimiento del exrey, momento que el pretendiente aprovechó para volver a manifestar su total adhesión al régimen victorioso.

También de 2003, centenario de su coronación, data el volumen Alfonso XIII, un político en el trono, donde varios especialistas ofrecen su visión sobre el monarca, que no sale precisamente bien parado, pues continuamente es definido como superficial, caprichoso, con un “carácter frívolo e intrigante”[11], dubitativo, indiscreto, entrometido y algo embustero. Se llega a afirmar que carecía de “un sólido pensamiento ni de una elaborada ideología, y más bien tendiera a la superficialidad y a la elementalidad en sus análisis”[12], reflejándose también su antiintelectualismo superficial e irreflexivo. Es habitual que todos estos autores se refieran constantemente a “su tendencia personal […] a manejar según su personal conveniencia varias alternativas políticas de forma simultánea, sin reparar en las contradicciones y las tensiones internas qué tal actitud pudiera generar”[13]. La imagen que obtenemos de Alfonso XIII es de un personaje orgulloso, egoísta a la hora de entender y establecer su papel, imprudente y condescendiente, con una “inteligencia viva, pero poco reflexiva”[14]. Respecto a su ideología, transitó “de un nacionalismo liberal con tintes regeneracionistas a un cierto nacionalcatolicismo militarista y reaccionario”[15]. Prácticamente todos los autores reflejan esta evolución, marcando 1917 como la frontera entre uno y otro. Si en sus primeros años encontramos a un joven rey imbuido de un cierto liberalismo regeneracionista, el rey adulto tomó claro partido apoyándose en aquellas instituciones y sectores sociales más conservadores y reaccionarios[16]. Todos reflejan su obsesión a partir de esta fecha por evitar cualquier peligro revolucionario que pudiera cernirse sobre España. También el final de la Gran Guerra acentuó su visión antiparlamentarista y su desconfianza hacia el propio régimen constitucional[17]. Así mismo, su concepción del devenir de España estuvo marcada por un regeneracionismo que ponía como gran objetivo la tarea de frenar la decadencia del país, incrementando el bienestar de sus habitantes, y recuperando su grandeza, sobre todo en el concierto internacional, y equiparando la misma al poderío militar y la expansión territorial.

Moreno Luzón firma un Estado de la Cuestión que nos detalla perfectamente la bibliografía anterior tanto en su tradición encomiástica como en la crítica, así como los principales debates académicos respecto a su figura. Ideológicamente estas controversias lo presentaron en un continuum que iría desde el “antiliberal, convencido o regeneracionistas con tentaciones autoritarias transitorias”[18], a su profundo patriotismo, y españolidad.

González Calleja firma el capítulo que nos habla del rey en el exilio, y quizá sea el que transmita la imagen más negativa del mismo. Nos sitúa ante un personaje orgulloso y mezquino, miserable con sus partidarios y su propia familia, preocupado únicamente por su legado y su futuro, incapaz de un gesto de grandeza que le solicitan desde todos lados. El supuesto fair play inicial del monarca fue un mito, constantemente manejó cualquier estrategia que conviniera a sus intereses más inmediatos, no solo en el terreno político sino también en el de la insurrección militar, manipulando y engañando a sus propios partidarios. Su modelo fue una reinstauración con los parámetros de la griega de aquel momento[19]. En un momento dado decidió que sus partidarios actuasen en tres frentes simultáneos, creando Renovación Española, apoyando a Acción Española y contribuyendo a diversas conspiraciones militares. Su continua negativa a abdicar habría echado por tierra los acercamientos con los tradicionalistas, enfurecido a buena parte de sus partidarios y deteriorado irremediablemente la imagen pública de la familia real. Desde el mismo inicio de la Guerra Civil se situó del lado sublevado (“es muy probable que conociera las líneas generales de la conspiración e incluso alentase a sus fieles a participar en la misma”[20]), la implicación de todos los miembros de la familia real fue directa, activa y entusiasta. Solo en diciembre de 1939 quedó despechado ante una dura carta de Franco que descartaba una posible reinstauración. “Su actitud ante la Guerra Mundial resultó tan errática como el resto de sus convicciones políticas”[21]. En definitiva, su actuación durante sus últimos años solo habría llevado a su marginación dentro del debate político planteado en el seno de las derechas autoritarias españolas de los años treinta. “El nuevo titular de los derechos dinásticos habría de defender por más de tres décadas el lamentable legado político de un rey al que, como dijo Azaña nadie le hubiera supuesto capaz de grandeza ni en su imaginación”[22]

Un ejemplo de la historiografía más crítica con la figura del monarca es la publicada por Gabriel Cardona en 2010. Según este autor durante su reinado, Alfonso XIII no hizo más que intentar recuperar y asumir plenamente las competencias máximas que le otorgaba la Constitución, tratando a toda la clase política como sus sirvientes. Se exilió convencido de que sus partidarios ganarían las siguientes elecciones y regresaría de inmediato. No respetó nunca la voluntad popular, “consideró que la República era fruto de una despreciable conspiración de masones, marxistas y separatistas que no merecían el menor respeto”[23], de modo que continuamente conspiró para derribar el nuevo régimen, abandonando los planteamientos del liberalismo y acercándose a los carlistas. Durante la guerra, “los insultos y las campañas antimonárquicas de los falangistas acabaron por crear un clima muy adverso para Alfonso XIII que Franco y Serrano Suñer permitieron porque les era propicio, decepcionando al antiguo rey, que hasta entonces, había considerado a Franco uno de los suyos”[24]. El exrey se habría acostumbrado a vivir en un círculo exclusivo, donde nunca pudo alcanzar una comprensión mínima de la realidad, “había asentado su trono sobre la fuerza de las espadas y las mismas espadas le impedirían recuperarlo”[25].

Terminamos refiriéndonos a dos ejemplos de hagiografías con “declaraciones” de Alfonso XIII, y con las que hay que tener especial cuidado por la parcialidad de sus autores y la evidente manipulación de las mismas que podemos constatar en ocasiones. La primera proviene del libro Don Juan que Carretero Novillo[26] publicó en noviembre de 1934. Contiene una amplia entrevista que el autor realiza a Alfonso XIII el 25 de Junio, y por la fecha de publicación, la ponderación de esta obra por los propios monárquicos o la ausencia de desmentidos por parte real es un documento de primer orden respecto a las opiniones del exrey y su posicionamiento respecto al régimen republicano. Además de la entrevista al Rey contiene las primeras declaraciones de Juan como heredero, así como una curiosa entrevista al entonces Conde de Covadonga. La segunda es la biografía que Cortes Cavanillas publicará en 1951, posteriormente rehecha en 1956 con el título de Alfonso XIII, Vida, Confesiones y Muerte. En ella detalla siete entrevistas entre 1933 y 1940 con el monarca y las declaraciones que éste realiza. Buena parte de la historiografía da por correctas y exactas las manifestaciones que refleja del monarca, pero creo que parte de ellas podrían estar manipuladas, dirigidas más al público del momento de la publicación que a reflejar fidedignamente las declaraciones del exrey. Así resultan completamente extemporáneas las profecías que el monarca realiza respecto al futuro de Hitler o Mussolini, la “cruzada” española contra las hordas rojas o incluso podemos dudar de la admiración que muestra a Falange (en junio del 35) “que están enfrentándose en campo abierto, con valentía y heroísmo, contra los criminales de Moscú”[27]. Pero hay numerosos momentos en que Alfonso XIII rememora su reinado o se enfrenta a las posiciones del autor, secretario entonces de las Juventudes de Renovación Española y fundador del Bloque Nacional, que nos ayudan a dotar de verosimilitud a las mismas.

Junto a toda esta bibliografía general sobre la figura de Alfonso XIII, debemos destacar alguna otra obra que recientemente ha estudiado aspectos concretos de su persona y reinado. Así, Morgan C. Hall[28] nos ofreció posiblemente el mejor estudio político, centrándose en el periodo que ejerció como monarca constitucional, hasta 1923. En 1986 Guillermo Gortazar analizó sus finanzas con una monografía que hasta fechas muy recientes[29] se ha considerado canónica en la materia. Juan Pando[30] investigó su labor durante la Gran Guerra y la creación de la oficina pro-cautivos en el Palacio Real. Por último, Miguel Platón publicó en 1998 el estudio más extenso que tenemos respecto a los años de exilio de Alfonso XIII[31].

[1] SECO SERRANO (2002) p. 10

[2] Ibidem p. 25

[3] Ibidem p. 11

[4] Ibidem p. 26

[5] Ibidem p. 12. Aquí Seco Serrano está citando a Raymond Carr.

[6] TUSELL, QUEIPO DE LLANO (2003) Posición 11688

[7] Ibidem Posición 11730

[8] Ibidem Posición 11359

[9] Ibidem Posición 11251

[10] Ibidem Posición 11445

[11] GONZÁLEZ CALLEJA, “El exrey”, en MORENO LUZÓN (2003) p. 420.

[12] GÓMEZ NAVARRO “El rey en la dictadura” en Ibidem p. 340. El autor reelabora aquí las tesis de su monografía de 1991, El Régimen de Primo de Rivera.

[13] GONZÁLEZ CALLEJA “El exrey” p. 413.

[14] NIÑO “El rey embajador. Alfonso XIII en la política internacional” en Ibidem p. 247.

[15] MORENO LUZÓN “Prologo” en Ibidem p.15.

[16] GONZÁLEZ CALLEJA “El exrey” en Ibidem p. 411, nos narra como “los sucesos acaecidos en España desde 1923 habían alejado el liberalismo y la democracia del entorno simbólico de la corona”. El ejército, la aristocracia y la iglesia fueron prácticamente los únicos sustentos de Alfonso XIII al final de su reinado.

[17] Son muy conocidas las declaraciones de Alfonso XIII al periodista francés Jérôme Tharaud, publicadas en 1925 y recogidas por GÓMEZ NAVARRO “El rey en la dictadura” en Ibidem p.339: “Hoy, el gran problema- aseguraba el monarca- es saber si el gobierno parlamentario tiene poder suficiente para defender el actual orden de cosas contra la idea soviética. Italia fue la primera en comprobar que no podía. España, a su vez, ha llegado a su propia conclusión. Quien sabe si otras naciones no se verán obligadas mañana a abandonar sus constituciones”.

[18] MORENO LUZÓN “El rey de papel. Textos y debates sobre Alfonso XIII” en Ibidem p. 57.

[19] La monarquía se abolió en Grecia en 1924 mediante un referéndum que dio paso a la Segunda República Helénica. Tras varios intentos de golpes militares y una enorme presión de los monárquicos, finalmente en 1935 se convocó un segundo referéndum. Tres semanas antes del mismo, Georgios Kondilis (un militar que destacó en un principio por su republicanismo) dio un golpe de estado promonárquico, consiguiendo que el plebiscito restaurara la monarquía con un 97% de los votos.

[20] GONZÁLEZ CALLEJA “El exrey” en Ibidem p. 432

[21] Ibidem p. 432

[22] Ibidem p. 435

[23] CARDONA (2010) p. 281

[24] Ibidem p. 301

[25] Ibidem p.304

[26] José María Carretero Novillo, el Caballero Audaz, fue un periodista muy popular entre la década de los años diez y los años cuarenta. Durante la República tuvo mucho éxito con una editorial propia donde publicó una veintena de libros políticos y de entrevistas, profundamente antirrepublicanos, en defensa de la monarquía y de las diferentes figuras conservadoras. Dos meses antes de las entrevistas que llevaron a su Don Juan, había publicado una ardiente defensa del exrey: Alfonso XIII ¿fue un buen Rey?, también polémica al incluir una foto del rey desnudo.

[27] CORTES CAVANILLAS (1956) p. 451

[28] HALL, M.C. Alfonso XIII y el ocaso de la monarquía liberal, 1902-1923. Madrid. Alianza Editorial. 2005.

[29] GORTÁZAR, G. Alfonso XIII, hombre de negocios: Persistencia del antiguo régimen, modernización económica y crisis política, 1902-1931. Madrid. Alianza Editorial. 1986. Posteriormente José María Zavala publicó El patrimonio de los Borbones: la sorprendente historia de la fortuna de Alfonso XIII y la herencia de Don Juan, Madrid. La esfera de los libros. 2010, donde refuta numerosas tesis de Gortázar, ofreciéndonos una imagen menos benévola del comportamiento y los usos de Alfonso XIII.

[30] PANDO DESPIERTO, J. Un rey para la esperanza. La España humanitaria de Alfonso XIII en la Gran Guerra. Madrid. Temas de hoy. 2002

[31] PLATÓN (1998)